El Mundo

La amenaza del "impeachment" planea sobre la Casa Blanca de Donald Trump

El proceso de destitución cobró fuerza esta semana tras las acusaciones de su ex abogado de que compró el silencio de dos amantes cuando era candidato.

Domingo 26 de Agosto de 2018

Las especulaciones sobre un posible juicio político en contra de Donald Trump volvieron a tomar fuerza esta semana luego de que fuera acusado de haber comprado el silencio de dos mujeres con las que supuestamente tuvo relaciones extramaritales. Las acusaciones —que se suman a la incómoda investigación sobre la supuesta interferencia de Rusia en las últimas elecciones estadounidenses de 2016— surgieron como parte del juicio en contra de su ex abogado, Michael Cohen, y si Trump no fuera presidente de Estados Unidos probablemente ameritarían cargos criminales. Sin embargo, los expertos coinciden en que no puede ser procesado criminalmente durante su presidencia. Y la única forma en la que puede ser destituido es a través del proceso que se conoce en inglés como impeachment. El término se puede traducir como "acusación", "destitución" o "juicio político".

La respuesta amenazante de Trump a la posibilidad de ser forzado a tener que dejar la Casa Blanca fue: "Háganme un «impeachment» y los mercados se hundirán".

El Congreso tiene la palabra

En este contexto, el impeachment es el juicio político que tiene lugar en el Congreso de Estados Unidos con vistas a una posible destitución del presidente. La Constitución del país establece que el presidente "debe ser destituido de su cargo si es acusado de y condenado por traición, soborno, u otros crímenes o delitos graves". El proceso debe ser iniciado por la Cámara de Representantes (Cámara baja) y nada más necesita de una mayoría simple para ser activado. Cualquier miembro de la cámara puede presentar una resolución pidiendo la destitución del presidente si considera que éste es culpable de algún delito grave. La Cámara de Representantes evalúa las acusaciones, y si una mayoría simple (51 por ciento) aprueba la destitución, se procede al juicio político.

El proceso, sin embargo, tiene lugar en el Senado. Y ahí se necesitan dos tercios de los votos para destituir al presidente. Si el mandatario es hallado culpable por el 67 por ciento de los senadores, es destituido del cargo. El vicepresidente asume el puesto por el resto del mandato presidencial. Y esto nunca ha pasado en la historia de Estados Unidos. A pesar de que la amenaza ha pendido sobre la cabeza de numerosos mandatarios estadounidenses, solamente dos fueron llevados a juicio político.

El más reciente fue el demócrata Bill Clinton, el 42º presidente de Estados Unidos, quien fue procesado tras ser acusado de perjurio en frente de un gran jurado y de obstrucción de justicia, después de que mintiera sobre la naturaleza de su relación con la pasante Mónica Lewinsky y supuestamente también le pidiera a ésta que mintiera. En diciembre de 1998, la Cámara de Representantes votó 228 a 206 a favor de enjuiciar a Clinton por la primera acusación, y 221 a 212 por la segunda. Para esa época, sin embargo, el nivel de aprobación popular de Clinton como presidente era 72 por ciento. Y cuando el caso llegó al Senado, en 1999, la acusación estuvo lejos de conseguir los dos tercios de votos que necesitaba para prosperar. En su prisa por destituir al presidente, (los congresistas republicanos) nunca se detuvieron a pensar si las acusaciones podían ser probadas más allá de cualquier duda razonable, dijeron analistas políticos en aquel momento.

Efectivamente, el único otro presidente norteamericano llevado a juicio político fue el número 17º, Andrew Johnson, quien ocupó el cargo por dos períodos a partir de 1865. Fue procesado por la Cámara de Representantes en 1868, solo 11 días después de que destituyera a Edwin Stanton, su "ministro de Guerra", quien no estaba de acuerdo con sus políticas. Y las similitudes entre la destitución de Stanton y la del director del FBI James Comey en mayo de 2017 —un hombre que aparentemente tampoco estaba de acuerdo con las políticas de Trump— fueron destacadas por la prensa del país. A diferencia de Clinton, sin embargo, Johnson se salvó por los pelos: los dos tercios en el Senado no se alcanzaron por un único voto, gracias al número de republicanos que había en la Cámara alta. No todos apreciaban a Johnson, pero el senador por Iowa James Grimes justificó su apoyo diciendo: "No puedo aceptar destruir el funcionamiento armonioso de la Constitución solamente para que nos podamos deshacer de un presidente inaceptable".

Ahora, en el caso de Trump, las opiniones están divididas luego de que su ex abogado personal lo implicara en el pago por el silencio a dos mujeres con las que el presidente tuvo relaciones extramatrimoniales: la actriz porno Stormy Daniels y con una ex conejita de Playboy llamada Karen McDougall. Cohen se declaró el martes culpable en el tribunal federal de Manhattan de ocho cargos penales, admitiendo que "en coordinación y bajo la dirección de un candidato a un cargo federal" actuó para mantener información que habría sido perjudicial para el candidato y la campaña se hagan públicos durante el ciclo de elecciones de 2016. Aunque el propio Trump no es nombrado, la presentación ante el tribunal se refiere a un individuo-1, que para enero de 2017 se había convertido en presidente de Estados Unidos. Según los expertos de Lawfare Blog, en teoría el mandatario puede ser acusado de haber violado su juramento de "preservar, proteger y defender" la Constitución de Estados Unidos. En la práctica, sin embargo, es mucho menos probable.

Control republicano

Si la actual Cámara de Representantes estuviera controlada por los demócratas, es casi seguro que los artículos para el impeachment ya se estarían redactando. Pero la realidad es que los republicanos controlan tanto la Cámara baja como el Senado. Y la vasta mayoría de republicanos se ha mantenido leal a Trump, quien también ha conseguido mantener niveles de aprobación bastante estables, como destacó este mes el Pew Research Center. Por supuesto, hay notables excepciones, como el senador John McCain, quien comparó los escándalos que rodean a Trump con la crisis del Watergate, que le costó la presidencia a Richard Nixon. Contrario a lo que se cree, el presidente Nixon no fue sometido a un juicio político por el escándalo de espionaje de Watergate. El mandatario republicano, que se vio vencido antes del proceso, optó por renunciar a su cargo, en 1974.

De manera que, en principio, la salida de Trump no es tan clara. Sin embargo, el ruido de juicio político se mantiene.

Las lealtades no duran en Washington

Para Donald Trump, la característica más importante en una persona siempre ha sido la lealtad. Pero ahora, en medio de una intensa lucha política, el presidente se está dando cuenta de que ese atributo puede ser efímero. Michael Cohen, que por mucho tiempo fue aliado incondicional de Trump, esta semana se declaró culpable de una serie delitos en los que implicó al presidente. Poco después se informó que David Pecker, otro incondicional del presidente y director de la empresa que publica la revista National Enquirer, está cooperando con la fiscalía a cambio de inmunidad. La deserción de Cohen, quien en otros tiempos se jactaba de estar dispuesto a "recibir una bala" para proteger a Trump, resultó ser muy inquietante para el mandatario. Y el abogado es apenas el más reciente en una larga lista de antiguos aliados que se distanciaron del presidente, en un desesperado afán por salvarse. Como ejemplos están Pecker, la ex asesora afroamericana de la Casa Blanca Omarosa Manigault Newman (que escribió un libro contra Trump) y el ex asesor de seguridad nacional Michael Flynn.

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