Lunes 15 de Mayo de 2023
Turquía definirá en segunda vuelta el próximo 28 de mayo, quién regirá los destinos el país. El presidente Recep Tayyip Erdogan no logró como en veces anteriores, imponerse en la primera vuelta. El responsable de este retroceso del autoritario líder turco es el socialdemócrata Kemal Kilicdaroglu, quien logró una hazaña democrática al frente de una coalición multicolor. Erdogan se quedó en 49,51% de las preferencias, pero Kilicdaroglu alcanzó un 44,88%. Erdogan gobierna con mano de hierro desde 2003 y ahora por primera vez tiene un verdadero desafío electoral. El presidente es un islámico ultraconservador, mientras que su desafiante es un socialdemócrata que mantiene las tradiciones laicistas que identifican a Turquía desde que se convirtió en república hace un siglo, en 1923. Lo apodan el “Gandhi turco”.
¿Quién es este hombre de 74 años que llevó a casi la mitad del electorado turco a rechazar a Erdogan? “Derechos, ley, justicia”, fue el lema de campaña ideado por Kemal Kilicdaroglu, líder del partido laico de centroizquierda CHP. El contundente mensaje se gritó con fuerza en los mítines de la oposición.
El lema se originó en 2017, cuando Kilicdaroglu encabezó “la marcha de la justicia”, un prolongado y enorme mitin político para protestar por las detenciones y purgas de miles de disidentes tras el intento de golpe de Estado de julio de 2016. La gran mayoría no tenían ninguna relación con los golpistas, eran críticos del creciente autoritarismo de Erdogan. Docentes, periodistas y políticos opositores llenaron las cárceles turcas. Erdogan a partir de entonces fue visto como un gobernante abiertamente autoritario. Sus lejanos tiempos de "islamista moderado" quedaron atrás y como un disfraz para engañar a las clases medias urbanas y a los vecinos europeos. Turquía es miembro de la Otán y durante años se planteó su ingreso en la Unión Europea, algo que con la radicalización de Erdogan quedó definitivamente en el olvido.
La marcha de 2017, de 450 kilómetros de Ankara a Estambul, a la que asistieron cientos de miles de personas durante unas tres semanas, fue pacífica, pero aun así recibió ataques de militantes del partido del presidente y sus aliados. Kilicdaroglu continuó impertérrito la marcha, instando a sus partidarios a no responder a las provocaciones, lo que también le valió el apodo de “Gandhi turco” en el extranjero.
La calma y el porte sereno son algunas de las principales características de este político de 74 años que ha pasado los últimos veinte en partidos de la oposición a Erdogan. Nacido en el seno de una familia de origen humilde en Anatolia central, tras una brillante carrera como estudiante de economía, Kilicdaroglu trabajó durante mucho tiempo en el Ministerio de Finanzas y luego fue director del Instituto Turco de Seguridad Social. Lo dejó en 1999 para lanzarse a la política con una formación de centroizquierda, y en 2002 fue elegido diputado con el CHP, el mayor partido de la oposición en el Parlamento, nacionalista y firmemente laico, fundado en 1923 por el padre de la República de Turquía, Mustafa Kemal Ataturk. Es precisamente la tradición laica de Ataturk la que Erdogan erosionó en sus 20 años de poder, haciendo que Turquía retornara al islamismo.
Fue el mismo año 2002 de la primera victoria electoral del partido de Erdogan, AKP, que se convirtió en primer ministro al año siguiente, inaugurando una temporada de 20 años al frente de los gobiernos turcos que dura hasta hoy. La marcha por la justicia fue el mayor éxito de la carrera política de Kilicdaroglu, que hasta ahora nunca ha logrado con su partido socavar el mandato de Recep Tayyip Erdogan. La única excepción son las elecciones locales de 2019, en las que dos miembros de su partido fueron elegidos alcaldes en la capital, Ankara, y Estambul, imponiéndose a los candidatos del AKP, que gobernaban las dos ciudades turcas más importantes desde principios de la década de 2000.
Sin cuestionar en ningún momento el alma laica del partido, Kilicdaroglu ha trabajado para llevar al CHP hacia posiciones socialdemócratas y conciliadoras con segmentos de la sociedad turca que la formación política había ignorado, por no decir que se había opuesto, como las minorías religiosas o la kurda. De esta forma consiguió crear una amplia alianza para hacer frente a Erdogan formada por fuerzas muy diferentes —incluidos partidos islamistas— y sobre todo encontrar el apoyo de la principal formación prokurda, el YSP, que pidió a sus votantes que votaran a Kilicdaroglu. Rompió un tabú al hablar de sus orígenes alevíes, una corriente minoritaria del islam y foco de ataques y discriminaciones. “Nuestras identidades son los recursos que nos hacen ser quienes somos”, dice Kilicdaroglu dirigiéndose a los jóvenes.