El Mundo

México va a elecciones con los niveles de violencia más altos en 20 años

Ninguno de los candidatos que el domingo buscará la presidencia dijo cómo afrontará el problema. El 2018 podría finalizar con más de 30.000 asesinatos.

Jueves 28 de Junio de 2018

Francisco, el único hijo de Dominga García, estaba a punto de terminar una maestría en psicología. Tenía 36 años y ahora le tocaba a él a ayudar a su familia, para intentar sacarla del empobrecido barrio donde vivían en una de las laderas que rodean el famoso puerto de Acapulco. Arturo, el hijo de 19 años de Elisa Ceballos, estaba en su primer año de universidad. Estudiaba electromecánica y era la "única esperanza" de futuro para su madre. Ambos fueron asesinados. Una familia optó por el silencio para garantizar su seguridad. La otra exigió justicia y, debido a eso, tuvo que dejar su casa y su negocio.

Las pocas alternativas posibles para las víctimas demuestran la complejidad que se vive en muchas partes de México cuando está a punto de acabar el mandato del presidente Enrique Peña Nieto, un sexenio en el que los ciudadanos parecen haber aprendido que su gobierno no les dará ni seguridad ni justicia.

El país podría concluir 2018 con más de 30.000 asesinatos, lo que convertiría este año en el más letal en al menos dos décadas. Pero más desesperanzador que las cifras, es la falta de soluciones. El domingo los mexicanos elegirán a un nuevo presidente que heredará el problema, pero ninguno de los cuatro candidatos aclaró cómo afrontará un rompecabezas que está sin solución durante dos presidencias. Y en pocos lugares de México este problema se vive de forma tan descarnada como en Acapulco. El puerto que a mediados del siglo pasado era el paraíso de los más glamorosos actores de Hollywood se convirtió en una pesadilla desde que el ex presidente Felipe Calderón inició su guerra frontal contra el crimen organizado en 2006. La violencia entonces comenzó a crecer y la ciudad parece inmersa en una espiral de muerte que parece no tener fin.

Las cifras oficiales hablan de 834 homicidios el año pasado solo en esta ciudad del Estado sureño de Guerrero donde, en total, fueron asesinadas 2.530 personas y donde todavía sigue impune y sin aclarar la desaparición de 43 estudiantes de magisterio en 2014, un caso en el que estuvieron implicadas autoridades locales, policías y posiblemente también el ejército. "Cambió las vidas de muchas personas aquí en el Estado", dice Francisco Ramírez, el esposo de García. A su hijo Paco, lo mataron en diciembre. Su cuerpo fue hallado en una fosa clandestina con otros tres cadáveres dos semanas después de su desaparición. Sus padres nunca presionaron para que hubiera una investigación, nunca preguntaron quién era el responsable. Paco no estaba involucrado en actividades criminales, según sus padres. Era un administrador universitario que trabajó como voluntario con jóvenes en situación de riesgo. El asesino limpió su cuenta bancaria justo cuando el joven acababa de recibir el aguinaldo navideño. Por eso García cree que el móvil pudo ser el robo. Pero preguntar mucho puede ser peligroso. La familia tiene que velar por la seguridad de los que todavía viven, sus otros hijos y nietos. "Lo que quería era el cuerpo de mi hijo", dice la mujer. Lo logró, y por eso se considera una afortunada en medio de tantas familias que nunca vuelven a saber de los suyos.

García cree que la lucha frontal contra el crimen solo sirvió para aumentar el derramamiento de sangre. "Tiene que haber uno que traiga la paz", desea. "Que haya paz, que haya dialogo, para que pueda haber reconciliación". Sus palabras traen a la mente las propuestas del candidato favorito en estas elecciones, Andrés Manuel López Obrador, el izquierdista que aboga por las soluciones sociales contra la violencia en lugar del militarismo y quien se atrevió a plantear la posibilidad de conceder una amnistía a ciertos criminales. Ella no habla sobre el candidato, pero un afiche del partido de López Obrador, Morena, adorna la puerta que pusieron tras el asesinato de Paco donde antes solo había una cortina.

