El Mundo

"Me esperaba el mismo destino"

Domingo 21 de Octubre de 2018

El Cairo, fines de septiembre. En un día seco y polvoriento cerca del desierto se produce un encuentro secreto en un hotel de la capital egipcia. Representantes de la embajada de Arabia Saudita se pasean con un "cheque de varios millones" por el lobby y hablan con un familiar del príncipe Jalid bin Farhan al Saud para hacerle una oferta al disidente, que reside en Alemania. "Le dijeron a mi pariente que querían ayudarme porque yo ya no tenía dinero. Solamente tenía que recoger el cheque en la embajada saudita en Egipto", relata Jalid. "Pero yo sabía que era una trampa". Pocos días más tarde, el 2 de octubre, desaparece en el consulado saudita en Estambul el periodista crítico Jamal Khashoggi.

El príncipe Jalid bin Farhan está convencido de que a él le esperaba el mismo destino que a Khashoggi si hubiese ido a la embajada saudita en El Cairo. "Me habrían matado de alguna manera inhumana para asustar a otros", dice este hombre de 41 años que se distanció de la familia real y que vive exiliado desde 2004 en Alemania, donde se nacionalizó. El reino petrolero tiene en la mira a Jalid desde el año pasado cuando contactó a las autoridades alemanas para tratar de agotar las posibilidades de una extradición. Alemania no respondió a la solicitud.

La BBC británica documentó el año pasado tres casos en los que desaparecieron príncipes disidentes en el exilio de la muy diversificada familia real saudita: Sultan bin Turki estaba en enero de 2016 en París cuando quiso visitar a su padre a El Cairo. El consulado saudita le ofreció un jet privado para trasladarlo hasta allí, pero en vez de ello lo llevó a Riad. Otros dos príncipes, Turki bin Bandar y Saud bin Saif al Nasr, desaparecieron sin dejar rastro en Europa. También en estos casos hay indicios de secuestro.

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