El Mundo

Lula fue condenado a trece años de prisión en otra causa por corrupción

Según la Justicia, el ex presidente se benefició de reformas en una hacienda que frecuentaba por parte de empresas favorecidas durante su gobierno.

Jueves 07 de Febrero de 2019

El ex presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, preso por corrupción, fue condenado ayer a 12 años y 11 meses de cárcel en otro caso por delitos de corrupción y lavado de dinero en el marco de la investigación del Lava Jato. Lula (2003-2010) ya cumple condena desde el año pasado por otro caso de corrupción, después de que la Justicia diera por comprobado que recibió un departamento en una playa de San Pablo a cambio de sobornos. En este nuevo caso, Lula fue hallado culpable de ser favorecido por las empresas OAS y Odebrecht con obras hechas en una propiedad rural que frecuentaba ubicada cerca del municipio de Atibaia, en el Estado de San Pablo.

La jueza Gabriela Hardt, quien sustituyó a Sérgio Moro, condenó también a los empresarios Marcelo Odebrecht (cinco años y cuatro meses) y Emílio Odebrecht (tres años y tres meses), a Leo Pinheiro, ex presidente de OAS (un año y siete meses). También recibieron penas el dueño de la casa de campo, Fernando Bittar, el responsable de las obras, José Carlos Bumlai, y cuatro personas más, informó el diario Folha de Sao Paulo. El fallo puede ser apelado.

El pago de las obras en la propiedad por parte de Odebrecht fue revelado en enero de 2016 por el Folha de Sao Paulo. Bittar, un viejo amigo de la familia Lula, cedió temporalmente la propiedad al ex presidente en 2010 para que pudiera disfrutarla con sus allegados. No obstante, según la Justicia, pese a no ser el propietario de la casa de campo, Lula se benefició ilegalmente de las reformas en la misma por parte de empresas que fueron favorecidas en su gobierno con contratos amañados con la petrolera estatal Petrobras. "Es un hecho que la familia del ex presidente era una frecuentadora asidua el inmueble, así como que lo usufructuó como si fuera una donación", escribió Hardt en la sentencia. "El condenado recibió una ventaja por ocupar el cargo de presidente de la República, de quien se exige un comportamiento ejemplar como el mayor mandatario", agregó la jueza Hardt, al considerar que la culpabilidad de Lula era elevada. Para los fiscales, Lula "capitaneó un esquema criminal" y, "de modo consciente y voluntario", ocultó el origen del dinero usado para las obras de ampliación de la propiedad. Según un informe policial, los gastos ascendieron a 1,26 millón de reales (340.000 dólares). Lula está preso desde abril pasado en Curitiba tras ser hallado culpable de recibir un departamento en Guarujá que fue reformado por OAS. El ex mandatario, del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT) está recurriendo esta sentencia en tercera instancia.

En julio de 2017, Moro, quien se apartó del caso y luego renunció para asumir como ministro de Justicia del gabinete del presidente Jair Bolsonaro, condenó a Lula a nueve años y seis meses de prisión. Pero la pena fue elevada a 12 años y un mes por un tribunal de apelaciones. La condena impidió a Lula, de 73 años, presentarse a las elecciones que ganó Bolsonaro el año pasado, y para las que tenía la mayor intención de voto en los sondeos. El ex presidente brasileño rechazó haber cometido delito alguno y dice que su condena es parte de una persecución política orquestada por Moro, al gobierno del ex presidente Michel Temer, con el fin de que no ganara los comicios.

Tsunami político

El caso Lava Jato causó un auténtico tsunami en la política brasileña, sobre todo en el PT que lidera Lula incluso desde la cárcel. Bolsonaro logró durante la campaña electoral convertir al PT en el enemigo número uno de una buena parte del electorado como el gran símbolo de la corrupción y el despilfarro. El PT se considera víctima de una persecución política y de un doble rasero por unas prácticas que otros partidos también llevaron a cabo. Entre los factores que contribuyeron a la victoria electoral destaca que, pese a llevar más de 30 años en la política, sobre todo como diputado raso en Brasilia, logró ser percibido por el electorado como uno de los pocos políticos limpios del país.

Pese a los innumerables recursos que sus abogados presentan al Tribunal Supremo en busca de la libertad provisional, el calvario de Lula no tiene visos de acabar a corto plazo. El hombre más querido y más odiado de Brasil tiene otras causas pendientes que podrían aumentar aún más sus años entre rejas. A fines de enero, Lula cumplió 300 días en prisión, fecha que coincide con el término del plazo para las nominaciones de posibles aspirantes al Nobel de la paz, para el que el PT protagonizó una intensa campaña en su favor.

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