El Mundo

La Liga Arabe aprobó la creación de una fuerza militar unificada

Tendrá como objetivos hacer frente a los problemas de seguridad regional y combatir a los grupos extremistas, como el Estado Islámico.

Lunes 30 de Marzo de 2015

Los jefes de Estado de los países árabes aprobaron ayer la formación de una fuerza militar conjunta para hacer frente a "las amenazas contra su seguridad regional, la expansión de grupos terroristas y las injerencias extranjeras", apenas cuatro días después de que una alianza de nueve naciones árabes y Pakistán lanzará una inédita ofensiva contra el convulsionado Yemen. Al final de la cumbre en Egipto, la Liga Arabe dejó los detalles de la primera fuerza militar regional para más adelante, pero fuentes del gobierno anfitrión adelantaron que podría tener unos 40.000 "soldados de élite" y contaría con aviones y barcos de combate. De concretarse será la primera vez que el mundo árabe se une en una misma fuerza militar y, más aún, crea una fuerza militar estable que estaría habilitada para actuar dentro de la región a pedido de los gobiernos. "Es una resolución importante dado la convulsión y las amenazas sin precedentes que se viven en el mundo árabe", celebró el secretario general de la Liga Arabe, Nabil el Araby al culminar la cumbre, que comenzó el sábado en la ciudad balnearia de Sharm al Sheij, sobre las costas del mar Rojo.

Los peligros que afronta la región desde los levantamientos de la Primavera Arabe de 2011 son profundos y complejos. Mientras los conflictos se intensifican en Yemen y Libia, la guerra civil en Siria está entrando en su quinto año. Egipto, el país más poblado del mundo árabe, enfrenta a la insurgencia de los islamistas. Milicianos del Estado Islámico han tomado el control de grandes zonas de Irak y Siria y han dado origen a grupos escindidos por todo el mundo árabe.

Bajo las bombas. El jueves pasado, una coalición regional de 10 países EM_DASHArabia Saudita, Egipto, Emiratos Arabes Unidos, Jordania, Qatar, Bahréin, Kuwait, Marruecos y PakistánEM_DASH respondió al pedido del acorralado presidente yemení, Abed Rabbo Mansu Hadi, y lanzó bombardeos aéreos para frenar al movimiento insurgente hutíes. Desde mediados de 2014, los hutíes, un movimiento shiíta con buenos vínculos con Irán lograron ganar terreno hasta tomar la capital, Sanaá, y forzar al presidente, y aliado de Estados Unidos en su cruzada contra Al Qaeda en la región, a refugiarse en el sur del país. Las naciones que asumieron la defensa militar del gobierno yemení hace cuatro días son de mayoría sunita, mientras que las pocas voces de la región que rechazaron la ofensiva y hasta amenazaron con responder pertenecen a la alianza shiíta-alawita, encabezada por Irán, Siria y el partido-milicia líbanés Hezbolá, lo que profundiza la brecha sectaria del conflicto.

Durante la cumbre, El Araby defendió la intervención en Yemen y la creación de una fuerza militar estable por la "interferencia de potencias extranjeras" en los conflictos de la región. "Algunos vecinos están interfiriendo, Israel por un lado, Turquía e Irán, por otro, en varios países", explicó más tarde, en un conferencia de prensa, en referencia también a la guerra civil en Siria y el conflicto interno en Irak. El caso de Irak demuestra que no todos los Estados árabes se sumarán, al menos de inmediato, en esta nueva fuerza militar regional.

Bagdad, controlado por gobiernos de mayoría shiíta desde la invasión de EEUU en 2003, pidió más tiempo en la cumbre árabe para discutir la creación de una fuerza militar árabe. Finalmente, como otros países, aprobó la resolución final, pero sin comprometerse a participar activamente del nuevo brazo armado de la organización regional.

