El Mundo

La desaparición de ETA se mueve entre muchas incógnitas y la indiferencia

El gobierno de Rajoy busca restar cualquier repercusión al anuncio, e insiste que el grupo no se disuelve sino que fue derrotado.

Jueves 03 de Mayo de 2018

La disolución que el grupo armado vasco ETA anunciará supuestamente mañana marcará el cierre definitivo de medio siglo de terrorismo en España, pero la fecha viene despertando más dudas e indiferencia que estremecimiento histórico. La incógnita sobre qué anunciará exactamente ETA y en qué formato, la falta de credibilidad de unas siglas con más de 850 asesinatos a sus espaldas y la percepción social de que el grupo lleva tiempo enterrado en el pasado restaron atención pública al acontecimiento.

Mientras la prensa extranjera ignora el tema, en la española aparece subordinado a otros asuntos que dominan la actualidad como la crisis independentista en Cataluña, los problemas del Partido Popular (PP) de Mariano Rajoy o el escándalo por la leve sentencia impuesta a "La Manada", cinco hombres acusados de una violación grupal. "ETA ha asumido al fin que ha sido derrotada, que no ha conseguido sus objetivos ni los va a conseguir nunca y ha decidido renunciar a unas simples siglas vacías y en descomposición", escribió el ministro del Interior español, Juan Ignacio Zoido, en un artículo publicado ayer en el diario El Mundo. "Pero no es lo poco que queda de ella quien fijará su desaparición completa, real y efectiva", advirtió el funcionario español. Serán las fuerzas de seguridad las que "verificarán y certificarán" si la disolución es cierta. "Y, desde luego, seguirán persiguiendo a los terroristas y trabajando para esclarecer los asesinatos que quedan por resolver".

No habrá concesiones

El gobierno en Madrid niega así de plano contraprestaciones a la desaparición de ETA y busca restar repercusión a cualquier anuncio que haga para dejar claro un mensaje: el grupo no se disuelve, sino que ha sido derrotado; nada tiene que exigir, solo puede responder. Todo lo contrario intentan ETA y las plataformas que gestionan su disolución. Su objetivo pasa por dar visibilidad internacional al proceso y convertirlo en un "gesto" que sea respondido, por ejemplo, con el acercamiento al País Vasco de los etarras presos (unos 300) en su mayoría en cárceles situadas lejos de la región.

La disolución tiene por el momento forma incierta. El único evento concreto anunciado hasta ahora es una "conferencia internacional" para sellar una "paz justa y duradera" mañana en la localidad francesa de Cambo-les-Bains. La prensa española especula con que representantes de ETA, posiblemente encapuchados, filmarán además hoy un video con el anuncio que será difundido el mismo día por la emisora británica BBC. "Hay que esperar a ver en qué se concreta", indicaron con prudencia fuentes antiterroristas.

Pese a las incógnitas y a la falta de atención mediática, todo indica que los actos y anuncios de esta semana cerrarán formalmente el capítulo más oscuro en la historia reciente de España. ETA, siglas de "Euskadi ta Askatasuna" (Patria Vasca y Libertad en vasco), nació en 1959 en plena dictadura franquista (1939-1975) con la reivindicación central de crear un Estado vasco independiente formado por las regiones vascas del norte de España, la vecina Navarra y el sur de Francia.

En esa "lucha armada" mató a 853 personas, según cifras del Ministerio del Interior, y dejó acciones que marcaron la historia de España como el asesinato del entonces presidente del gobierno Luis Carrero Blanco con un coche bomba en 1973 o la colocación de una bomba que dejó 21 muertos en un supermercado en 1987. Tras varios intentos frustrados de negociación y treguas quebradas, ETA anunció su adiós unilateral a las armas en 2011, poco antes de la llegada del conservador Mariano Rajoy al gobierno.

El grupo terrorista intentó desde entonces negociar su desarme y su disolución a cambio de mejorar la situación de sus presos, pero la negativa tajante de los gobiernos de España y Francia y las continuas detenciones de sus sucesivos líderes llevaron a ETA a escenificar la entrega de sus armas en abril de 2017. La disolución, el último paso pendiente, se producirá esta semana, según adelantaron el propio grupo y colectivos vascos. Se cerrará así un capítulo, pero no la historia de violencia que marcó durante medio siglo a la España moderna: queda el dolor de las víctimas, las heridas abiertas de la sociedad vasca y 300 crímenes aún por aclarar.

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