El Mundo

“Los islamistas ofrecen a los jóvenes ser un guerrero, viajes, figuración pública”

En una entrevista al diario alemán Der Spiegel, el sociólogo francés afirma que el atendado de París es la versión actual del guerrillerismo marxista de los años 70. 

Domingo 18 de Enero de 2015

Los atentados terroristas que se cobraron la vida de 17 personas la semana pasada en París son parte de una nueva cultura de violencia narcisista que es la versión actual del guerrillerismo marxista de los años 70, afirma el sociólogo francés Oliver Roy en una entrevista al diario alemán Der Spiegel. Para Roy, uno de los más renombrados expertos europeos en el islam, la yihad o “Guerra Santa” “es ante todo la única cosa que abarca a todo el mundo, el último motivo global por el que luchar”.

   “El comunismo ha desaparecido, al igual que la extrema izquierda. La RAF (el grupo terrorista alemán Fracción del Ejército Rojo) fue el primer grupo que globalizó la violencia, que un día luchaba por Palestina y al otro contra un director de banco. La yihad es hoy lo que el Che Guevara, la RAF o la revolución mundial fueron en los años 60 ó 70”, consideró. Para Roy, la Yihad es una especie de cultura pop. “Soy yihadista, ergo soy un héroe. ¿Qué otra cosa puede movilizar a la juventud? Están el movimiento Occupy y el ecologista, pero los jóvenes de los suburbios (europeos) no se pueden conectar con todo esto, es muy teórico”, razonó el autor de libros como “La santa ignorancia” o “La mundialización del islam”.

Oferta tentadora. “Los islamistas, por el contrario, les ofrecen algo muy concreto: si quieres viajar, si quieres ser guerrero, si quieres combatir a los malos en vehículos todoterreno, ¡entonces ven a Siria! Tendrás mujeres, tendrás dinero, serás el rey del mundo. Un poco como la Legión Extranjera”, francesa. Roy señala que los jóvenes que se radicalizan no provienen exclusivamente de sectores marginados de la sociedad, sino que también hay gente de clase media que se suma al terrorismo islámico.

   “Estamos frente a una cultura de la violencia moderna con características narcisistas. Hoy hay que ser famoso, hay que ser conocido y temido por todos. Todos quieren que los maten. Pero que su muerte sea puesta lo mejor posible en escena, por eso se escriben comentarios en Facebook, suben un video de reivindicación, se filman prácticas de tiro”, como el ya famoso video póstumo del terrorista Amady Coulibaly, uno de los tres atacantes de París.

Nada nuevo. Roy sostuvo que este fenómeno no es nuevo y mencionó la similitud con las decapitaciones por parte de los cárteles del narcotráfico en México. “Es el mismo escenario que con (el asesinado primer ministro italiano) Aldo Moro y las Brigadas Rojas. O las decapitaciones del Estado Islámico, estas ejecuciones que se conocen de los cárteles de droga mexicanos; todo tiene la misma óptica. La víctima está arrodillada, alguien le corta la cabeza sin perturbarse, todos hablan al mismo tiempo, ríen, juegan al fútbol con la cabeza. Y los cárteles mexicanos del narcotráfico de seguro no tienen nada que ver con el islam”.

Atracción. El sociólogo explicó que la Yihad es atractiva especialmente para los jóvenes que sufren de falta de reconocimiento. “Hay que escuchar a los convertidos que partieron de a cientos hacia Siria cuando esgrimen las razones por las que se radicalizaron. Todos dicen lo mismo: que su vida era vacía y que siempre se rieron de ellos”.

“Islam inventado”. Al mismo tiempo, el reconocido intelectual negó que esta violencia juvenil sea un problema exclusivo de la religión islámica. “Naturalmente que hay lazos con el islam. Pero aquí se está islamizando una imagen del islam, se está contruyendo en torno a la violencia un islam político inventado”. Este es el aspecto más controvertido del análisis del francés. Es que para Roy en Francia no existe una comunidad islámica, pese a que hay seis millones de islámicos. Volvió a afirmarlo en estos días de fogosos debates en los medios franceses. Es un concepto muy cuestionado por otros científicos sociales y por la prensa en general, habida cuenta de la organicidad de los islámicos franceses, de sus cientos de mezquitas y centros culturales esparcidos por todo el territorio francés.

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