El Mundo

La salida de Raúl Castro deja a su sucesor la tarea de mejorar la vida de los cubanos

En el 8º congreso del PC, el hermano menor de Fidel dio un paso al costado. Su reemplazante debe ser el presidente Díaz-Canel, a quien tocará afrontar la grave crisis económica

Sábado 17 de Abril de 2021

Cuba comenzó desde el viernes una nueva etapa: Raúl Castro renunció a su cargo de secretario general del Partido Comunista de Cuba, en la apertura del 8º Congreso de ese partido, único legal en el país. Con Castro se van los últimos veteranos de la revolución de 1959 que aún quedaban en la cúpula del PCC. Se abre paso a una nueva generación, la del presidente Miguel Díaz-Canel, quien asumió ese cargo en octubre de 2019.

En lo profundo de una doble crisis económica y sanitaria, el PCC debate hasta mañana, lunes, la conformación de su nueva cúpula. Ante todo, debe confirmar a Díaz-Canel como nuevo secretario general. Si esto no ocurre sería totalmente fuera de lo previsto. Pero todo indica que Díaz-Canel será el nuevo jefe del PCC y así sumará todo el poder, como hicieron los hermanos Fidel y Raúl Castro desde 1959 hasta este viernes. El relevo generacional "por la inexorable ley de la vida", como dijo Raúl Castro al presentar su renuncia al máximo cargo, no significa el fin del castrimo, según señalan los críticos del régimen. Sí puede ocurrir que Díaz-Canel impulse con más vigor las vitales reformas económicas promercado, que son la única vía de salida de la crisis económica crónica en que viven los cubanos. Pero en materia de libertades, democracia y Derechos Humanos no deben esperarse cambios ni mejoras.

La jubilación de Raúl Castro, a los 89 años, deja vacante la jefatura del PCC. Su salida debe ser seguida por los otros dos históricos del núcleo duro de la revolución: José Ramón Machado Ventura (90 años), número dos del PCC, y el comandante Ramiro Valdés (88 años). Díaz-Canel y los hombres clave de su entorno no lucharon en Sierra Maestra y nacieron después del triunfo de la revolución en 1959. Pero se espera que sigan en la cúpula comunista tres históricos que en 1959 eran adolescentes: los generales Leopoldo Cintra Frías (79 años), Ramón Espinosa (83 años) y Álvaro López Miera (77 años), ministro, viceministro y jefe de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, respectivamente. En suma, la cúpula de las FFAA. Los militares son una "pata" fundamental del poder en la Cuba creada por Fidel Castro. Dominan gran parte de la economía a través de empresas estatales.

El viernes a la noche, Raúl Castro tomó la palabra y dijo: “En lo que a mí se refiere concluye mi tarea como primer secretario al Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC) con la satisfacción de haber cumplido y la confianza en el futuro de la patria”. Raúl Castro certificó así su retirada de la primera línea política en Cuba en la inauguración del 8º congreso del PCC, tras 62 años con los dos hermanos Castro al frente de Cuba y 56 al frente del PCC . Una frase para la historia, fiel a su estilo adusto, sin los extremos retóricos que tanto gustaban a su hermano mayor, Fidel. Durante años, Raúl Castro ha diseñado la arquitectura de su sucesión. Por esto, no deben esperarse cambios sustanciales en materia de libertades ni aperturas a la democracia y el pluralismo. Pero Raúl tal vez no imaginó que entregaría el poder en condiciones tan precarias: con una crisis económica tan profunda que semeja al "Período Especial", la aguda crisis de los 90 abierta con la caída de la URSS y con la pandemia que ha fulminado el turismo, casi único recursos de divisas de Cuba. Para colmo se suman los efectos de la unificación monetaria y cambiaria, que ha disparado la inflación, con un descontento social que se mide en las redes, pese al subdesarrollo de Internet en Cuba y a su control estricto por los agentes del régimen. Se suma que la “hermana” Venezuela está en plena debacle económica y no puede auxiliar como lo hacía en los tiempos de Hugo Chávez. A la vez, el régimen ya no puede ocultar el avance del movimiento de los disidentes, intelectuales, periodistas y jóvenes artistas que luchan por ganar espacios de libertad de expresión pese a ser encarcelados sistemáticamente.

El cónclave del PCC se enfrenta a una dicotomía difícil: actualización y continuidad histórica para una nueva era sin los hermanos Castro, pero con castrismo, según analiza el periodista Daniel Lozano. “Tarea difícil resolver la contradicción que hay entre continuidad y cambio, solo solucionable en el lenguaje virtual de la dictadura”, ironizó Martha Beatriz Roque, economista que fue encarcelada por Fidel durante la Primavera Negra, ola represiva desatada en 2003.

Todo indica que el presidente, Miguel Díaz-Canel, de "apenas" 60 años, reemplazará a Raúl Castro al frente del “órgano rector de la sociedad cubana”, el PCC, y que cuando acabe su segundo mandato al frente del país (actualmente cumple el primero) comandará al PCC hasta su relevo, tres años después. Pero hay dudas de que el menor de los hermanos Castro cumpla su promesa de dedicarse a sus nietos y a leer o si permanecera a la sombra del “grupo de dirigentes bien preparados”, es decir, los elegidos y entrenados por él mismo. En la previa de la renuncia, dijo que continuará “militando como un combatiente revolucionario”. “Una nueva generación está consolidando el control. Ahora se verán obligados a hacer reformas importantes, porque su legitimidad no proviene de un trasfondo revolucionario, sino de ser capaces de demostrar un mejor desempeño”, señala el analista Arturo López Levy. En otras palabras, los cubanos esperan de Díaz-Canel una mejora en su calidad de vidal, y a estas alturas, en 2021, poco les interesan los laureles de la lejana revolución de 1959.

La periodista y disidente Yoani Sánchez escribió en el periódico digital 14ymedio: "Tras el anuncio (de Raúl), los medios de prensa internacionales se han ido llenando de titulares sobre el adiós de un apellido que ha regido el país por 62 años, pero sin percatarse de que el castrismo es más que un hombre y su clan. Se trata de una manera de manejar la política, controlar los medios de prensa, gestionar desde el sector militar la economía, definir los planes de estudio, llevar las relaciones internacionales y estructurar la propaganda ideológica". La premiada periodista, agrega: "Ahora, cuando Raúl Castro se despide de su secretariado en el Partido y atraviesa el último tramo de su finita biología, queda sobre los hombros de los sucesores que designó la responsabilidad de llevar a cabo las urgentes reformas que necesita el país. Pero emprender la ruta de esos cambios implica desarmar en buena parte al castrismo, ese sistema marcado por el voluntarismo, la ineficiencia y la intolerancia".

"¿Está Miguel Díaz-Canel dispuesto a desarmar esa estricta red de controles y absurdos en que el castrismo ha atenazado a todo un país? ¿Quiere trascender como un continuista que hundió la Isla o como un reformista que priorizó el bienestar de la gente por sobre la oscura encomienda de prolongar un régimen disfuncional? Mientras Raúl Castro respire es poco probable que esas preguntas puedan ser respondidas y, para entonces, la situación es posible que sea más catastrófica aún", concluye la escritora cubana.

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