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Lula vuelve al poder con la reforma ministerial anunciada por Rousseff

El regreso de Lula a la "cocina" del poder en Brasilia se enmarca en una nueva ola de rumores sobre su disposición a disputar las elecciones presidenciales de 2018.  

Domingo 04 de Octubre de 2015

En medio de una nueva ola de rumores sobre su intención de postularse para volver a disputar la presidencia de Brasil en 2018, el ex presidente Luiz Inacio Lula da Silva recuperó por estas horas el terreno que su sector dentro del Partido de los Trabajadores (PT) había perdido en el gabinete de Dilma Rousseff. El nuevo diseño ministerial, anunciado el viernes último por la mandataria, vuelve a tener en su "núcleo duro" a asesores y políticos cercanos al fundador del PT, que había sufrido algunas "derrotas" a comienzos de año, cuando Rousseff armó el primer gabinete de su segundo gobierno, iniciado en enero.

Por esa época, Rousseff sacó de los cargos más altos a Gilberto Carvalho y Ricardo Berzoini, que comandaban la Secretaría General de la Presidencia y la de Relaciones Institucionales, respectivamente. Ambos integran la principal corriente interna del PT, Construyendo un Nuevo Brasil (CNB), liderada por Lula.

En su momento, Carvalho y Berzoini fueron sustituidos por hombres de confianza de Rouseff: Miguel Rossetto y Pepe Vargas, que no obstante acabaron perdiendo esos cargos por problemas puntuales.

Gabinete lulista. En la reforma anunciada el viernes, tres de los cinco principales ministros del gabinete son "lulistas": Jaques Wagner, quien comandará el Gabinete Civil de la Presidencia; Berzoini, quien dirigirá la nueva Secretaría de Gobierno; y Edinho Silva, quien permanecerá al frente de la Secretaría de Comunicación Social. "El grupo vinculado al ex presidente Lula volverá al centro de las decisiones del gobierno Dilma Rousseff gracias a la reforma ministerial", sostuvo el analista del diario O Globo André Coelho.

El símbolo del regreso del "lulismo" al poder es la designación de Wagner como nuevo "primer ministro", en el lugar de Aloizio Mercadante, el hombre de mayor confianza de Rousseff. La salida de Mercadante, quien reasumirá la cartera de Educación, responde a presiones de Lula, el PT y el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), el principal socio del la coalición oficialista. "Mercadante era el brazo derecho de Dilma y su transferencia del Gabinete Civil a Educación es una suerte de refundación del gobierno en medio de una crisis política y la amenaza de «impeachment» (juicio político) que sobrevuela el Planalto (Presidencia), sostiene Coelho.

Benzoini, ex presidente del PT, regresa a su vez al corazón del Palacio del Planalto como nuevo articulador político del gobierno y concentrando funciones de las extintas carteras de Relaciones Institucionales, Secretaría General y Seguridad Institucional.

Lanzando el anzuelo. El regreso de Lula a la "cocina" del poder en Brasilia se enmarca en una nueva ola de rumores sobre su disposición a disputar las elecciones presidenciales de 2018. De nuevo, sus fieles seguidores, que son los mayores opositores a Rousseff, han lanzado el anzuelo de su posible candidatura presidencial en tres años. Según indicó la siempre bien informada columnista del diario Folha de Sao Paulo, Mónica Bergamo, Lula estudia la posibilidad de colocarse de manera clara y explícita como precandidato a la presidencia, y ya discutió el asunto con otros líderes peteístas.

Un primer paso en tal sentido, según la analista, fue dado por el propio ex mandatario en agosto, cuando en entrevista a una radio afirmó: "Si es necesario, voy a la disputa (electoral).

Lula presidió el país entre 2003 y 2010 y dejó la presidencia en manos de su delfín, Rousseff, con altísimos niveles de popularidad (80 por ciento). No obstante, al declive del gobierno de su sucesora, que ostenta solo un 10 por ciento de respaldo popular, según una encuesta divulgada esta semana, se suman denuncias de que el carismático ex dirigente sindical habría cometido tráfico internacional de influencias en favor de una constructora implicada en el escándalo de corrupción en la petrolera estatal Petrobras.

La necesidad de pactar con el centrismo en un futuro gobierno

En su hipotética nueva presidencia en 2018, Lula sabe que para poder gobernar con mejor acierto y apoyo popular que su pupila Rousseff, va a necesitar, más que de la izquierda, del partido centrista PMDB, hoy medio en rebeldía y sin el cual no se gobierna en Brasil. Lula navegó muy bien bajo las aguas del PMDB, a quién supo regar en todo momento con prebendas y poder. Sin sentirse ni de izquierdas ni de derechas, fue capaz de jugar con los dos extremos para marcar goles. La minirreforma ministerial de Rousseff lleva el sello de Lula, que ha usado las artes de la vieja política para recomponer la base del gobierno sin perder al PMDB o por lo menos deteniéndolo por el momento, en su envalentonamiento contra el gobierno y su amenaza de apear a la presidenta del trono.

El ex tornero gobernó en la gloria, sin oposición, sin protestas callejeras en las que se gritara "fuera Lula", aplaudido internamente y endiosado internacionalmente. Contaba entonces con la clase media y con los pobres, a los que hizo crecer social y económicamente, pero que hoy también sueñan caminos nuevos, como el hijo que crece y se rebela. A los pobres de ayer ya no le basta un televisor, una heladera y un coche utilitario pagado todo ello a precio de oro, con intereses estelares y hoy golpeados por la inflación y el miedo del desempleo.

Lula no presenta una fórmula nueva y mágica para resolver la triple grave crisis brasileña: política, económica y ética. Su fórmula, de alguna forma simplista, es la de volver al pasado, a antes de Rousseff, a su modo de gobernar, que él considera victorioso. Tan victorioso que está convencido que la crisis se originó por que Dilma se desvió del camino trazado por él.

El ex líder sindical cree y apuesta en la clásica política de un gobierno presidencial de cooptación o compra de los partidos que permite gobernar en paz, sin zozobras y sin la avispa aguijonera de la oposición. La pregunta, sin embargo, es si eso es aún posible en un Brasil que en los sondeos parece más que deprimido, irritado con la crisis económica y con la clase política. Quizás Brasil (el del malhumor que grita "fuera Dilma", "fuera Lula" y "fuera PT") no sepa aún claramente qué alternativa quiere. ¿Los convencerá de que la única alternativa es la de volver al pasado, o acabará él, a quién no le falta olfato político, convenciéndose de que la historia no suele repetirse y que, cuando lo hace, es para peor?

El ovillo se enreda cada día más, y al final, curiosa o paradójicamente, el test Brasil, para bien o para mal, sigue siendo Lula, su mito, y la incógnita del capital político que aún le puedan o no conceder los brasileños. Todo ello, si la severidad del juez de la operación anticorrupción Lava Jato, Sérgio Moro, se lo permite.

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