Domingo 03 de Febrero de 2008
Nairobi. — Una rebelión militar estalló en el país centroafricano de Chad. Ayer a la noche se logró un cese del fuego por intermediación de Libia. Su presidente, Muammar Khadaffy, fue designado por la Unión Africana como mediador oficial y hoy debe viajar al país sahariano, ubicado al sur de Libia.
Las fuerzas gubernamentales habían previamente empujado a los rebeldes lejos del palacio presidencial, hasta donde habían llegado horas antes. El resultado de los combates aún no estaba claro, dijo un vocero militar francés. Poco después llegó el cese del fuego auspiciado por Libia.
Los militares “están empujando a los rebeldes hacia las afueras de Yamena”, la capital del país, narró el coronel Thierry Burkhard por teléfono. Sin embargo, hizo notar que la situación seguía incierta y que la capital chadiana es vasta y diseminada. “No existe una línea del frente muy precisa”, puntualizó. Los rebeldes habían tomado semanas atrás varias provincias de este vasto país, al parecer con el apoyo del régimen integrista islámico del vecino Sudán.
Ayer cientos de guerrilleros llegaron a la capital del país africano a la mañana a bordo de al menos 300 vehículos, en una de sus ofensivas más importantes en los dos últimos años. El viernes habían superado a las fuerzas militares chadianas, obligándolas a retroceder en una docena de frentes abiertos a las afueras de Yamena. Los militares franceses tienen unos 1.400 soldados en Chad, la gran mayoría en Yamena.
Petróleo, una maldición. Chad, que fue colonia francesa hasta 1960, ha sido asolado por guerras civiles e invasiones desde entonces.
El descubrimiento reciente de yacimientos petroleros ha intensificado la lucha por el poder en un país cuyo territorio está formado principalmente por desiertos. La serie más reciente de rebeliones comenzó en 2005 en el oriente, casi al mismo tiempo que el conflicto en la vecina región de Darfur, Sudán. Este último conflicto es alimentado por el gobierno islamista de Sudán, que expulsa a los cristianos y a todos los que no sean musulmanes. Los gobiernos de Chad y Sudán suelen acusarse mutuamente de apoyar a movimientos rebeldes.
El propio presidente de Chad, Idriss Deby, subió al poder por un golpe en 1990. Ganó después
varias elecciones, pero éstas no fueron consideradas libres. Logró sin embargo cierta paz después
de tres décadas de guerra civil y de una invasión por parte de Libia, otro vecino problemático,
pero se quedó cada vez más aislado, y miembros de su propia familia se han unido a la rebelión más
reciente.