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Joe Biden logró una victoria sobre Trump bastante más ajustada de lo que se pronosticaba

La diferencia en votos populares se ubica en unos 5 millones sobre más de 140 millones. Trump se encerró en su base radicalizada, y no le bastó, Biden supo captar el voto suburbano y de adultos mayores

Sábado 07 de Noviembre de 2020

Joe Biden ganó la presidencia de EEUU, desplazando a Donald Trump después de cuatro años de agitación y gestión caótica en la Casa Blanca.

Trump es el primer presidente desde 1992 que no gana un segundo mandato. Pero los resultados que logró, muy ajustados en muchos estados clave, junto con un desempeño mediocre de los demócratas, dejará a los partidos demócrata y republicano enfrentando una crisis de identidad. Biden recababa este sábado el 50,6% del voto, con casi 75 millones de votos contados, mientras Trump superaba con holgura los 70 millones de votos y llegaba al 47.7% de los sufragios. Una victoria mucho más estrecha de la pronosticada por las empresas de sondeos durante las semanas previas. Esto deja a Trump y a los republicanos con un plafond muy importante de base electoral.

Biden, el ex vicepresidente, triunfó como una fuerza normalizadora. Logró definir la carrera como un referéndum sobre Trump, cuyo caótico gobierno, gestionado a menudo a través de tuits, puso a prueba la paciencia de un electorado cansado.

Trump y su campaña se comprometieron este sábado a disputar los resultados y continuar una batalla legal para desafiarlos.

Biden dijo en una declaración preparada que se siente "honrado por la confianza que el pueblo americano ha puesto en mí y en la vicepresidenta electa Kamala Harris". "Frente a obstáculos sin precedentes, un número récord de estadounidenses votó", agregó. "Demostrando una vez más, que la democracia late profundamente en el corazón de Estados Unidos. Con la campaña terminada, es hora de dejar atrás la ira y la dura retórica y unirnos como nación".

Trump sufrió de índices de aprobación pública persistentemente bajos y estaba golpeado por su desatenta y displicente política frente a la pandemia, que ha matado a más de 230.000 estadounidenses. El coronavirus se disparó en todo el país en medio de la votación anticipada y en el día de las elecciones. Sigue rompiendo récords este sábado, mientras los demócratas celebraban en las calles de todo el país.

El Partido Republicano se enfrenta ahora a una encrucijada. El "GOP", como se lo apoda, se ha rehecho a sí mismo a su imagen. Los republicanos hayan aceptado o no la política radical de Trump, sus negaciones de la ciencia y, más recientemente, sus esfuerzos para socavar la confianza del público en las elecciones, se llevan una buena elección en muchos distritos. Y su distanciamiento de Trump ya comenzó: fueron vistosos y cada día más numerosos los pronunciamientos de figuras de primer nivel del partido que rechazaron las denuncias de "fraude" y "votos ilegales" que hizo Trump desde la misma noche de las elecciones.

Los excesos de Trump apelaron a sus fervientes partidarios, pero las elecciones mostraron que su base de fieles es demasiado estrecha.

En la vereda de enfrente, las elecciones no estuvieron a la altura que muchos demócratas esperaban. Los estrechos márgenes a lo largo de los cuales se decidió el resultado reforzaron lo polarizado que sigue estando el electorado, y Biden puede verse obstaculizado por un Senado que casi con seguridad siga en manos republicanas.

Aun así, Biden rompió el récord de Barack Obama en 2008 de más votos emitidos para un candidato presidencial. Biden representará una especie de retorno a la era Obama, no sólo instalando de nuevo en la Casa Blanca al número 2 del ex presidente, sino haciendo historia con la elección de Kamala Harris como primera mujer, primera asiática americana y primera vicepresidenta negra.

Biden, que una vez se refirió a sí mismo como un "candidato de transición", ahora supervisará un reequilibrio dramático de poder en la política estadounidense. Se espera que revierta rápidamente las políticas de la era Trump relacionadas con la inmigración y el cambio climático y que adopte una postura más estricta en cuanto al coronavirus. Ha prometido seguir una agenda legislativa que incluye el aumento de los impuestos a los ricos y la expansión de los programas de atención médica y de asequibilidad universitaria.

Biden impulsó su campaña ganadora en una coalición de bloques de votantes demócratas tradicionales, a los que les sumó a los "suburbanos", a independientes y a los mayores de 60 años. Dio vuelta Arizona, ayudado por los cambios demográficos de ese estado, pero también ganó los estados del Cinturón de Oxido (Rust Belt), Michigan y Wisconsin, que Trump había ganado hace cuatro años.

