El Mundo

Moro, el juez que puso en jaque a la tradición de impunidad de los poderosos

El jurista, desconocido hasta hace unos años, comanda desde 2014 las principales investigaciones de la megacausa "Lava Jato"

Sábado 07 de Abril de 2018

Mientras la clase política brasileña se hunde en el descrédito por sus escándalos de corrupción, el juez de provincias Sérgio Moro es celebrado por muchos como justiciero y héroe de la lucha contra la impunidad en el país sudamericano. Moro, magistrado de primera instancia en un tribunal federal de Curitiba, en el sur de Brasil, se convirtió en el gran antagonista del ex presidente Lula da Silva, al que ordenó entregarse a la policía para cumplir una pena de 12 años de cárcel por corrupción. El juez, desconocido hasta hace algunos años, comanda desde 2014 las principales investigaciones de la megacausa "Lava Jato" (Lavado de autos). Bautizada así por un local de ese tipo en Brasilia donde empezaron las investigaciones, la operación ha puesto en jaque a gran parte de las élites políticas y empresarias.

   Celebrado sobre todo por las clases altas y odiado por los seguidores de izquierda de Lula, el jurista, cercano a círculos conservadores, tiene fama de ser implacable y de no tener miedo a sentar a los poderosos en el banquillo de los acusados. Su objetivo más grande es hasta ahora Lula. Ambos encarnan dos realidades muy distintas del gigante sudamericano: Moro proviene de la clase media blanca del sureño estado de Paraná, una de las zonas más ricas de Brasil y tradicionalmente de derecha. El jurista de 45 años y de voz pausada es reacio a los focos públicos, a diferencia del carismático Lula, nacido como hijo de campesinos en el empobrecido noreste brasileño, y un ex obrero metalúrgico de 72 años que llegó a ser presidente entre 2003 y 2010. "No tengo ninguna desavenencia personal con el señor ex presidente", le aseguró Moro a Lula en 2017, cuando el juez sometió al ex jefe de Estado por primera vez a un interrogatorio durante varias horas. "Va a ser tratado con el máximo respeto, como cualquier acusado", agregó el juez.

Antagonismos

El interrogatorio al que lo sometió ese mes mayo de 2017 fue una confrontación entre dos universos que en Brasil parecen totalmente ajenos entre sí: el que está saturado por la corrupción y el que está indignado por la miseria. "Señor presidente, quiero dejar claro que pese a algunas versiones, no existe de mi parte ninguna desavenencia personal con usted. El desenlace del juicio provendrá de las pruebas y de la ley", recalcó antes de iniciar el interrogatorio del fundador del Partido de los Trabajadores (PT). Cuando le preguntó si se siente responsable por la red de sobornos que se desveló en Petrobras, Lula repuso: "Doctor Moro ¿Se siente usted responsable de que la Operación Lava Jato destruyera la industria de la construcción civil? ¿Se siente responsable por las (centenas de miles) personas que perdieron sus empleos en el sector del petróleo y el gas y de la construcción civil?".

   Que el magistrado sea alguna vez candidato presidencial como piden sus seguidores parece improbable. Para muchos observadores, sus méritos consisten en contribuir a luchar contra la larga tradición de impunidad para los poderosos que cometen delitos y por poner en la mira la promiscuidad entre el empresariado y la alta política como forma de gobernar en Brasil. "República de Curitiba" llaman sus simpatizantes al reino imaginario de Moro. Curitiba, la capital paranaense, ubicada a casi 1.400 kilómetros de Brasilia, es sede de los principales procesos de "Lava Jato". El juez, sin embargo, es también objeto de críticas. Entre las últimas destacan las que lo acusan de emplear métodos demasiado duros e incluso arbitrarios. En marzo de 2016, cuando estalló el escándalo en torno a Lula, Moro ordenó la conducción coercitiva del ex mandatario a declarar a un tribunal, que desembocó en una detención de varias horas que dio la vuelta al mundo. Los abogados de Lula acusaron al juez de "abuso de autoridad" por una medida que calificaron de excesiva.

   Moro ordenó la detención "sin que hubiera resistencia o falta por no haber atendido a una citación", protestó Cristiano Zanin Martins. El abogado también se quejó por la publicación, autorizada por Moro, de una conversación telefónica privada entre Lula y su sucesora Dilma Rousseff, que había sido interceptada por orden judicial. "Se publicó todo como se ha hecho en otros procesos", se justificó Moro en una de las raras entrevistas que ha concedido. La Corte Suprema criticó luego la medida y excluyó el uso de la grabación como prueba en los juicios contra Lula.

   Lula acusa a Moro de ser un "inquisidor" que representa los intereses de las élites que quieren evitar por todos los medios un regreso de la izquierda y el Partido de los Trabajadores (PT) al poder. El juez niega que sus decisiones tengan un trasfondo político. Su esposa, que administra una página de Facebook dedicada al juez y que tiene más de un 1,6 millón de seguidores, le hace a veces un flaco favor a la imagen de imparcialidad de Moro. Además de criticar a Lula y defender la lucha contra la corrupción, la abogada Rosangela Wolff publica a menudo posteos en los que fustiga al PT y elogia políticas conservadoras, entre ellas algunas de la administración de Donald Trump en EEUU.

Sin rejas, con baño y aislada: así es la celda que espera en Curitiba al ex presidente

La Policía Federal en Curitiba, en el sur de Brasil, preparó una celda especial para recibir a Luiz Inácio Lula da Silva, que tendrá baño privado y derecho a dos horas diarias de aire libre. "Es una sala simple, vacía, sólo tiene una cama, mesa, silla y acceso a un baño, nada más. Es lo más simple posible, pero estará separado de los demás" presidiarios, dijo el comisario Igor Romario.

   La habitación, que no tiene rejas, era utilizada para alojar a policías de otros Estados o a abogados que precisaban pernoctar en la sede judicial, pero a lo largo de las últimas dos semanas fue adaptada para acoger eventualmente a quien sería el preso más célebre de la operación "Lava Jato". En comparación con las condiciones degradantes de los presidios a lo largo y ancho del país, la celda puede considerarse un lujo. La sala es "bastante humanizada, bastante tranquila, un ambiente agradable, pero nada especial", añadió por su parte Jorge Chastalo, jefe del equipo de custodia de la sede policial. Lula tendrá derecho a una visita semanal de familiares cercanos y durante dos horas al día podrá tomar "baños de sol", es decir, recreos al aire libre. De acuerdo con el diario O Estado de Sao Paulo, la habitación tiene unos 15 metros cuadrados y ducha de agua caliente.

Placa con su nombre

El edificio que alojará al ex presidente —al menos durante el inicio de sus días preso— fue inaugurado bajo su segundo mandato, en febrero de 2007. Una placa conmemorativa en la entrada del penal destaca su nombre en letras doradas, junto al de otras autoridades de la época. Por las cárceles de Curitiba, apodada "Capital de Lava Jato", pasaron la mayoría de los "peces gordos" que cayeron en la red del juez Moro, como el empresario Marcelo Odebrecht, el ex ministro de Hacienda de Lula, Antonio Palocci, o el ex jefe conservador de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha.

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