Los secretitos de la red de prostitución que hizo caer al gobernador de Nueva York
Eliot Spitzer renunció a su cargo, luego de conocerse que contrató los servicios sexuales de una
joven del prostíbulo Emperor's Club V.I.P, cuyo nombre es
Ashley Dupre. El lugar tiene su lema: "Todo cliente es un
emperador". La "empresa" ganó u$s1.000.000 en tres años y pagó u$s400.000 a 50
prostitutas.
Viernes 14 de Marzo de 2008
El prostíbulo predilecto del gobernador de Nueva York, Eliot Spitzer (donde se lo conocía como
el "Cliente 9"), tiene sus peculiaridades. No sólo porque ahora es, en parte, responsable de que
haya renunciado a la gobernación del Estado, sino por los exagerados precios que cobraban sus
muchachas y por el trato a sus clientes, entre otras cosas.
Su lema es: "Todo cliente es un emperador" y en su sitio web prometía que los servicios del Emperors Club V.I.P. volverían la vida "más pacífica, equilibrada y hermosa, además de dotarla de sentido".
Sin embargo, el sitio que llegó a manejar a prostitutas que cobraban u$s5.000 la hora no siempre fue reconocido por sus "buenos servicios".
Temeka Rachelle Lewis, una de las responsables de concertar las citas entre clientes y jovencitas, más de una vez se quejó porque las prostitutas novatas querían cobrar una abultada cantidad de dinero que estaba reservada para las "mejores profesionales" o bien porque las madres abandonaban a sus clientes en la mitad del acto sexual para buscar a sus hijitos a la escuela.
A su vez, los cuatro coordinadores (Brener, la gerente Cecil Suwal y los encargados de armar las citas Tanya Hollander y la mencionada Lewis) debían atender y solucionar los reclamos de los clientes, quienes decián que las "nuevas" preferían "modelar, nada más".
Incluso, Mark Brener, jefe del Emperors Club, se quejaba de que una de sus prostitutas tenía "el aspecto de un carnicero", mientras que la coordinadora estaba perturbada porque el "Cliente 9" pedía a las chicas "cosas que uno no considera seguras".
En la declaración jurada de 55 páginas del FBI, basada en 5.000 llamadas telefónica escrutadas y 6.000 e-mails leídos, además de agentes encubiertos y un seguimiento exhaustivo, se comenta que la "empresa" ganó u$s1.000.000 en tres años y pagó u$s400.000 a 50 prostitutas.
Cuando Emperor's Club V.I.P. se lanzó en 2004, abrieron tres líneas telefónicas para atender a sus clientes, una cuenta bancaria a nombre del QAT Consulting Group Inc., y, tiempo después, otra de la QAT International Inc.
Al mismo tiempo, diseñaron una página de internet sofisticada con una mujer el la Home (tapa). La misma explicaba que "el dinero que se intercambia es nada más que para el baile, modelaje, entretenimiento o mensaje (sic) de relax de nuestras empleadas. Bajo ninguna circunstancia nuestras acompañantes aceptarán dinero por servicios considerados indecentes".
Finalmente, se cuenta que cada prostituta tenía un puntaje entre 1 y 7 diamantes, asignado por Brener, Lewis, Suwal y Hollander, lo que llevaba el precio desde u$s1.000 hasta u$s5.000, según publicó el diario Clarín.
Su lema es: "Todo cliente es un emperador" y en su sitio web prometía que los servicios del Emperors Club V.I.P. volverían la vida "más pacífica, equilibrada y hermosa, además de dotarla de sentido".
Sin embargo, el sitio que llegó a manejar a prostitutas que cobraban u$s5.000 la hora no siempre fue reconocido por sus "buenos servicios".
Temeka Rachelle Lewis, una de las responsables de concertar las citas entre clientes y jovencitas, más de una vez se quejó porque las prostitutas novatas querían cobrar una abultada cantidad de dinero que estaba reservada para las "mejores profesionales" o bien porque las madres abandonaban a sus clientes en la mitad del acto sexual para buscar a sus hijitos a la escuela.
A su vez, los cuatro coordinadores (Brener, la gerente Cecil Suwal y los encargados de armar las citas Tanya Hollander y la mencionada Lewis) debían atender y solucionar los reclamos de los clientes, quienes decián que las "nuevas" preferían "modelar, nada más".
Incluso, Mark Brener, jefe del Emperors Club, se quejaba de que una de sus prostitutas tenía "el aspecto de un carnicero", mientras que la coordinadora estaba perturbada porque el "Cliente 9" pedía a las chicas "cosas que uno no considera seguras".
En la declaración jurada de 55 páginas del FBI, basada en 5.000 llamadas telefónica escrutadas y 6.000 e-mails leídos, además de agentes encubiertos y un seguimiento exhaustivo, se comenta que la "empresa" ganó u$s1.000.000 en tres años y pagó u$s400.000 a 50 prostitutas.
Cuando Emperor's Club V.I.P. se lanzó en 2004, abrieron tres líneas telefónicas para atender a sus clientes, una cuenta bancaria a nombre del QAT Consulting Group Inc., y, tiempo después, otra de la QAT International Inc.
Al mismo tiempo, diseñaron una página de internet sofisticada con una mujer el la Home (tapa). La misma explicaba que "el dinero que se intercambia es nada más que para el baile, modelaje, entretenimiento o mensaje (sic) de relax de nuestras empleadas. Bajo ninguna circunstancia nuestras acompañantes aceptarán dinero por servicios considerados indecentes".
Finalmente, se cuenta que cada prostituta tenía un puntaje entre 1 y 7 diamantes, asignado por Brener, Lewis, Suwal y Hollander, lo que llevaba el precio desde u$s1.000 hasta u$s5.000, según publicó el diario Clarín.