Secuestros y extorsiones

Muy cerca de allí, en una de las calles estrechas y empinadas de ese barrio, Laura Caballero, candidata a diputada por el Partido del Trabajo, un aliado de Morena, habla con los vecinos como parte de su campaña electoral. Hace tres años, Caballero tuvo que cerrar su restaurante, uno de los negocios que había tenido por cuatro décadas en la avenida más turística de la ciudad, debido a las extorsiones que sufría. La semana previa, un hombre que intentó esconderse de sus perseguidores en el edificio de al lado de ese restaurante fue baleado. Recordar todo eso enfurece a Caballero, que rechaza la respuesta militarizada que se da al crimen en Acapulco, una ciudad donde ya es habitual que efectivos de la Marina patrullen la avenida costera con uniforme y armados hasta los dientes mientras los turistas pasean junto a la playa en bañador. "Esta es una guerra que no se va a combatir con otra guerra", asegura. A su juicio, la ola de crímenes de los últimos años es un problema social que debe atajarse con más oportunidades para los jóvenes, más opciones para que estudien y más deporte. "Que nos dejen vivir en paz", suplica. Ahora Caballero habla abiertamente de negociar con el crimen organizado para reducir el derramamiento de sangre, una opción impensable para ella hace una década. "Las circunstancias nos han obligado". Edgardo Buscaglia, un experto en crimen organizado e investigador de la universidad de Columbia, considera que ese enfoque es una opción desfasada, propia de cuando el Partido Revolucionario Institucional (PRI) controlaba el país gracias a ese tipo de alianzas. "El futuro de México debe acercarse más a Colombia, a Italia, las mejores prácticas de países que lograron controlar la situación a través de instituciones judiciales", afirma.

Pero los candidatos no parecen estar a la altura de las circunstancias para este académico, que ironiza sobre las propuestas que pusieron sobre la mesa para atajar el mayor problema del país. "Uno hablando de amnistía y el otro de cortarles las manos a la gente", afirmó en alusión al aspirante independiente Jaime Rodríguez, el último en los sondeos y que ofreció esa contundente acción como vía para acabar con la corrupción. Al día siguiente de que Rodríguez, conocido como "El Bronco" pronunciara esas palabras, se halló un cuerpo desmembrado en Acapulco con una nota: "Ya lo dijo el Bronco. Cortarle las manos a los «lacrosos» que roban". Ninguno de los otros dos candidatos presidenciales, ni el conservador Ricardo Anaya, líder de una coalición de izquierda y derecha, ni el oficialista José Antonio Meade, del PRI, plantearon una iniciativa que suponga un cambio significativo a la estrategia actual. "Hay un vacío de propuestas", lamenta Buscaglia.

Las palabras del Bronco traen duros recuerdos para muchas familias en Acapulco. Arturo, el hijo de Ceballos, fue secuestrado por sus compañeros universitarios en enero de 2013. Ella pagó el rescate pero no valió de nada. Dos días después, el cuerpo de Arturo se encontró tirado en una calle y con signos de tortura. Todo apunta a que Arturo fue la última víctima de una banda de secuestradores que mató a 39 personas en Acapulco. Los secuestradores se hacían pasar por amigos de las familias y así conocían su capacidad económica. Una vez cobrado el rescate, los mataban. Pero a diferencia de Dominga García, Ceballos no se cruzó de brazos. "Cuando encuentro a mi hijo muerto, decidí: «Bueno, voy a llegar hasta las últimas y quiero saber quiénes fueron»".

Ceballos se cruzó con los secuestradores de su hijo en múltiples ocasiones y llevó a los investigadores hasta la casa de una joven que lo había invitado a salir el día que desapareció. Asegura que las autoridades cuentan con la confesión de esa mujer y videograbaciones sacadas de sus celulares que muestran las últimas horas de las víctimas. "Tuve que reconocer el video donde tienen amarrado a mi hijo, donde lo tienen con una cinta en la boca, donde lo tienen vendado y donde lo están golpeando, lo están torturando", recuerda la mujer con el dolor todavía presente. Sin embargo, más de tres años después, ninguno de los detenidos en el caso ha sido condenado. Hace un año, Ceballos tuvo que huir con sus otros hijos cuando uno de los sospechosos fue liberado y, poco después, fue asesinado el padre de otra víctima que presionaba para que la investigación prosperara. Asegura que algunos de los acusados por la muerte de su hijo la amenazaron y tiene una cosa clara: si salen libres, se tomará la justicia por cuenta propia. "Compraría un arma y haría el intento de acabar con dos o tres", dice. "A eso me obligan las autoridades, no porque yo lo quiera hacer, pero me obligan a ser una asesina igual que ellos".


López Obrador

Andrés Manuel López Obrador está afianzado en el primer lugar de las encuestas con alrededor del 50 por ciento de intención de voto para las elecciones del domingo. Con 64 años y de centroizquierda, tiene una ventaja que en algunos casos supera los 30 puntos porcentuales frente su seguidor inmediato, el centroderechista Ricardo Anaya.

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