El Mundo

Merkel y Macron rubrican otro capítulo de la reconciliación

La canciller germana y el presidente francés protagonizan una histórica reunión en Compiègne, donde se puso fin al primer conflicto bélico mundial

Domingo 11 de Noviembre de 2018

En un gesto histórico, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, y la canciller alemana, Angela Merkel, visitaron ayer Compiégne, donde se firmó el armisticio que puso fin hace un siglo a la Primera Guerra Mundial. Merkel le agradeció a Macron por su invitación a Compiégne, en el norte de Francia. Esta fue la primera vez desde la fundación de la República Federal de Alemania que un canciller alemán estuvo con un presidente francés en ese lugar, manifestó la líder política germana en París. Se trató de "un gesto simbólico de reconciliación", apuntó Merkel. "En este sentido éste no es solo un día recordatorio, sino también de estímulo", opinó.

   Ambos mandatarios descubrieron ayer cerca de Compiégne dos nuevas placas que subrayan la importancia de la reconciliación francogermana al servicio de Europa y de la paz. En la devastadora guerra entre 1914 y 1918 murieron casi nueve millones de soldados y más de seis millones de civiles. Actualmente existe la voluntad de "hacer todo por lograr un orden más pacífico del mundo", dijo Merkel. Sin embargo, aseveró, aún debe trabajarse mucho al respecto.

   Previamente Macron se reunió en el Palacio del Elíseo de París con el presidente estadounidense, Donald Trump, y apoyó su exigencia de un mayor compromiso de Europa en la Otán. "Es injusto que la seguridad europea sea proporcionada hoy en día por Estados Unidos. Por eso creo que necesitamos más capacidades, más defensa europea", señaló. También Trump reiteró sus exigencias de un reparto de gastos más justos dentro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, señalando que hasta ahora la carga la asume sobre todo Washington.

   Merkel y Macron se reunieron en el lugar conmemorativo cerca de Compiègne. En el claro del bosque se encuentra desde los años 20 una gran placa de granito con una inscripción en francés: "Aquí fue derrotada el 11 de noviembre de 1918 la arrogancia criminal del Reich alemán, vencido por pueblos libres a los que había reclamado sometimiento". Los dos mandatarios ingresaron a una réplica del vagón donde se firmó el Armisticio de 1918 y colocaron sus nombres en un libro de visitas.

La historia del vagón

Desconcertados turistas le preguntan a Bernard Letemps, curador del Museo del Armisticio, por qué los aliados firmaron el cese al fuego de 1918 en el bosque de Compiègne y no en un gran cuartel militar o en un fastuoso palacio. En esa época, los cuarteles generales del comandante aliado de Senlis, el mariscal francés Ferdinand Foch, hubieran sido el sitio más lógico para la firma del cese al fuego. Pero la ciudad había sufrido un brutal ataque alemán. Sus habitantes fueron tomados como rehenes y su alcalde fue ejecutado en septiembre de 1914, antes de la primera Batalla del Marne. Hubiera podido pasar cualquier cosa si se presentaba una delegación alemana, por más que fuera para sellar la paz.

   Se decidió que un vagón estacionado en un bosque cercano a Compiègne era el sitio ideal: Un paraje aislado sin posibles intrusos, en un ambiente de paz y discreción que reflejaban respeto por los derrotados. Pero resultó que Foch había instalado una oficina móvil un mes antes en un vagón comedor de un tren de pasajeros elegido al azar. Fue así que el vagón 2419D pasó a ser conocido como el "Vagón de Compiegne", que no terminó allí.

   Para mucha gente pasó a ser un símbolo de paz y de catarsis. El vagón fue llevado a París y exhibido en los jardines de Les Invalides, donde descansan los restos de Napoleón. En 1927 regresó a Compiègne y fue ubicado en el sitio que ocupa hoy el museo. Para Adolf Hitler, en tanto, pasó a ser un símbolo de la humillación que representaron los términos de la rendición alemana en el 18. El líder nazi visitó el sitio en 1940, cuando sus soldados conquistaron Francia durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Y dispuso que la rendición francesa se firmase en el mismo lugar donde se firmó la capitulación alemana. Posteriormente, el dictador nazi ordenó que el vagón fuera trasladado a Alemania y exhibido en la catedral de Berlín, como un trofeo de guerra. El vagón fue destruido al final de la Segunda Guerra Mundial (1945), aunque no se conocen las circunstancias, si por los alemanes o en un bombardeo de los aliados. En 1950, la empresa francesa que fabricó el vagón, la Wagons-Lits, que tenía a su cargo el famoso Expreso del Oriente, donó al museo un vagón muy parecido con asientos de cuero, el 2439D, el cual se encuentra junto a lo que queda del original: unos pocos pedazos de decoraciones de bronce y dos rampas de acceso.

   Merkel fue ayer la primera canciller alemana en 78 años que visita al bosque donde se puso fin al primer conflicto bélico mundial. Su encuentro con Macron fue parecido al que sostuvieron el canciller alemán Helmut Kohl, y el presidente francés François Mitterrand en un osario cerca de Verdun en 1984.

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