Trump, mientras tanto, logró resultados decrecientes, apelando abiertamente a una base demográfica cada vez más reducida de blancos rurales y suburbanos. Biden, dijo, convertiría a estados enteros en "campos de refugiados", y se mostró reacio a condenar a los supremacistas blancos.

Biden, de 77 años, fue subestimado desde el momento mismo en que anunció su candidatura, considerada por muchos como demasiado vieja, demasiado moderada y demasiado agobiada por su historial centrista en el Senado para competir en las amplias primarias demócratas. Terminó cuarto en las asambleas electorales de Iowa y quinto en Nueva Hampshire, y sólo dio un giro a su campaña después de que una victoria en Carolina del Sur demostrara su atractivo para los afroamericanos. Los moderados se unieron rápidamente a Biden, ayudándole a acabar con su rival más izquierdista, Bernie Sanders.

Para beneficio de Biden, las elecciones generales siempre fueron menos sobre él que sobre Trump. El índice de aprobación del presidente raramente trepó por encima del 40% durante sus cuatro años en el cargo. Y no logró difamar a Biden tan efectivamente como lo hizo con Hillary Clinton en 2016 cuando contó con el eficaz apoyo de los hackers rusos contra el Partido Demócrata.

Biden fue considerado por los votantes como una alternativa más aceptable, y aunque Trump se esforzó por reducir sus índices de aprobación, no lo logró con nada: ni China, ni Hunter Biden, ni las acusaciones de Trump de que no era mentalmente apto o que estaba en deuda con la "izquierda radical".

"Podemos elegir el camino de ponernos más enojados, menos esperanzados, más divididos, un camino de sombras y sospechas", dijo Biden cuando aceptó la nominación del Partido Demócrata en agosto. "O podemos elegir un camino diferente y juntos aprovechar esta oportunidad para curar, reformar, unir." Este discurso de regeneración y sanación fue el que finalmente lo hizo ganar, aunque por un margen mucho más ajustado al previsto por los sondeos previos.

Biden recaudó enormes sumas que le permitieron inundar la televisión, con los demócratas gastando unos 810 millones de dólares frente a los 500 millones de los republicanos desde abril pasado.

El resultado de la elección no habría estado en duda si Trump no hubiera desafiado las encuestas y vencido a Clinton cuatro años antes, o si el presidente llevado a juicio político y absuelto por el Senado no hubiera poseído un instinto de supervivencia evidente. Incluso cuando su camino hacia la victoria parecía desvanecerse, la sensación de que podía todavía sorprender a Biden en las urnas influyó en las últimas semanas de la campaña.

En parte, esto se debió a la incertidumbre que rodeaba al esfuerzo sin precedentes de Trump y el Partido Republicano para reducir la participación electoral, sobre todo la del voto postal. La campaña presentó montones de demandas en todo el país para restringir el voto por correo y limitar el uso de las urnas. Trump emprendió una campaña paralela para deslegitimar la elección, advirtiendo sin fundamento que sería "amañada" y prediciendo que el resultado sólo se resolvería en los tribunales. El último fin de semana antes del día de las elecciones, predijo que el país se convertiría en un "caos".

Incluso la noche de las elecciones, Trump trabajó para desacreditar el resultado, pidiendo sin fundamento que las elecciones fueran dadas a su favor antes de que se contaran todas las boletas. Al día siguiente, presentó demandas judiciales en Wisconsin y Michigan.

Es probable que Trump, una vez fuera de su cargo, no pueda retrasar numerosas investigaciones y demandas sobre si él o sus empresas inflaron su valor, engañaron con los impuestos, acosaron o asaltaron a mujeres, tomaron ilegalmente dinero de extranjeros y repartieron dinero para callar a mujeres que alegaban haber tenido relaciones sexuales con él, en violación de las leyes de financiación de campañas.

Trump había lanzado formalmente su campaña de reelección en medio de salarios crecientes, un mercado de valores en alza y el crecimiento del empleo a niveles récord en 50 años (3,5% en febrero pasado). Pero llegó el coronavirus al que le restó importancia hasta que fue demasiado tarde. Incluso cuando Trump insistió en estas semanas en que los Estados Unidos estaban "dando vuelta" la lucha contra el virus, la pandemia continuó estableciendo niveles récord de casos diarios, y los expertos predijeron un futuro inmediato aún peor.

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