El Mundo

La crisis en Venezuela desata la deserción y el hambre entre los militares

Soldados relatan con crudeza cómo se ven forzados a pedir comida y buscar otros empleos para subsistir. El gobierno chavista niega disensos

Sábado 19 de Mayo de 2018

Al ingresar hace dos años y medio a la Guardia Nacional de Venezuela, un joven sargento confiaba en que su vida daría un giro que le permitiría dejar atrás la pobreza sin imaginar que terminaría renunciando y dedicándose a cambiar neumáticos para reunir los ingresos que le permitieran alimentar a su familia. En este país petrolero, ni siquiera las fuerzas armadas lograron escapar a la crisis económica. Agobiado por las dificultades de mantener a su esposa embarazada y a su hijo de dos años, al delgado sargento de 21 años —que habló en condición de anonimato— no le quedó más que sumarse a los miles de militares que abrumados por la crisis desertaron o solicitaron su baja para buscar un empleo más rentable o migrar a otros países como lo hicieron más de dos millones de venezolanos. Los rigores de la crisis también golpearon el núcleo de los cuarteles donde se redujo la dieta diaria de los uniformados, situación que obliga a muchos a llevar su propia vianda para desayunar o almorzar, o a extender sus permisos de salida para alimentarse en casa.

   En algunas regiones, como la isla caribeña de Margarita, ya es común ver a jóvenes soldados famélicos que visten uniformes verde oliva y caminan armados con fusiles, pero al amanecer van al mercado municipal de Conejeros, como muchos mendigos, a pedir a los comerciantes que les regalen verduras y frutas para comer. "No sé cómo hacen mis compañeros para vivir, pero si no salgo de esto moriré de hambre", afirmó decepcionado el sargento al admitir que su ingreso de 2 dólares mensuales ya no le alcanza para alimentar a su familia ni para pagar el alquiler del departamento donde reside. Además, admitió que al igual que el resto de la población se vio golpeado por la hiperinflación, que alcanzó en abril una tasa anualizada de 13.776%, y que llevó el año pasado a que seis de cada diez venezolanos perdieran 11 kilos de peso en medio de una ola de pobreza que ya toca a 87% de la población. Por ello, para completar sus ingresos, el sargento buscó un empleo en una gomería donde cambia llantas en sus días de descanso. "Lo que ganó allí es más del doble de lo que recibo en la GN", dijo.

   En medio de la proliferación de informaciones sobre de las detenciones de altos oficiales descontentos y de denuncias sobre la crisis que golpea a los cuarteles, apareció el ministro de Defensa, general Vladimir Padrino López, en un acto en Fuerte Tiuna, el mayor de Caracas, para anunciar la activación de un plan especial para atender a militares ante las dificultades económicas. Padrino López denunció la existencia de "intentos de división" en la fuerza armada pero descartó que pueda darse un golpe de Estado en Venezuela. Parte de lo que se consume en los hogares militares provienen del Comité Local de Abastecimiento y Producción (CLAP), que vende productos subsidiados, pero la mayoría de los alimentos los deben adquirir en comercios privados a precios casi inalcanzables para los bolsillos de los uniformados. Hasta la década pasada, los uniformados se alimentaban sin dificultades en los cuarteles, pero la situación cambió debido a que las raciones y la calidad de los alimentos mermaron de manera drástica. Los militares venezolanos son los peores pagados de Latinoamérica con salarios mensuales que rondan entre 2 dólares en los rangos más bajos y 11 ó 12 para generales y almirantes. En contraste, los sueldos de países como México van desde 300 dólares en los grados bajos hasta 6.000 dólares en los superiores. Las dificultades económicas y sociales que padecen los miembros de las fuerzas armadas desataron en los últimos meses retiros masivos y deserciones que se estiman en varios miles, afirmó Hernán Castillo, especialista en temas militares y académico de la Universidad Simón Bolívar. Esto afecta la operatividad del grupo debido a que muchos cargos quedan vacantes o son asumidos por militares con menor experiencia.

   Las fuerzas armadas venezolanas están integradas por unos 150.000 uniformados. En este país miles de militares suelen desplegarse en las calles para planes especiales de combate a la delincuencia y represión de las protestas, así como para vigilar centros electorales. Al ser consultado sobre los miles de pedidos de baja y deserciones y el impacto que eso genera en la operatividad del ejército, el jefe del Comando Estratégico Operacional, almirante Remigio Ceballos, declaró tajante: "Para nada, eso es mentira". Los retiros y deserciones se multiplicaron a raíz de las violentas protestas antigubernamentales del año pasado en las que los militares jugaron un papel fundamental para garantizar la permanencia en el gobierno del presidente Nicolás Maduro, quien buscará la reelección en los comicios de mañana. La fuerte represión de las protestas que dejaron al menos 120 muertos y cientos de heridos, la proliferación de los casos de militares implicados en robos, contrabando, asesinatos y tráficos de drogas, así como la politización de la fuerza armada, exacerbaron el malestar dentro de los cuarteles. Si bien es frecuente ver a Maduro en actos públicos acompañado del alto mando militar en una muestra del sólido respaldo a su gobierno, el abogado Alonso Medina Roa, que representa militares detenidos, afirmó que hay muchos integrantes del Ejército que no están de acuerdo con la manera en la que Maduro conduce el país. Agregó que el descontento no sólo se expresa en las renuncias y deserciones, sino también en reuniones privadas que sostienen algunos oficiales y que las autoridades catalogan como "actos de conspiración". Grupos que estudian el crimen organizado reportaron en 2017 la detención de 50 militares por hechos delictivos. En lo que va de 2018 fueron apresados al menos 90 oficiales y personal de tropa profesional por participar en supuestos complots contra el gobierno.

   La difícil situación económica que enfrenta la tropa y oficiales medios contrasta con la posición de poder que mantienen algunos altos oficiales que controlan casi la mitad de los 32 ministerios y otros organismos estatales, el principal programa estatal de abastecimiento de alimentos y la corporación estatal Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA). Algunos medios difundieron reportes sobre altos oficiales que viven en exclusivas urbanizaciones de Caracas y ostentan una vida de lujos que no coincide con sus ingresos. Atrás quedó el recuerdo de mejores años, en pleno auge de la revolución chavista a inicios de siglo, en que todos los militares eran identificados como un grupo privilegiado a los que el gobierno les daba, además de importantes cargos en ministerios y empresas estatales, viviendas, autos y electrodomésticos con condiciones especiales de financiamiento. Al preguntarle al joven sargento si recibió alguno de esos beneficios, el uniformado soltó una carcajada y señaló con ironía hacia sus desgastadas botas negras: el único recurso que tiene para transportarse al trabajo.

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