El Mundo

La odisea de un argentino afectado por el atentado en el aeropuerto de Bruselas

El hombre quedó aislado en un hotel de la estación aeroportuaria, sin posibilidades de salir ni asistencia del persoanl.

Martes 22 de Marzo de 2016

Ningún argentino figura entre las víctimas de los atentados de hoy en Bruselas pero varios se vieron afectados, en particular un consultor que estaba en el complejo del aeropuerto atacado y que desde entonces permanece retenido por la policía belga en un hotel de la terminal aérea en estado de shock.

Luego de la primera explosión en el aeropuerto de Bruselas, el consultor argentino Lucas Sparvieri siguió los hechos desde la ventana de su habitación en el hotel Sheraton, que se hallaba prácticamente vacío de personal y pese a que estaba bien pero en shock, sufrió una “situación de abandono” e incertidumbre mientras la policía asistía e interrogaba a los llevados allí tras los ataques, según denunció su mujer.

En comunicación telefónica desde Alemania, la mujer de Sparvieri, Maria José Vilar, afirmó que su marido se encontraba en el hotel lindante con el aeropuerto a punto de desayunar cuando sintió la primera explosión.

“Al oír la explosión un tipo se le tiró encima y lo metió en el ascensor para llevarlo a su habitación. En medio de la confusión empezaron a llegar heridos al hotel, gente que se resguardaba en su interior y otros que la policía ubicaba en nuevas habitaciones mientras la mayoría del personal del hotel huía y dejaba el lugar sin personal”, confió Vilar.

“Desde su habitación pudo ver a gente corriendo por los techos del aeropuerto, decenas de heridos en el suelo, muchos corriendo en estado de shock y otras escenas de pánico”, afirmó la mujer de Sparvieri, quien denunció una situación de “abandono” pese a que “lo tratan bien pero nadie da la cara”, se quejó.

Sparvieri, de 38 años y quien reside desde hace un año en Alemania con sus dos hijos, permaneció todo el día en el hotel casi sin acceso a la comida y sin contar con información en torno al protocolo de seguridad activado y en cuanto a su situación particular.

“Hay mucha gente y la situación no es buena. El Consulado argentino no está haciendo mucho al respecto, no informan si mañana podrá salir de ahí”, relató y agregó que como todas las personas que se encontraban en el aeropuerto en el momento del atentado “a todos se los considera potenciales sospechosos” por lo que “están viviendo una situación malísima y angustiante”, añadió Vilar.

Previamente, una fuente de la Cancillería argentina aseguró que ningún argentino figura entre las víctimas de los atentados de hoy en Bruselas, que causaron, al menos, 34 muertos y más de 200 heridos.

Asimismo, la embajada argentina en la capital belga no quiso hacer comentarios y derivó todas las consultas a la Cancillería en Buenos Aires.

La Cancillería argentina habilitó un número de teléfono de emergencia y una dirección de email para consultas a la embajada argentina en Bruselas. El número es +32 4757 51646 y la dirección es ebelg@cancilleria.gob.ar.

Otros argentinos que residen en la capital belga relataron cómo se vive en la ciudad, que cambió su paisaje habitual y por estas horas luce desierta.

“Recibí un alerta de atentado en el teléfono y me puse muy mal. La inquietud fue grande porque al principio no sabía muy bien como había sido e inmediatamente pensé en mis hijos, que van a una escuela judía. Es aporta un miedo extra desde hace tiempo, cuando pasan estas cosas lo vivimos mal y encima al pasar los minutos todo empeoró con la bomba que estalló en el metro”, contó, de su lado, el contador Lisandro Yelin.

El santafesino Yelin, radicado en Bruselas desde hace 15 años, dijo que en una ciudad sitiada por las fuerzas del orden, sin transporte público y con las ambulancias en un ir y venir constante por las calles del centro de la capital europea, Bruselas permanece totalmente paralizada luego de los atentados.

“Aún no sabemos que va a pasar mañana, si habrá transporte o si habrá clases porque el nivel de alerta sigue siendo alto. Cuando pasa esto no podes volver a la vida normal en seguida, el clima se torna pesado, la angustia persiste y muchos se encierran y cambian el ritmo habitual de sus vidas”, lamentó el contador Yelin.

El nivel de alerta en Bélgica oscila desde el 13 de noviembre entre sus dos niveles máximos, con una fuerte presencia militar en las calles, no obstante, Yelin consideró lógico que los militares no puedan evitar un atentado.

“La presencia militar es disuasiva, es para asegurar a la población pero los militares no pueden impedir que un tipo dispuesto a morir sin valor por la vida pueda inmolarse y matar al resto”, subrayó.

“De cierta manera había un sentimiento de que esto podía pasar con el arresto de Salah Abdeslam (uno de los sospechosos prófugos de los atentados en París el 13 de noviembre último), pero nadie quiere imaginar lo peor”, expresó.

Y agregó: “Todo hacia presumir que Bélgica podía ser victima de un atentado teniendo en cuenta los grandes problemas que afronta y con la gran cantidad de jóvenes belgas que partieron a hacer la yihad en Siria e Irak y ahora regresan entrenados y radicalizados. Nadie se imagina lo peor, siempre se piensa que le puede pasar a los otros y no a uno mismo pero la pesadilla esta ocurriendo de verdad”.

Mientras que el fotógrafo neuquino Ezequiel Scagnetti relató como fue a buscar a su suegra, quien trabaja en United Airlines, al aeropuerto. “Mi suegra trabaja en uno de los mostradores de United Airlines y la primer explosión pasó a pocos metros de su lugar de trabajo. Cayó al suelo y al levantar la vista y ver que sus compañeros estaban bien y corrían a buscar refugio los imitó y salieron de la zona al meterse en la zona donde se almacena el equipaje”, expresó.

Scagnetti fue a buscar a su suegra al aeropuerto una hora después y junto a ella embarcó a otras dos compañeras de trabajo.

“La sociedad belga puede ser cerrada o tener sus costumbres diferentes a las nuestras, pero la solidaridad aquí es muy fuerte. Los automovilistas paraban en la ruta a levantar a quienes caminaban con sus valijas para llevarlos a otras ciudades y mucha gente ofreció sus casas para que puedan dormir quienes no lograr llegar a sus domicilios”, remarcó.

De su lado, Alberto Mizrahi, arquitecto argentino residente en París, contó como ingresó este mediodía a Bélgica poco después de los atentados en Bruselas a pesar del anuncio del cierre de las fronteras.

“Venía en micro desde París para pasar un par de días en Bruselas por trabajo y para aprovechar a encontrarme con otros amigos argentinos. En el viaje pensaba que no íbamos a poder entrar pero a pesar de que siempre controlan a los colectivos no había nadie en la frontera”, contó sorprendido Mizrahi.

“Me sorprendió entrar en un bar para ver en las últimas noticias en televisión y ver a la gente como si nada jugando a las cartas o al domino, parecía que nadie le daba una importancia mayor al tema”, dijo el arquitecto argentino, sorprendido, además, tras recorrer la ciudad vacía en una de las bicicletas públicas de alquiler.

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