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Los modelos exitosos que Argentina se empeña en desconocer

No hay un caso en la historia económica mundial de un país que haya llegado al desarrollo sin largos períodos de inversión alta, fuerte ahorro interno, salarios moderados y un Estado que gasta no más del 20 a 30 por ciento de su PBI.

Lunes 21 de Mayo de 2018

No hay un caso en la historia económica mundial de un país que haya llegado al desarrollo sin largos períodos de inversión alta, fuerte ahorro interno, salarios moderados y un Estado que gasta no más del 20 a 30 por ciento de su PBI. Con esta fórmula sencilla y racional muchos países han aumentado sustancialmente su nivel de vida en el último medio siglo, desde Alemania a Corea. Argentina se empeña en ser la excepción. Y le va muy mal, como se ve por estos días, con una crisis que es una copia de tantas anteriores.

Si a mediados de los años 50 a alguien se le hubiera ocurrido afirmar que Corea iba a superar por amplísimo margen el nivel de vida de Argentina mucho antes del año 2000, hubiese recibido una ráfaga de burlas. Pero lo mismo vale para las grandes naciones europeas, a las que sin embargo se asocia con un alto gasto público. Pero se desconoce que este fue mucho más bajo en la inmediata posguerra y en los años siguientes. Francia alcanza el 35 por ciento del PBI del gasto recién en los años 60, pese a un modelo muy estatista elegido en 1945. Y la Alemania del "milagro alemán" gastaba menos: en torno al 30 por ciento, también en los primeros años 60. Japón, el otro "milagro", no superaba el 20 por ciento del PBI por esos mismos años. Luego, en especial los países europeos, irían aumentando su gasto por razones vinculadas al marcado envejecimiento de su población.

Como recordó hace poco el economista Guillermo Rozenwurcel, Argentina salió de manera forzada del modelo agroexportador en los años 30, montó una versión muy poco sustentable de industrialismo sustituidor de importaciones y desde entonces se ve envuelta en un conflicto distributivo sin salida a la vista. La alta inflación es el mejor índice de este proceso de crisis crónica, mientras su causa es una sociedad que, en todos sus niveles, no acepta iniciar aquel proceso de desarrollo serio, sacrificado y de largo plazo y vive anclada en la imagen de un país rico que no existe hace mucho, al que sólo habría que hacerle ajustes menores y graduales (la posición de Macri, al menos hasta la presente crisis), o bien redoblar la opción populista totalmente insustentable porque, entre otras cosas, ya no existen los "superávits gemelos".

Todas las naciones que hoy son sinónimo de bienestar han pasado por estos largos procesos de ahorro interno y formación de capital ("acumulación"), en los que se priorizó, por acuerdo de los actores sociales, hacer ese esfuerzo y postergar el consumo. Además de los países citados, hoy, sin dudas, China es referencia obligada. De este lado del mundo, Chile es el caso más conocido, pero también valen Colombia y Perú. Brasil, pese a que muchos economistas no lo incluirían nunca en este lote, hizo grandes pasos adelante desde los años 50. Hoy tiene una crisis política de proporciones, pero no registra los temblores que sufre Argentina. Y los "mercados" le tienen tanta confianza que las inversiones extranjeras directas, esas que Macri no logra atraer, entran a Brasil a gran escala: unos 80 mil millones de dólares en 2016, según la Cepal.

Pero sin dudas no es Brasil el mejor modelo, sino los otros países mencionados. Todos aplicaron aquella fórmula sencilla y lógica. Hoy se puede ver su éxito a gran escala en China, que ya superó la etapa de acumulación dura y está pasando a la de hacer crecer el mercado interno, los salarios y el consumo. China muestra tasas altísimas de inversión (de hasta 50 por ciento del PBI), fuerte ahorro interno (aunque Japón es el campeón en este item) y acuerdo social para que el trabajo no suba por encima de su productividad. Por supuesto, China es una dictadura temible y este modelo lo impone el Estado, pero es evidente que tiene un alto consenso interno. El gasto público moderado no significa un Estado ausente ni mucho menos débil, como queda clarísimo en China, pero también en Japón, Corea o Chile. China, pese a ser potencia mundial, a tener el PBI número uno si se lo mide por Paridad de Poder de Compra (PPP), a unas reservas de divisas enormes, ha sido muy ortodoxa en materia de gasto público. No superaba el 25 por ciento antes de la crisis internacional de 2008. Incluso llegó a 2010 por debajo de ese nivel. Desde entonces aumentó el gasto para compensar la caída de demanda externa, pero lo hizo moderadamente, hasta rozar el 32 por ciento en 2015. Y desde entonces lo baja gradualmente (datos de statista.com).

La norma general es que las naciones emergentes no superan el 30 por ciento de gasto y cuando finalmente lo hacen ya son sociedades plenamente desarrolladas, y sin llegar a niveles "europeos". Argentina, en cambio, pasó en los años "K" de un 26 por ciento a un 48 por ciento del PBI de gasto con un indomable déficit fiscal. Es este gasto con altos déficits fiscal y externo el "combo" que está en la raíz de la crisis que estalló por estos días.

Los países que se desarrollan aplican un riguroso proceso de inversión y ahorro con gasto público moderado

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