Lunes 30 de Junio de 2008
Harare.— El presidente de Zimbabwe, Robert Mugabe, que lleva 28 años en el poder, prestó juramento ayer para un sexto mandato, después de triunfar en unos comicios que fueron considerados una farsa a nivel mundial. El dictador, de 84 años, juramentó apenas horas después de que las autoridades anunciaron que él, el único candidato en una segunda ronda, había ganado con una ventaja abrumadora.
Mientras algunos dignatarios observaban la ceremonia en una carpa erigida en el complejo de la legislatura estatal, Mugabe se comprometió a respetar las leyes del país. Ahora buscará ser reconocido como nuevo presidente durante la reunión de los jefes de Estado y gobierno de la Unión Africana (UA) que se reunirán hoy y mañana en Egipto.
Mugabe consiguió el triunfo luego de que su rival, Morgan Tsvangirai, debió retirarse ante numerosos actos de violencia contra sus simpatizantes. Tsvangirai consiguió la mayoría en la primera ronda, en marzo, pero no obtuvo los suficientes votos para asegurarse la victoria indiscutida.
Los resultados de ocho de las diez provincias de Zimbabwe otorgaron a Mugabe una "ventaja indisputable", dijo la televisión estatal. Los resultados también indicaron una baja concurrencia a las urnas y muchas boletas de votación pintarrajeadas, o con datos incorrectos, aparentemente como acto de protesta.
Por ejemplo, en Bulawayo, los resultados oficiales indicaron que Mugabe había recibido 21.127 sufragios y Tsvangirai 13.291, pese a que se retiró de la contienda. Otros 9.166 votos resultaron invalidados. Bulawayo, la segunda ciudad de Zimbabwe, es un bastión de la oposición.
Mientras los observadores africanos criticaron la votación que no consideraron ni libre ni justa, se multiplicaron los llamamientos internacionales a agudizar las sanciones y a enviar una tropa de paz de la ONU.
Sólo críticas. El presidente estadounidense, George W. Bush, anunció que agudizaría las sanciones bilaterales y exigió pasos decididos a la ONU, como un embargo de armas. También habló de "elecciones falsificadas" y de una "flagrante violación de la voluntad del pueblo zimbabwense". La canciller alemana, Angela Merkel, se unió a las críticas y habló de una "farsa", además de reclamar sanciones.
Mientras tanto, el arzobispo sudafricano Desmond Tutu, premio Nobel de la Paz, se declaró ayer a favor del envío de una fuerza de pacificación de la ONU al país, y exigió a la UA que Mugabe no sea reconocido más como presidente legal.
La condena general del proceso electoral sigue a una sangrienta campaña en la cual 86 personas murieron y unas 200.000 fueron expulsadas de sus hogares. También se reportó que ha habido víctimas golpeadas durante horas y cuerpos mutilados. Cuando el gobierno no encontraba a los que consideraba traidores, los que eran atacados eran sus padres o hermanos.