El Mundo

Los indignados ponen a prueba la oferta de diálogo de Dilma Rousseff

En medio de la peor crisis social desde que asumió, la falta de un liderazgo claro entre los manifestantes deja a la presidenta ante un paradógico dilema: ¿con quién hablar?

Domingo 23 de Junio de 2013

En medio de la peor crisis social desde que asumió en enero de 2011, la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, enfrenta un paradójico dilema: millones se manifiestan en su contra, en las calles o por internet, pero a la hora de intentar abrir un diálogo que permita vislumbrar una salida, la mandataria del Partido de los Trabajadores (PT) no tiene con quién hablar. En un discurso a la nación la noche del jueves, Rousseff propuso un gran pacto nacional para mejorar los servicios públicos y recibir a los líderes de los manifestaciones pacíficas, cediendo a los reclamos de las históricas protestas que sacuden al país en plena Copa Confederaciones de fútbol. Pero ¿a quiénes?

Es que la propia naturaleza de las multitudes que desde hace diez días protagonizan las mayores revueltas populares en dos décadas hace muy difícil encontrar una vía de comunicación. Son masas espontáneas, colectivos de los más diversos, que coordinan sus acciones bajo el semianonimato de internet. Más de la mitad de los que salen a las calles (un 55 por ciento, según el Instituto Datafolha) no pertenecen a ningún partido político, y en su mayoría reniegan y desconfían de cualquier mecanismo o sistema de representatividad. "Lo colectivo, lo impersonal, lo anónimo, dan forma al grupo, donde no debe haber espacios para egos inflados. Los vanidosos «no pasarán»", definen a los "indignados" brasileños los analistas Bruno Paes Manso y Marcelo Godoy del diario O Estado de Sao Paulo.

Interrogantes. Precisamente, fue "a esas voces de la calle" a las que Rousseff se dirigió en su primera reacción a las multitudinarias marchas, que dejaron dos muertos accidentales, un centenar de heridos, millones de reales en daños económicos y grandes interrogantes sobre qué ha sucedido en este Brasil señalado como modelo de democracia emergente y de inclusión social. "Voy a conversar con los jefes de otros poderes y voy a invitar a los gobiernos y alcaldes de las principales ciudades para un gran pacto en torno a la mejoría de los servicios públicos", dijo la jefa de Estado en cadena de radio y televisión en la que también condenó los actos vandálicos de grupos minoritarios.

Hastos de la corrupción, de la mala calidad de los servicios públicos, de los precios en alza y de los millonarios gastos públicos para el Mundial 2014, más de un millón de manifestantes salieron a las calles el jueves. "Esas voces de las calles deben ser escuchadas", dijo la mandataria, hablándole a una tercera persona anónima. "Ellas trascienden, y esto fue visible, los mecanismos tradicionales, de las instituciones, de los partidos políticos, de las entidades gremiales y de los propios medios", admitió, dando en el clavo de lo que es al día de hoy su mayor problema.

Salida de escena. Si en un principio pudo vislumbrarse la existencia de una cara visible, identificable, que podría haber oficiado de eventual interlocutor entre un gobierno perplejo y una multitud enardecida y creciente, hoy ya no la hay más. El Movimiento Pase Libre, el grupo de estudiantes universitarios nacido en el Foro Social Mundial celebrado en Brasil en 2005, el cual a través de una demanda concreta, la suspensión del aumento de la tarifa de transporte público en San Pablo, encendió la mecha que ahora arde por todo Brasil, anunció el jueves que no convocará más manifestaciones, una vez que aquel primer objetivo fue conquistado. El grupo, que por toda autodefinición dice ser "una organización horizontal y autónoma", ya había deslindado responsabilidades tanto por los actos de vandalismo que han marcado las protestas, como por las reivindicaciones levantadas por grupos o personas durante las mismas. Lo concreto es que no se sabe con quién va a hablar el gobierno. No hay un interlocutor real, de carne y hueso, solo hay millares de rostros que portan carteles "contra todo" en las calles —aunque muy especialmente contra los gastos del Mundial y la corrupción— y millones de "nicknames" virtuales que reproducen hasta el infinito la insatisfacción general.

 

Sigue el fútbol. Sí se descartó que se vaya a suspender la Copa Confederaciones, tal como se llegó a rumorear después de que varios medios de prensa aseguraran que la FIFA dio un "ultimátum" al gobierno para que garantizara la seguridad de su delegación, de los jugadores y de la prensa internacional. La "amenaza" habría ocurrido después de que el jueves hubo un intento de invasión del hotel donde se hospeda toda su comitiva en la ciudad de Salvador de Bahía.

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