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La Iglesia de Cuba traza un balance positivo a 10 años de la visita del Papa

La celebración de los diez años de la unánimemente calificada “histórica” visita del Papa Juan Pablo II a Cuba, el 21 de enero de 1998, es un buen momento de hacer balance de los logros y carencias de la labor de la Iglesia Católica en la isla.

Domingo 20 de Enero de 2008

Por Silvia Ayuso / DPA

La Habana. — La celebración de los diez años de la unánimemente calificada “histórica” visita del Papa Juan Pablo II a Cuba, el 21 de enero de 1998, es un buen momento de hacer balance de los logros y carencias de la labor de la Iglesia Católica en la isla.
  El Papa polaco, reconocido como uno de los artífices de la caída del comunismo en su país natal, visitaba el país que había quedado como único refugio comunista del hemisferio occidental. Y su mismísimo líder, Fidel Castro, recibía al Sumo Pontífice y asistía a su misa.

Un gran impulso. “Fue una cosa muy grande, nos dio un gran impulso”. A Juan, un jubilado de La Habana que acude a misa a diario y aún recuerda cuando “ni los domingos” acudían “más de siete personas” a la iglesia, todavía se le ilumina la mirada al pensar en esos días. “Todas las misas, todas las calles, todo estaba repleto”, corrobora Caridad, otra católica confesa. Ni la propia jerarquía de la Iglesia cubana esperaba tal acogida.
  “La visita del Papa superó las expectativas”, reconoce el padre José Félix Pérez, secretario adjunto de la Conferencia de Obsipos Católicos de Cuba (COCC) y uno de los organizadores de la visita de Juan Pablo II en Cuba, del 21 al 25 de enero de 1998. Fueron cuatro intensos días de recorridas por la isla, misas por todo el país y visitas a diversos centros, con encuentros con los jóvenes y con los enfermos.
  El mismo Papa se mostró asombrado por la acogida. “Estaba feliz de la acogida de la gente, de la manera en que le cantaban. Siempre tuvo Juan Pablo II sentimientos muy especiales con respecto a Cuba y a su Iglesia, las llevaba en su corazón”, recordaba el arzobispo de La Habana, cardenal Jaime Ortega, en una reciente entrevista.
  Pero, más allá de los recuerdos emotivos, ¿qué queda una década después de la visita del Papa a Cuba? Aparte de la reinstitución del 25 de diciembre como día feriado, el único de carácter religioso en la isla, un efecto inmediato fue la “salida del armario” de muchos cubanos que hasta entonces no habían demostrado públicamente su fe.
  Si bien el Estado cubano había eliminado la definición de “ateo” de la Constitución en la reforma de 1992, en la que también declaró la libertad religiosa, tuvo que venir el Papa para que muchos se decidieran a dar el paso de entrar abiertamente a una iglesia.
  “La llegada del Papa primero hizo que nos descubriéramos católicos. Pues «yo estoy bautizado», antes no lo decían, lo ocultaban. La doble moral no existe tan fuerte como existía antes, ya se descubren un poquito”, explica Jesús María Luzarreta, párroco de la iglesia La Milagrosa, del habanero barrio de Santos Suárez.

  Sin embargo, tras el “boom” pospapal, que la Iglesia reconoce que no duró más de año y medio, el número de católicos practicantes volvió a bajar sensiblemente, aunque manteniéndose en cifras superiores a la época anterior a la visita de Juan Pablo II.
  Los datos que maneja la Iglesia en la isla estiman que un 60 por ciento de la población cubana es bautizada. Pero, según el último anuario pontificio, el número de bautizos cayó un 12 por ciento en esta década. Y son muchos menos los practicantes que los bautizados.

Exigencias políticas. ¿Tiene quizás la Iglesia algo que ver con este nuevo alejamiento de fieles? El sacerdote franciscano Pedro Angel Chasco considera que hay varios factores que hicieron que volviera a bajar la afluencia. “Mucha de la gente que se hizo cristiana en esa época se ha marchado (del país), otros (se perdieron) porque nos fueron quitando actividades, y otros se han decepcionado porque esperaban algo de nosotros que no nos toca, el cambio político. Se dieron cuenta que nosotros no íbamos a hacer nada por que cambiase esto”.
  Y es que a la Iglesia cubana, tras décadas de enfrentamientos con el Estado, le ha costado encontrar una vía de cohabitación pacífica con las autoridades comunistas. La llegada del Papa “fue un momento que dejó una certeza de que es posible convivir y, al mismo tiempo, tener una participación en la vida de la sociedad sin que esto sea conflictivo”, explicaba a la revista religiosa Espacio laical el cardenal Ortega.

No confrontar. Tampoco para el padre Luzarreta resulta inteligente buscar la confrontación directa. “En los enfrentamientos siempre pierdes. Hay temas políticos que no podemos cambiar. El comunismo es el comunismo. ¿Queremos una libertad religiosa como si no fuesen comunistas? No. Eso ya sabemos que no”, alega, defendiendo la postura de la jerarquía eclesial en la isla.
  Los más recientes mensajes de la Iglesia en Cuba han ido por esa vía moderada, pero haciéndose eco de los “cambios rápidos” que afirma reclama la sociedad. Como “logros” en esta década, la Iglesia reconoce un paulatino acceso a la población. De hecho, 2007 fue el año en que más procesiones hubo, y algunos obispos pudieron hablar por radio con motivo de la la Navidad, la Semana Santa y el día de la Virgen de la Caridad.
  Pero, advierte el padre José Félix Pérez, esto es aún “insuficiente”. Un “mayor acceso a los medios de comunicación”, la “construcción de templos” nuevos y la “presencia en los medios educativos” son los principales reclamos de la Iglesia.

Visita vaticana.  Dentro de un mes el secretario de Estado del Vaticano, cardenal Tarscisio Bertone, visitará Cuba para conmemorar la visita del Papa e inaugurar monumentos alusivos a la “histórica” visita.
  Muerto Juan Pablo II y enfermo Fidel Castro, el número dos del Vaticano ha declarado su intención de reunirse con el gobernante interino, Raúl Castro. En esa visita, la de mayor rango que espera la Iglesia cubana para los próximos años, Bertone podrá comprobar por sí mismo si la isla atendió al mensaje de Juan Pablo II de que “Cuba se abra al mundo, y el mundo a Cuba”.

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