El Mundo

Llegó la hora del realismo: a negociar con Rusia y China

El Grupo de Lima tomó nota de que la fase iniciada con Guaidó está agotada y hay que hablar con las potencias.

Lunes 10 de Junio de 2019

El realismo se abre paso en Venezuela. O mejor, fuera de Venezuela, entre los actores internacionales con suficiente poder para desbloquear la crisis venezolana. Luego de cinco meses de apostar a que Juan Guaidó lograra de alguna forma destituir a Nicolás Maduro, el Grupo de Lima reunido la semana que pasó en Guatemala abrió una nueva fase. El documento oficial firmado en ese paísr por el grupo de naciones americanas remarca una y otra vez que Maduro es un dictador e ilegítimo presidente, pero llama a Cuba, China, Rusia y Turquía, o sea, a los grandes aliados internacionales del chavismo, a sentarse a la mesa.

En el punto 2 del documento de Guatemala los países aliados de la oposición democrática venezolalana "afirman la importancia de profundizar gestiones con aquellos países que aún apoyan al régimen ilegitimo de Nicolás Maduro, en particular con Rusia, China, Cuba y Turquía, urgiéndoles a ser parte de la solución de una crisis que tiene un impacto creciente en la región. A negociar el futuro del dictador y su régimen". Más claro imposible, al menos para el lenguaje habitualmente alambicado y repleto de gerundios de la diplomacia profesional.

Como las negociaciones de Oslo, el pronunciamiento de Guatemala causa malestar entre los opositores venezolanos de a pie, que solo admiten la salida de Maduro como primer paso para iniciar un proceso de recuperación democrática. Es muy fácil desde afuera señalar las debilidades de estas posturas y de la estrategia de la oposición venezolana. Se analiza y se escribe desde miles de km. de distancia, con las libertades personales aseguradas...y también con una buena alimentación. Los diplomáticos del Grupo de Lima saben de ese sentimiento de dolor e impotencia, y por esto en la declaración de Guatemala "denuncian a Nicolás Maduro y su régimen ilegítimo como únicos responsables de la situación humanitaria cada vez más grave del pueblo venezolano y reiteran que su permanencia en el poder representa un obstáculo para el restablecimiento de la democracia en Venezuela", que además "constituye una amenaza a la paz y a la seguridad que afecta principalmente a la región". Queda claro que Maduro es para el Grupo de Lima el gran problema, pero toman nota de la necesidad ineludible de negociar con los que lo respaldan. Hay que sentarse a ver qué se hace con Venezuela con los que hacen posible que Maduro esté todavía en el palacio presidencial y no exiliado en Cuba o en una prisión.

Los venezolanos, hundidos en la frustración y el dolor, no pueden aceptar esta apertura de sus aliados americanos, pero el sistema internacional se basa en balances de poderes reales, no en sentimientos. Y a eso apuntan los cancilleres reunidos en Guatemala. Dicen medios estadounidenses que Trump estaría muy molesto con John Bolton por haberle vendido que el plan "Guaidó I" funcionaría. Guaidó I era el plan que se puso en marcha el 23 de enero con su designación como presidente interino por la Asamblea Nacional, para que imantara solidaridades suficientes al punto de lograr destituir a Maduro. Pero el plan no prosperó, el joven líder se fue desgastando con el paso de las semanas, hasta caer en el error garrafal del 30 de abril, un manotazo desesperado, cuando intentó una asonada cuartelera poco decorosa. Antes fue el show de la frontera para forzar la entrada de alimentos y medicinas, que tampoco llegó a nada. El régimen chavista, una verdadera dictadura militar, hizo sentir el cerrojo de hierro de su control policial, parapolicial y de los servicios de inteligencia. Llegó luego la persecución de diputados, a los que se quitan los fueros en trámites relámpago. La independencia de poderes no existe en la dictadura chavista.

Ahora, pasados cinco meses desde que Guaidó fue proclamado presidente encargado, es evidente que en los países americanos se hizo un balance y se optó por el camino del realismo. Habrá que negociar con las dictaduras citadas —China, Rusia, Cuba, Turquía— para llegar a algo que sea lo más parecido posible a unas elecciones decentes en Venezuela. Negociar a cara de perro con dictaduras como las de Putin y Díaz Canel. Capacidad de presión e instrumentos disuasivos no les faltan a las democracias americanas y europeas que impulsan el fin del chavismo. En esas negociaciones se ganará o se perderá la chance de que Venezuela vuelva a ser la democracia que fue. En ese proceso se logrará, tal vez, la salida de Maduro por una neta derrota electoral, no por una invasión o un cuartelazo. Exigir la salida de Maduro como primer paso, como hizo hasta ahora la oposición venezolana, no es realista. No hay un balance de fuerzas que respalde ese planteo.

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