El Mundo

La odisea de los inmigrantes en la era de Donald Trump

Salvadoreños son enviados a Tijuana a la espera de que se decida sobre su pedido de asilo. Se dividen las familias y se deja en un limbo al peticionante.

Domingo 17 de Marzo de 2019

Juan Carlos Perla dice que pasó su primera noche en Estados Unidos en una fría celda subterránea del servicio de inmigración con otras 21 personas en el cruce fronterizo más activo del país. La luz estaba siempre prendida. El espacio era tan reducido que se tiró a dormir sobre un tapete junto a un inodoro.

Este salvadoreño de 36 años logró reunirse pronto con su esposa y sus tres hijos de entre seis años y diez meses, quienes estaban en otra celda, y la familia regresó a Tijuana, del lado mexicano de la frontera, para esperar aquí que su pedido de asilo fuese considerado en San Diego. Fueron una de las primeras familias que tuvieron que lidiar con un radical cambio de política de Estados Unidos que obliga a quienes piden asilo a que esperen en México mientras se tramita su solicitud. Visiblemente nervioso, Perla dijo que no acudirá a la vista y prefiere radicarse en México.

"Nuestro temor es que perdamos nuestro caso y seamos deportados" a El Salvador, expresó Perla. "Eso sería un suicidio para mí, mi esposa y mis hijos".

Perla dijo a un agente de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (sus siglas en inglés, CBP) que él y su familia dejaron la pequeña panadería que tenían en San Salvador porque no pagaron un mes la extorsión que les cobra la pandilla de la Calle 18. Le dieron una paliza y amenazaron con matarlo a él y a su familia si no hacían el siguiente pago.

Si la experiencia de su familia es un buen indicio, la nueva política podría estar teniendo el impacto deseado por el gobierno estadounidense de desalentar los pedidos de asilo, los cuales contribuyen a agravar la acumulación de casos pendientes _hay más de 800.000_, que hacen que la gente espere a veces por años que sus solicitudes sean procesadas. Funcionarios ddicen que quieren evitar solicitudes sin méritos. Un juez federal de San Francisco programó una audiencia para el 22 de marzo para analizar una solicitud de activistas que quieren que se suspenda esa práctica.

El cambio se está implementando de a poco. Solo 240 personas fueron devueltas de San Diego a Tijunana en las primeras seis semanas. El gobierno amplió sus Protocolos de Protección del Migrante" el lunes pasado para incorporar un segundo puesto fronterizo, eCalexico, California, y dice que en el futuro se aplicará en todos los cruces.

La nueva política coincide con un aumento en los pedidos de asilo de familias de Guatemala, Honduras y El Salvador que llegan a la frontera sur de Estados Unidos.

Se instruyó a los agentes de la Patrulla de Fronteras de San Diego que se enfoquen en las personas latinoamericanas, que hablan español, según un informe obtenido por Associated Press. El memo dice que hay que hacer excepciones con las mujeres embarazadas y con los miembros de la comunidad LGBT. El gobierno estadounidense siempre ha dicho que también se exime a los mexicanos y a los menores que viajan solos.

La espera en Tijuana es un traspié inesperado para quienes piden asilo, que pensaban ser liberados en Estados Unidos y aguardar allí la respuesta a sus solicitudes. En México no tienen las conexiones familiares de Estados Unidos y algunos no se sienten a salvo.

Selvin Alvarado, su compañera y sus hijos de relaciones previas permanecieron en un refugio de Tijuana por unas seis semanas a la espera de que su nombre fuese incluido en una lista de personas que piden asilo en Estados Unidos en San Diego. Para ganar dinero, Alvarado descargó azulejos mientras su compañera cuidaba a los hijos, de diez y siete años.

Después de pedir asilo, Alvarado fue separado de su familia y encerrado en una celda para hombres que tenía encendidas siempre la luz, lo que hacía que perdiesen la noción del día y la noche. Al día siguiente le dijo a un funcionario que sentía "temor de los grupos paramilitaresen Honduras" y que se había ido con su familia después de enterarse de que el capataz de la granja colectiva donde trabajaba estaba robando dinero y que habían amenazado matar a uno de sus hijos.

Alvarado, de 29 años y quien trae consigo informes policiales y otros documentos que constatan las amenazas recibida, fue enviado de vuelta a Tijuana con su hijo de 10 años mientras su esposa y su hijo eran liberados en Estados Unidos y se instalaban en la casa de un primo en Houston.

Las penurias de muchos migrantes se agravan por la escasez de asesoría legal. Los agentes de aduanas ofrecen una lista de potenciales asesores legales, pero Alvarado dice que cuando llama a esas organizaciones no recibe respuesta. Al Otro Lado, una agrupación de Los Angeles que tiene una oficina en Tijuana, le explicó cómo funciona el trámite de asilo en Estados Unidos pero no le ofreció asesoría individual.

A los abogados especializados en casos de inmigración de Estados Unidos les resulta difícil ofrecer asesoría a personas del otro lado de la frontera.

Los letrados del Proyecto Justicia en la Inmigración del Colegio de Abogados de Estados Unidos no pueden viajar a México sin tener seguro y licencia para ejercer en este país, de acuerdo con Adela Mason, directora de la agrupación. Las Caridades Católicas de la diócesis de San Diego tuvieron que hacer a un lado los temores y el hecho de no tener licencia. "Es un tema delicado ir allí y dar asistencia legalmente", explicaron.

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