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Más de un millón y medio de brasileños salieron a reclamar un juicio político contra Dilma

También rechazaron la corrupción y algunos pidieron intervención militar. Hubo manifestaciones en 16 Estados, pero la mayor concurrencia se dio en San Pablo. La convocatoria en Rio de Janeiro superó las expectativas de los organizadores.

Domingo 15 de Marzo de 2015

Miles de personas marcharon hoy contra el gobierno de Brasil en varias ciudades del país bajo la premisa de rechazar la corrupción y el rumbo económico, y un sector más radical en demanda de un juicio político a Dilma Rousseff e incluso la intervención militar, tras la marcha del viernes en la que movimientos sociales, estudiantiles y sindicatos le dieron respaldo a la presidenta.

Las protestas de hoy fueron convocadas por diferentes sectores que reclamaron cambios en la política económica, mientras que otros se quejaron por el escándalo de denuncias de corrupción que salpica a Petrobras e incluso grupos más radicales demandaron el juicio político de la mandataria y la “ayuda” de las Fuerzas Armadas.

Tras culminar las marchas en todo el país, el gobierno mediante una conferencia de prensa del ministro de Justicia, José Eduardo Cardozo, señaló que la presidenta dictará “en los próximos días” un conjunto de "medidas de combate a la corrupción“, en respuesta a las protestas que llevaron hoy a las calles a más de un millón y medio de personas.

“El gobierno está atento y dispuesto, como siempre estuvo, a escuchar la voz de las calles”, aseveró Cardozo, quien afirmó que el punto común de la protesta de hoy y la manifestación de sindicatos de “apoyo crítico” a Rousseff realizada el viernes pasado es la exigencia de combatir la corrupción.

Las manifestaciones se dieron durante todo el día en Brasilia, el Distrito Federal, y 16 Estados: Alagoas, Amazonas, Bahia, Ceará, Goiás, Maranhão, Minas Gerais, Mato Grosso do Sul, Pará, Pernambuco, Paraná, Rio de Janeiro, Santa Catarina, Sergipe, São Paulo e Tocantins.

Pero la marcha más multitudinaria se realizó por la tarde en la ciudad de San Pablo, donde la oposición obtuvo sus mejores resultados en las elecciones. En la Avenida Paulista, la Polícia Militar (PM) calculó la presencia de al menos un millón de brasileños, mientras que la medidora Datafolha estimó unas 240 mil personas.

“Fuera PT“, ”el PT robó“ y ”PT nunca más“ fueron algunos de los cánticos cantados en repetidas veces por los manifestantes vestidos en su gran mayoría de amarillo y verde, colores de la bandera brasileña, mientras que un sector más radical presentó carteles pidiendo la destitución de la presidenta.

En esa línea, en San Pablo y también en Río de Janeiro pequeños grupos exigieron incluso una “intervención militar” para deponer a Rousseff, coincidiendo hoy con el trigésimo aniversario de la investidura de José Sarney, primer jefe del Estado después de una dictadura militar que se prolongó por 21 años, de 1964 a 1985.

Uno de esos pequeños grupos es la organización “Intervenção Já, O Povo pede SOS as FFAA” (Intervención Ya, El Pueblo pide Ayuda a las Fuerzas Armadas), que mostró mediante pancartas su pedido de destitución de la mandataria y de la intervención de las Fuerzas Armadas, y otro en Rio de Janeiro, que llevó a la playa de Copacabana un jeep pintado de camuflaje, con un maniquí vestido de soldado, que fue recibido con aplausos por varios participantes de la marcha.

Las manifestaciones fueron convocadas días atrás por ciudadanos descontentos mediante redes sociales que no se identificaron con ningún partido político, pero las principales fuerzas de la oposición manifestaron el respaldo a las mismas, aunque espacios como el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) se apartaron de la petición específica del juicio político.

El ex candidato Aécio Neves, que no salió a la calle, difundió un mensaje a través de internet en el que animó a los brasileños a “no dispersarse” puesto que consideró que “el camino sólo está comenzando a ser andado”.

En Río de Janeiro la manifestación comenzó a la mañana y también superó las expectativas de público de los organizadores, al reunir más de 25 mil personas. Según la PM corearon consignas contra Rousseff y el oficialista Partido de los Trabajadores (PT) y en rechazo de la corrupción.

De acuerdo a la prensa local, la mayoría de los manifestantes fueron ciudadanos de clase media y alta, un grupo que en las elecciones del pasado octubre votó en masa a la oposición.

En Brasilia unas 50 mil personas marcharon hasta las inmediaciones del Congreso, que fue acordonado por la policía para evitar que, como ocurrió durante las protestas de 2013, la población se subiera a las cúpulas.

La jornada fue pacífica y tan sólo se registraron algunos incidentes menores atajados por la policía. En San Pablo la policía arrestó a jóvenes que portaban artefactos pirotécnicos, mientras que, según fuentes del PT, una sede del partido fue atacada con un cóctel molotov y provocó un incendio.

Las protestas respondieron luego de que el viernes pasado, miles de personas también se manifestaran convocados por movimientos sociales y sindicatos, con consignas tales como “Fuera golpistas”, “La corrupción se enfrenta con la reforma política” y “Petrobras es del pueblo”.

Rousseff admitió el martes pasado que la economía brasileña atraviesa una situación “difícil” y que su gobierno está “haciendo todo el esfuerzo” para que a fin de año aparezcan señales de recuperación.

Por otra parte, cerca de 50 legisladores son investigados por el desvío de fondos de Petrobras y, este caso y el deterioro de la economía, han contribuido para erosionar la popularidad de Rousseff.

“Estamos abiertos a escuchar propuestas, tanto de los que defienden al gobierno como de los que lo critican”, expresó el ministro esta noche al realizar un balance de la jornada de protestas.

A su vez, el jefe de la Secretaría General de la Presidencia, Miguel Rossetto, sostuvo que los actos de hoy reflejan al sector de la sociedad que se opone al gobierno del PT y que apoyó en las últimas urnas Neves. “Creemos que los manifestantes fueron mayoritariamente electores que no votaron a Rousseff, lo que es legítimo. Lo que no es legítimo es el golpismo”, expresó Rossetto.

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