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Los migrantes haitianos, entre la deportación y una mínima chance de ser admitidos en EEUU

En los campamentos surgidos en al frontera entre Texas y México, se conocen casos de personas que fueron admitidas, mientras otras son enviadas en avión a Haití

Miércoles 22 de Septiembre de 2021

Mientras crece el deterioro de las condiciones de vida en los campamentos de migrantes haitianos a ambos lados de la frontera entre Estados Unidos y México, las autoridades estadounidenses liberaron a algunos, mientras deportaban a otros en vuelos. Del otro lado de la frontera, se informó de violentos allanamientos de militares mexicanos en hoteles en los que los migrantes fueron retirados y llevados en camionetas hasta la frontera con Guatemala. El drama ya dura varias semanas y se produce en el sur de Texas, sobre el río Bravo, y del lado mexicano de la frontera.

Wade McMullen, un abogado de la organización de derechos humanos Robert F. Kennedy, dijo que varios cientos de personas, en su mayoría mujeres embarazadas y padres con niños, habían sido liberados en Del Río, Texas, en los últimos días, agotando los recursos de un centro de acogida local gestionado por voluntarios. El centro no tiene capacidad para que las personas puedan dormir allí. "La gente está durmiendo en la estación de autobuses o en el aeropuerto, esperando el autobús o el avión" para reunirse con su familia u otros patrocinadores en Estados Unidos, detalló McMullen.

El gobierno de EEUU dijo que seguía transportando a cientos de personas, incluidas familias, de vuelta a Haití, con vuelos directos desde Texas.

El gobierno ha estado intentando desalojar el campamento situado bajo el puente internacional de Del Río, que llegó a tener hasta 14.000 personas en su punto álgido. Las autoridades han trasladado a miles de personas para procesarlas en inmigración y han deportado a más de 500 haitianos desde el domingo.

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El hacinamiento de los migrantes, con muchos niños, en el improvisado campamento surgido en Del Río, en el extremo sur de Texas.

El hacinamiento de los migrantes, con muchos niños, en el improvisado campamento surgido en Del Río, en el extremo sur de Texas.

Un portavoz del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) dijo que aquellos que no pueden ser expulsados en virtud de una orden vigente de salud pública de la era Trump, conocida como Título 42, serán destinados a audiencias de inmigración, sin especificar quiénes calificarían para esas exenciones.

Biden puso fin a la expulsión de niños no acompañados bajo el Título 42, pero ha seguido expulsando a algunas familias. El portavoz dijo que las personas que no son expulsadas son detenidas o puestas en libertad con un aviso de comparecencia ante un tribunal de inmigración, y añadió que todos pasan por controles de antecedentes y se les toma información biométrica.

McMullen dijo que los miembros de familia que no son padres o tutores legales de niños menores están siendo separados del resto de sus familias. En un caso, una abuela que había viajado con su hija y su nieto fue separada de ellos, dijo. La hija y el nieto fueron liberados, sin saber dónde estaba la abuela.

Mientras, miles de personas siguen languideciendo en el campamento en Texas, a la espera de ser procesadas después de que se les emitieran billetes con códigos de colores.

Del lado mexicano, allanamientos nocturnos

Con este confuso y dramático panorama, los miles de migrantes haitianos viven en un dilema: ponerse en manos de Estados Unidos, que puede devolverlos a Haití en avión o dejarlos libres para tramitar el asilo, o permanecer en México, donde pueden caer en las redadas de las autoridades y ser detenidos y deportados hasta la frontera con Guatemala.

Antonio Pierre, de 33 años, escuchaba este miércoles las noticias en el teléfono móvil de un amigo en el campamento de Ciudad Acuña, en México, que poco a poco va creciendo, mientras el de Del Río, en Texas, disminuye. "Están liberando a algunos pero son muy pocos'', comentaba. Pierre dejó a su esposa e hija en el lado estadounidense para cargar su celular en territorio mexicano y planeaba traerse a toda la familia a México a lo largo del día.

Bodlet Manaasse, de 27 años, hacía el mismo día el camino inverso. Enfermo del hígado había regresado a México el domingo para ir al médico y el miércoles se iba a unir a su familia en Texas tras vivir una redada en México que dejó varias habitaciones destrozadas en un hotel el centro de lamexicana Ciudad Acuña. "Mi hermano me llamó que nos toca pasar hoy'', dijo, entre esperanzado y temeroso por lo vivido de madrugada.

Los agentes de migración mexicanos, escoltados por la Guardia Nacional, irrumpieron de madrugada en el hotel mientras dormía. "Me tocaron la puerta, yo no la abrí. El dueño la abrió y me dijeron 'muchacho tienes que venir conmigo", narró, aunque dice que no le pidieron ningún documento. "No, yo estoy enfermo, tengo que ver al médico'', respondió, mostrando su vientre hinchado. Fue al único al que no hostigaron más. El resto del hotel se convirtió en un caos de gritos, carreras, ventanas rotas. Una familia se escondió en el baño pero los agentes rompieron la puerta. Tras los forcejeos un par de familias lograron escapar defendiéndose con los vidrios rotos que estaban en el suelo y salieron corriendo con los niños en brazos. Otra media docena de migrantes fue detenido. El suelo quedó regado de ropa, cortinas, chanclas, pañales y una mamadera con el nombre de Antonio. El encargado del hotel, asustado, solo se atrevió a decir a la agencia Associated Press (AP) que presenció parte de los hechos y que nunca había visto nada igual.

México ha estado intensificando sus esfuerzos para reducir el número de migrantes en este tramo de la frontera, aunque de forma menos visible que las autoridades estadounidenses, que hasta utilizaron agentes a caballo para intentar cortar el paso de los migrantes. Pero queda claro que los mexicanos aplican la fuerza bruta a una escala mucho mayor, como evidencia el relato del joven Blodlet Manaasse. Pero de estas violentas operaciones nocturnas no queda registro en video ni fotográfico, a diferencia de lo que sucede en Texas, fotografiado por las agencias y canales de noticias estadounidenses.

Las tropas de la Guardia Nacional mexicana acompañaron a agentes de inmigración en operaciones durante las últimas noches. A veces recogían migrantes de la calle y los cargaban en camionetas. Los varios centenares de personas que se acumulan en el campamento junto al río, que cada vez se parece más a los que han proliferado en varios puntos de la frontera mexicana-estadounidense, se sienten un poco más seguros."No sé cuándo pararan las deportaciones (desde Estados Unidos) y antes de volver hay que estar seguros'', dijo Nelson Saintil, que viaja con esposa y cuatro hijos de 16, 13, 10 y 5 años. "No quiero ser como los ratones, que no se enteran que caen en la trampa porque volver a Haití es enterrar a una persona en vida''. Su familia salió del lado estadounidense el martes después de pasar ocho días allí pero se siente en una cárcel al aire libre porque si salen a la ciudad teme que los detengan y los deporten. "Va a llegar un momento que tendrán que sacar a toda la gente aquí no podemos estar mucho tiempo'', indicó Saintil.

México sigue planificando la logística para iniciar los vuelos de repatriación de migrantes a Haití pero comenzó con la detención y traslado de haitianos de la frontera norte al sur del país tanto por vía aérea como terrestre, confirmaron a AP dos autoridades federales que pidieron el anonimato. El objetivo es descongestionar la frontera norte.

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