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La destitución de Dilma Rousseff puede costar muy cara a Brasil

Las masivas protestas y los cacerolazos tienen en jaque a la presidenta brasileña Dilma Rousseff. Para los analistas, un eventual juicio político sería un retroceso.  

Miércoles 19 de Agosto de 2015

Cuidado con los deseos porque pueden hacerse realidad, advierten los expertos: los llamados a la salida de la presidenta brasileña, Dilma Rousseff, pueden costar caro a esta potencia democrática que conquistó con dificultad la estabilidad en los últimos 20 años. Casi un millón de brasileños salieron a las calles el domingo por tercera vez en seis meses al grito de "¡Fuera Dilma!", reclamando su renuncia, nuevas elecciones o el impeachment (juicio político) de la ex guerrillera de 67 años que comenzó su segundo mandato hace menos de ocho meses. Las razones del pedido son múltiples: la economía está de capa caída hace cuatro años —el año 2015 cerraría con una contracción de 2 por ciento, y se prolongaría hasta 2016, según el último pronóstico de los analistas financieros—, la inflación llega a casi 10 por ciento, el desempleo ha subido, los salarios han caído, el real ha perdido un cuarto de su valor frente al dólar.

Muchos brasileños sienten que Rousseff les mintió en la campaña electoral, prometiendo gastos sociales y criticando la agenda conservadora de sus rivales, para comenzar a implementar un duro ajuste inmediatamente después de ganar. "Está muy bien que la gente salga y proteste y hasta que pida la salida de la presidenta, pero ¿para poner a quién? El presidente de la Cámara baja [Eduardo Cunha] está siendo investigado por corrupción y la verdad es que por ahora no apareció nada concreto contra Dilma", dijo André Perfeito, economista jefe de la consultora Gradual Investimentos en San Pablo. Cunha es el enemigo más poderoso de Rousseff en el Congreso y, como presidente de la Cámara de Diputados, tiene la llave para dar luz verde a un proceso de juicio político.

"Remedio amargo. El ambiente político y social está también fuertemente contaminado por un gigantesco escándalo de corrupción en la estatal Petrobras EM_DASHel mayor en la historia del paísEM_DASH que salpica al oficialista Partido de los Trabajadores (PT, izquierda) y a varios de sus socios en la coalición de gobierno. Y aunque Rousseff dirigió el consejo de administración de Petrobras entre 2003 y 2010, no ha sido acusada de ningún delito. La presidenta sí es acusada de manipular las cuentas públicas y de financiar su campaña electoral con fondos ilegales, dos asuntos que son investigados y que podrían conducir a un impeachment (juicio político). Pero éste debe ser aprobado por dos tercios de la Cámara de Diputados y requiere un proceso especial en el Senado.

Rousseff fue electa con un 52 por ciento de los votos, pero hoy su gestión es aprobada por solo un 8 por ciento de la población. Un 66 por ciento dice apoyar su juicio político, según la encuestadora Datafolha. Pero cuidado, a veces el remedio puede ser peor que la enfermedad, advierten analistas. "El impeachment puede ser un remedio muy amargo, y los efectos colaterales muy penosos" y "traumáticos", dijo Michael Mohallem, experto en política y derecho de la universidad privada Fundación Getulio Vargas (FGV). "La clase media quiere sacarla del poder de cualquier forma, pero nuevamente, ¿para qué? ¿para llamar de nuevo a elecciones? En el empresariado y en la élite existe la idea de que su salida sería aún peor", dijo Perfeito. La prensa brasileña parece tener ahora la misma opinión: después de haber publicado un fotomontaje con la cabeza de Rousseff en una bandeja, ahora defiende en editoriales que la mandataria termine su gobierno.

Para el historiador británico Kenneth Maxwell, autor de varios libros sobre Brasil, un impeachment representaría un retroceso. "Dilma puede sobrevivir básicamente porque las alternativas también son malas. Y hasta los que desean verla fuera, al final, pueden preferir una presidenta debilitada a que integrantes del Congreso controlen el país", dijo Maxwell. "El problema es que quien sucedería a Dilma sería de un partido como el PMDB, que está involucrado en un montón de escándalos" de corrupción, dijo Maxwell, recordando que tanto el presidente de la Cámara baja como del Senado, ambos del PMDB, el mayor aliado del PT en la coalición, son investigados.

Los analistas celebran que Rousseff haya permitido a la Justicia y a la policía avanzar en una inédita investigación de la corrupción en Petrobras que ha puesto ya en la cárcel al tesorero del PT Joao Vaccari, a quien fue jefe de gabinete del ex presidente Luiz Inacio Lula da Silva, Jose Dirceu, y a varios de los principales empresarios de Brasil.

"Aunque debilitada y con su partido involucrado en la corrupción, Rousseff ha demostrado mucha independencia, ha garantizado la independencia de las instituciones. Esos son trazos de una democracia sólida", dijo Mohallem, de la FGV.

Irónicamente, la presidenta que llevó a Brasil a su peor crisis en dos décadas podría terminar, a su pesar, fortaleciendo a la nación sudamericana.

Llega Merkel

La canciller alemana, Angela Merkel, viajará hoy a Brasil para reunirse con Rousseff. En el encuentro previsto para mañana, Merkel pedirá una mayor apertura de los mercados y más seguridad jurídica para los inversores y empresas alemanes. Actualmente hay unas 1.400 empresas alemanas en Brasil, que producen alrededor del 12% del PIB y generan unos 250.000 puestos de trabajo.

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