El Mundo

La masacre en el estadio egipcio deriva en una grave crisis política

La oposición acusó a los militares de premeditar la violencia para continuar en el poder. Policías y furiosos manifestantes chocaron ayer en El Cairo: 450 heridos.

Viernes 03 de Febrero de 2012

El Cairo. - La matanza ayer de al menos 73 personas en un estadio egipcio derivó en una grave crisis política, luego de que los Hermanos Musulmanes responsabilizaron por la tragedia a una "mano invisible"; la oposición marchó al centro de El Cairo; y gobierno y Parlamento decidieron reunirse de urgencia para debatir sobre los sucesos. Los incidentes del miércoles, los peores en la historia del fútbol de Egipto, son vistos por la oposición como un intento de la junta militar que gobierna Egipto de revivir las leyes de emergencia, parcialmente abolidas hace un año tras la caída de Hosni Mubarak y que datan de hace tres décadas.

El jefe del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas de Egipto, Mohamed Hussein Tantawi, decretó tres días de duelo y prometió que encontrará a los culpables de la masacre de Port Said, tras matizar que este tipo de sucesos "pueden pasar en cualquier parte del mundo", en declaraciones al canal TV del Al-Ahly, uno de los equipos involucrados. Asimismo, apuntó que las víctimas recibirán una compensación después de que sus casos sean examinados. La oposición afirma que es parte del régimen derrocado y exigió que renuncie también al poder. Tantawi sirvió como ministro de Defensa del régimen de Mubarak durante 20 años.

En tanto, miles de personas se concentraron ayer nuevamente en la plaza Tahrir de El Cairo y centenares de ellos marcharon hacia el Ministerio del Interior para protestar por la violencia desatada la noche del miércoles, que además dejó cerca de 1000 heridos. La protesta comenzó como una marcha pacífica desde la sede del club de fútbol Al-Ahly, uno de los más populares del país, hasta el ministerio cerca de la plaza Tahrir, epicentro de la insurrección que derrocó a Mubarak. Las fuerzas de seguridad estaban separadas de los más de 10.000 manifestantes por bloques de hormigón y alambre de púas, pero éstos avanzaron con cánticos insultantes, alzaron sus zapatos en el aire y lanzaron piedras. Las fuerzas del orden respondieron con una intensa andanada de gases lacrimógenos que dispersó a los manifestantes, algunos de los cuales cayeron desmayados. Datos no confirmados cifran en más de 450 los heridos en los enfrentamientos de ayer.

En la mira. Antes de que se extinguieran las llamas en las gradas y mientras seguían ingresando cadáveres en las morgues de los hospitales cercanos al campo deportivo, ya afloraban variadas hipótesis -entre sectores políticos, medios y analistas- que apuntaban a una conspiración política como causante de la masacre.

La más extendida giraba en torno al deseo de sectores militares de mantener "la ley de emergencia" decretada en 1981 (tras la muerte del ex presidente y premier Anwar el-Sadat), una normativa que sirvió durante estos últimos 30 años como cobertura legal para la represión desatada contra sectores opositores. "Lo que ocurrió no puede ser una coincidencia. Esta masacre ocurrió apenas un día después de que el ministro del Interior, Mohamed Ibrahim, vino al Parlamento para intentar convencernos de mantener el estado de emergencia", afirmó el diputado socialdemócrata Zia el Elaimi. Ibrahim dijo al Parlamento que estas leyes eran necesarias para restablecer la seguridad en el país, muy afectado por el caos que siguió a la revuelta contra Mubarak.

"Lo que ocurrió en Port Said no fue una mera coincidencia, dado que fue un día después de que el ministro hablara de la importancia de las leyes de emergencia", aseguró Zyad al-Aleemi, un joven abogado afiliado a un grupo de protesta. "Es lo último de una serie de acontecimientos planeados para castigar a los egipcios por su revuelta contra el régimen de Mubarak", añadió. Otros opinaron que fue un caos premeditado, orientado a que los egipcios sientan miedo y dejen de demandar que los militares cedan el poder. La oposición y grupos de apoyo por los derechos humanos dijeron que, antes del caos del miércoles, 90 personas fueron asesinadas por la policía y el ejército desde que cayó el régimen anterior.

Federación de fútbol, disuelta. El premier, Kamal el Ganzouri, en tanto, comunicó ayer al Parlamento, en una sesión extraordinaria, que el gobierno aceptó la dimisión del gobernador de Port Said, el general de división Mohamed Abdulah, y cesó a los dos mandos policiales responsables de la seguridad en el estadio de fútbol de esa localidad. El Ejecutivo también destituyó a todos los miembros de la Junta Directiva de la Federación de Fútbol Egipcia que, tras la tragedia al término del partido de liga entre los equipos Al-Ahly y Al-Masry, decidió anular todos los encuentros de la jornada, según informó el diario Al Ahram.

El Partido Libertad y Justicia, brazo político de los poderosos Hermanos Musulmanes, señaló ayer que hay una "mano invisible" en la masacre, que sólo puede pertenecer a partidarios de Mubarak deseosos de castigar a los seguidores del equipo cairota Al-Ahly tras su importante participación como fuerza de choque durante las manifestaciones contra el régimen.

Grupos de hinchas calificaron de "sospechosamente ineficiente" la operación de las fuerzas de seguridad durante el partido que terminó 3-1 a favor del equipo Al-Masry y tras el cual se desencadenó la masacre.

El partido que el miércoles enfrentó a Al-Masri de Port Said y Al-Ahly de El Cairo, había comenzado bajo una tensión muy alta y prácticamente sin controles policiales. Al-Ahly es el equipo más importante de Egipto y del continente africano y suscita gran antipatía entre sus rivales. En el sector del estadio ocupado por seguidores del Al-Ahly surgieron pancartas insultantes para Al-Masri, lo que inflamó aún más los ánimos. Cuando el árbitro señaló el fin del encuentro con la inesperada victoria del local Al-Masri, un hombre supuestamente vinculado al Al-Ahly saltó al césped con una barra de hierro, mientras seguidores del Masri se lanzaron contra él y los jugadores visitantes. La policía permaneció impávida.

La estrecha relación establecida en el último año entre los seguidores más violentos del Al-Ahly y las manifestaciones contra la dictadura se interpretó de inmediato como un factor esencial en los hechos.

"Agreden a matar"

La violencia amenaza con destruir el fútbol en Egipto, expresó ayer el delantero brasileño Fabio Junior, quien sobrevivió a la masacre del miércoles. “Creo que el fútbol de Egipto se acabará por esta violencia, por la falta de seguridad en los estadios. Sentí miedo. Las hinchadas acá son fanáticas, pero no como en Brasil, donde hay violencia pero no tantas muertes como aquí. La gente de acá agrede hasta matar al otro”, dijo Junior, quien juega para Al-Ahly.

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