Nada de mezquitas ni rezos islámicos en el centro mundial del catolicismo
Roma. — La Liga Norte, aliada del premier italiano, Silvio Berlusconi, busca limitar el crecimiento del islam en el centro mundial del catolicismo frenando la construcción de mezquitas a través de estrictas regulaciones. Los inmigrantes musulmanes que usan Italia como una ruta hacia Europa ya perciben la desconfianza con la que muchos europeos...

Jueves 25 de Septiembre de 2008

Roma. — La Liga Norte, aliada del premier italiano, Silvio Berlusconi, busca limitar el crecimiento del islam en el centro mundial del catolicismo frenando la construcción de mezquitas a través de estrictas regulaciones. Los inmigrantes musulmanes que usan Italia como una ruta hacia Europa ya perciben la desconfianza con la que muchos europeos ven a su religión, debido a que muchos proyectos de mezquitas fueron bloqueados por la oposición de residentes italianos locales.

Pero si la Liga Norte logra aprobar su ley en el Parlamento —donde la coalición de Berlusconi tiene fuerte mayoría— Italia pronto tendrá una nueva legislación que efectivamente bloquee la construcción de nuevas mezquitas. La Liga ha usado su control del Ministerio de Interior de Berlusconi, desde donde lo ayudó a volver al poder, para conseguir la aprobación de severas leyes contra los ilegales. Ahora ha volcado su atención a la religión de los recién llegados, envalentonados con sondeos que muestran que muchos italianos desconfían de los musulmanes y que un tercio de ellos no quiere una mezquita en su barrio.

No sólo los ilegales o recién llegados se sienten poco bienvenidos, sino también los residentes musulmanes instalados como Jihad Amor, quien dijo: "Hace 17 años que pago impuestos y todavía no me siento en casa".

Las protestas antimusulmanas de la Liga con frecuencia han llegado a los titulares, como cuando Roberto Calderoli, ahora un ministro de gabinete, paseó un cerdo sobre el emplazamiento propuesto para una mezquita para profanar el suelo o lució una camiseta del profeta Mahoma, causando disturbios en Libia. La Liga preside muchos ayuntamientos en el próspero norte, la patria que denomina Padania, que también es hogar de la mayoría de los inmigrantes italianos y de su más de un millón de musulmanes. Considerando que en Italia cada cuatro días se conceden permisos para una nueva mezquita, el legislador de la Liga y autor de la ley, Andrea Gibelli, dijo que las mezquitas no fomentan la integración y que "con frecuencia son lugares de adoctrinamiento cultural, vinculados con el terrorismo".

Bajo el argumento de que los musulmanes pueden "rezar en cualquier parte" y no necesitan de una mezquita, los aliados de Berlusconi han impedido a la comunidad islámica construir su propio lugar de adoración en la capital comercial de Italia, Milán. Se vieron obligados a instalar una mezquita provisoria fuera de un garaje transformado en velódromo, llevando a legisladores islámicos de Egipto a exigir sanciones contra Italia. Se negó la construcción de mezquitas en Venecia, Boloña, Trento y Treviso, entre otras localidades.

La ley prohibiría que se construyan mezquitas a menos de un kilómetro de una iglesia, obligaría a los imanes a hablar italiano, vincularía el tamaño del recinto al número de feligreses en la congregación y les prohibiría a los muecines usar altavoces para llamar a los fieles a rezar. Prohibiría los minaretes y, de modo crucial, les daría la última palabra a los residentes del lugar por medio de un referéndum, lo que significaría que no haya nuevas mezquitas en las zonas del norte dominadas por la Liga.

Isabella Fanicula, quien vive cerca de la mezquita itinerante de Milán, pregunta: "¿Por qué (los musulmanes) tienen que quedarse aquí en medio de toda la gente? Deberían irse, a algún lugar en el campo". Pero el destino de una mezquita en Colle Val D'Elsa, en la zona rural de la Toscana, retrasada por la feroz oposición de los lugareños, sugiere que las mezquitas construidas en zonas del interior tampoco prosperarán.