Lunes 21 de Enero de 2008
Washington.— Hillary Clinton y John McCain están indiscutiblemente a la cabeza de las carreras demócrata y republicana a la presidencia de EEUU. Pero al igual que son claros, sus liderazgos no pueden ser considerados aún sólidos en la lucha electoral más igualada que se recuerda.
Los números hablan por sí solos. La senadora Clinton derrotó a Barack Obama por sólo seis puntos porcentuales en los “caucuses” de Nevada: 51 a 45%. De hecho, el senador afroamericano extrajo de la contienda un delegado más para la convención demócrata, 13 a 12, porque su voto estuvo más repartido geográficamente.
Entre los republicanos, McCain sólo venció a Mike Huckabee por 33 a 31%. La emoción fue tal que las grandes cadenas de televisión, siempre veloces para cantar a un ganador al poco de empezar el escrutinio, esperaron esta vez a que el recuento alcanzase nada menos que el 83%.
Como escribió ayer el New York Times, en cualquier otro año, victorias como las del sábado “hubieran enviado a los ganadores rodando cuesta abajo hacia la nominación”. Pero la búsqueda de un sucesor para George W. Bush no se parece a ninguna otra carrera presidencial, y lo que impide que ambos sean declarados líderes sólidos no es sólo la igualdad en los resultados, sino la división existente en el electorado: ningún candidato es capaz de arañar votos en el nicho del rival.
El voto hispano. Las encuestas a boca de urna en Nevada, por ejemplo, revelaron que Clinton tiene en el bolsillo a las mujeres (51%) y a los hispanos (64%), apoyos que le auguran buenos momentos en California, Nuevo México, Arizona o Colorado para el llamado “súpermartes”, el próximo 5 de febrero, cuando se vote simultáneamente en 22 estados.
Sin embargo, el senador Obama también arrasó entre los negros (83%). Semejante apoyo racial llega en un momento ideal, porque la próxima cita de los demócratas es el sábado en Carolina del Sur, donde la mitad de la población es afroamericana. Y el “mega” 5 de febrero también votarán otros estados sureños con similares características como Alabama, Georgia o Tennessee.
Por todo esto, el Washington Post calificó la contienda demócrata como “volátil” y advirtió que amenaza con convertirse en “una batalla de costa a costa”.
Entre los republicanos, McCain continuó obteniendo los mejores resultados entre los independientes (42%), pero sigue flaqueando su atractivo para los más conservadores y para aquellos para quienes la religión es un factor clave a la hora de votar, que esta vez se dividieron entre Huckabee y Fred Thompson.
¿Y Giuliani? Al igual que para la ex primera dama en Carolina del Sur, la próxima cita republicana presenta un reto especial para el liderazgo de McCain: el 29 de enero se medirá en Florida, el estado en el que el ex alcalde de Nueva York Rudy Giuliani necesita lanzar definitivamente su asalto a la Casa Blanca, después de ser un invitado de piedra en Iowa, New Hampshire, Michigan y Carolina del Sur.
Giuliani —que lleva semanas haciendo campaña en el “estado del sol brillante”— y McCain apelan a un perfil similar de votantes: duro en seguridad y más permisivo en asuntos sociales. Una división entre ellos podría entregar el triunfo a Huckabee o a Romney, por ejemplo, dando el enésimo giro inesperado a la campaña.
Encuestas cambiantes. Las apuestas y las encuestas cambiaron hasta ahora tantas veces de signo que muchos analistas ya consideran seriamente que la lucha vaya más allá del “súpermartes”. Otrora considerada la fecha de coronación para los dos candidatos, la gran cita para más de una veintena de estados podría ser solamente otro día más repleto de emoción, del que emanen líderes claros, pero otra vez para nada sólidos.
Sólo un paso. Tanto Hillary como McCain admitieron que todavía no es tiempo de festejos. La senadora por Nueva York reconoció que su triunfo en Nevada era “un paso en una travesía prolongada”. McCain, de 71 años, dijo en Carolina del Sur: “Nos falta mucho por recorrer, y hay algunas contiendas difíciles más adelante”.