Ofensiva terrestre. Mientras el mundo árabe se prepara para formar una fuerza militar regional, claramente impulsada por las potencias de mayoría sunita, y crecen los rumores sobre una posible ofensiva terrestre de estos mismos países en Yemen, dentro de ese país la violencia no para de crecer. En Adén, segunda ciudad del país, en el sur, los combates nocturnos entre partidarios y antihutíes dejaron al menos 30 muertos, mientras que el balance por los actos violentos desde el jueves asciende ya a 100 fallecidos. Asimismo, los bombardeos aéreos de la coalición internacional liderada por Arabia Saudita inutilizaron el principal aeropuerto de Yemen, al tiempo que la Liga Arabe afirmaba que los ataques proseguirán hasta que los rebeldes hutíes "entreguen las armas". Por cuarta noche consecutiva, la coalición bombardeó objetivos hutíes.

La guerra del monarca saudita

Mientras los líderes árabes decidían sobre el destino de Yemen, su presidente Abed Rabbo Mansu Hadi quedaba en segundo plano. Hadi lleva semanas huyendo de los rebeldes hutíes dentro su propio país, después viajó a Arabia Saudita y de ahí llegó a Sharm el Sheij para acudir a la cumbre de la Liga Arabe. Los mandatarios árabes sesionaron en el balneario egipcio en un encuentro que iba a centrarse en principio en la lucha contra el terrorismo. Pero al final, el rey saudita Salman cambió la agenda hacia la guerra en Yemen.

Desde hace meses, los hutíes, de confesión shiíta, controlan gran parte de Yemen y expulsaron al gobierno de la capital Sanaá. Su "agresión es un enorme peligro para la seguridad y la estabilidad de toda la región", advirtió el monarca saudita, "y para el mundo entero". Desde hace cuatro días, una coalición de países árabes liderada por Riad bombardea posiciones de los hutíes en Yemen. Y en Sharm el Sheij, el rey Salman se mantuvo firme y decidido en continuar con la operación "Tormenta Decisiva". Pues tras los rebeldes se esconde algo más: "Fuerzas extranjeras en Yemen posibilitaron que los hutíes pese a ser un pequeño grupo, iniciara un golpe contra el gobierno". Esas "fuerzas extranjeras" eran una clara referencia al archienemigo saudita: Irán. El Estado shiíta es considerado el financiador secreto de los hutíes que operan en Yemen y que recuerdan a la milicia Hezbolá a la que también Teherán apoya en Líbano. Irán quiere así ampliar su influencia a Yemen, el más pobre de los países árabes, y con ello, abrirse una nueva zona de influencia estratégica en Medio Oriente, a la que sumar Líbano, Siria e Irak. Y es que Yemen, aunque apenas dispone de reservas petroleras, tiene el estrecho marítimo de Bab al Mandab, delante del cual desfilan cada día 4 millones de barriles de crudo. Además es una importante conexión entre el Mediterráneo y Asia. Arabia Saudita y Egipto ya estacionaron allí buques de guerra.

Influencia negativa. Los conservadores sunitas sauditas, hasta ahora la principal fuerza del Golfo, temen la influencia shiíta de Teherán. Pues mientras el rey Salman advertía del peligro iraní en Egipto, en Suiza el jefe de la diplomacia iraní negociaba con las potencias sobre su controvertido programa nuclear. Y los expertos esperan avances que podrían llevar a un acuerdo y a un mayor acercamiento entre Teherán y Occidente tras años de tensión. En el extremo de la península Arábiga podría ahora escalar una Guerra Fría entre Riad y Teherán que dura años. Arabia Saudita considera un "error histórico" las negociaciones nucleares con Irán y la guerra en Yemen se debe menos a un intento de ayudar a la población del país que al deseo de expulsar de allí a Teherán.

Para la región, la "aventura" saudita podría tener sin embargo consecuencias impredecibles: según asesores de seguridad estadounidenses, todos los participantes del conflicto se están "arrinconando" cada vez más en una faceta religiosa de la que "pronto se beneficiarán sólo los extremistas sunitas y shiítas". En Yemen, donde las crisis se han visto hasta ahora incendiadas más por clanes que por grupos religiosos, esa escalada del conflicto podría tener graves consecuencias: incluso convertir al país en un segundo Irak. La cumbre árabe decidió ayer formar una fuerza militar conjunta para luchar contra los peligros extremistas de la región. Esos peligros pueden referirse a grupos islamistas como Al Qaeda o el Estado Islámico... pero también los hutíes.

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