Domingo 29 de Junio de 2008
Jerusalén. — Los Altos del Golán, sobre los que Israel y Siria negocian de nuevo después de ocho años de pausa, son doblemente estratégicos. Desde la disputada meseta se divisan tanto Damasco como la Alta Galilea israelí. Pero además en el territorio se sitúa el nacimiento del río Jordán, la principal fuente de abastecimiento de agua de Israel, los palestinos y Jordania.
La soberanía sobre el Golán, de apenas 1.150 kilómetros cuadrados de superficie, implica pues el control sobre un bien escaso en Medio Oriente, que es motivo de décadas de disputas y, al mismo tiempo, una de las claves para alcanzar la paz. También la solución al conflicto entre Israel y los palestinos depende en gran parte del control sobre los recursos hídricos en la que es una de las regiones más secas del planeta.
Lo estipulado por la ONU. Incluyendo el agua destinada a la industria y la agricultura, la ONU estima en unos mil metros cúbicos por persona y año el consumo mínimo que necesita un país para que su economía se desarrolle sostenidamente. Ante la escasez regional, Israel y Jordania se encuentran lejos de alcanzar ese límite, con 370 y 220 metros cúbicos, respectivamente. En el caso de los palestinos, apenas llega a 100 metros cúbicos per cápita.
El agua empezó a convertirse en causa de disputa ya en los años 50 y 60, cuando Israel construyó un acueducto que hasta hoy transporta el agua desde el lago Tiberiades, el principal depósito de agua dulce de la región, hacia el sur del país. En 1964, la Liga rabe contrapuso a dichas obras un plan para redirigir las fuentes del Jordán antes de que el agua llegue a Israel, lo que hubiera sido catastrófico para el Estado judío.
Sin embargo la Guerra de los Seis Días de junio de 1967 truncó por completo estos planes árabes. Israel invadió los Altos del Golán, dando lugar a una ocupación que dura hasta hoy y que es el tema central en las negociaciones entre Israel y Siria, mantenidas indirectamente bajo mediación turca. En 1967, Israel ocupó asimismo Cisjordania, donde se encuentra también precisamente la mayor concentración de aguas subterráneas de la zona. Desde entonces los palestinos ya no tienen permitido perforar nuevos pozos y deben pedir autorización incluso para reparar las viejas bombas averiadas.
Por esto el consumo de los palestinos ha quedado prácticamente estancado a los niveles de hace 40 años, mientras el agua no extraída por ellos fluye hacia los asentamientos judíos o hacia territorio israelí. Según un estudio del Banco Mundial, Israel utiliza cuatro quintas partes de las aguas subterráneas de Cisjordania.
Para que los palestinos puedan llegar a disponer de su propio Estado, sus autoridades deben recibir también la soberanía sobre sus reservas de agua. En los Acuerdos de Oslo de 1993, se autorizó a la Autoridad Nacional Palestina (ANP) a establecer una instancia oficial para la administración y distribución del agua. Pero la cuestión de los derechos sobre las reservas se pospuso hasta las negociaciones sobre un acuerdo de paz definitivo, retomadas a finales de noviembre pasado en la cumbre de Annapolis, tras siete años de pausa.
El acuerdo con Jordania. Al tema del agua va intrínsecamente unido el de las fronteras definitivas de Israel y el ansiado Estado palestino. La cooperación en el tema del agua fue uno de los puntos principales en el acuerdo de paz firmado en 1994 entre Israel y Jordania. Esta recibió una participación mayor en el caudal del Yarmuk, un afluente del Jordán, y además puede bombear agua del lago Tiberíades en temporadas de sequía, al tiempo que ambos países acordaron trabajar conjuntamente en la búsqueda de nuevas fuentes de agua.