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Hace 60 años empezaba la corta pero intensa vida de la otra Alemania

El 7 de octubre de 1949, cuatro años después de la Segunda Guerra Mundial y de la barbarie nazi, surgía el segundo país en territorio alemán: la República Democrática Alemana (RDA). La línea divisoria entre ambos Estados se convertiría muy pronto en el Telón de Acero que partió al mundo en dos mitades enfrentadas en la Guerra Fría hasta la caída del Muro de Berlín en noviembre de 1989.

Miércoles 07 de Octubre de 2009

Berlín.- El 7 de octubre de 1949, cuatro años después de la Segunda Guerra Mundial y de la barbarie nazi, surgía el segundo país en territorio alemán: la República Democrática Alemana (RDA). La línea divisoria entre ambos Estados se convertiría muy pronto en el Telón de Acero que partió al mundo en dos mitades enfrentadas en la Guerra Fría hasta la caída del Muro de Berlín en noviembre de 1989.

Tras la contienda perdida, Alemania se encontraba en una situación extrema: había quedado fragmentada en cuatro sectores bajo el control de los vencedores, los aliados Estados Unidos, REino Unido, Francia y la Unión Soviética, y estaba absolutamente desvastada.

A las ciudades e infraestructuras hundidas bajo los escombros, los millones de huérfanos y viudas, la economía hecha añicos y el consiguiente desempleo se añadía la culpa infinita de haber provocado una guerra sin parangón con millones de víctimas en todo el planeta y un genocidio industrial contra los judíos.

En mayo de 1949 se fundaba la República Federal Alemana en la parte occidental y en octubre, mientras en ese territorio se ponía en marcha el modelo de la economía social de mercado con la ayuda multimillonaria estadounidense del “Plan Marshall”, en la zona de ocupación soviética surgía “el Estado socialista de obreros y campesinos”, con Wilhelm Pieck como primer jefe de Estado.

Ambas Alemanias iban a competir por el mejor modelo hasta la caída del Muro de Berlín y el hundimiento de la RDA, sumergida en deudas impagables después de que Moscú dejara de suministrar ayuda económica.

“La fundación de la RDA fue sólo una respuesta a la creación de la República Federal Alemana”, sostiene el historiador alemán Ilko- Sascha Kowalczuk. “Significaba la materialización del poder del movimiento revolucionario obrero en Alemania y de los luchadores antifascistas”.

El 7 de octubre de 1949, fecha en que se promulgó la Constitución de la RDA, 200.000 personas participaron en un impresionante desfile de corte comunista que atravesó la vía principal del Berlín oriental, la avenida Unter den Linden, alumbrada por cientos de antorchas.

En aquella fría tarde, entre los miles de participantes reinaba un espíritu de cambio, recuerdan testigos de la época. Esa ilusión y orgullo de pertenecer al más avanzado satélite de toda la órbita soviética acabarían pronto, muy pronto.

“Se creó un modelo que nunca pudo llevarse a cabo”, subrayó el historiador alemán Jochen Staadt en entrevista con dpa. “La RDA no pudo cumplir sus promesas” y durante muchos años sólo pudo mantenerse a flote con mucho esfuerzo.

Reconocida y respaldada en primer lugar por la Unión Soviética, la RDA se convirtió en seguida en una dictadura comunista a manos del Partido Socialista Unificado de Alemania (SED), surgido de la unificación del Partido Comunista (KPD) y el Partido Socialdemócrata (SPD).

Su objetivo desde el principio fue controlar a las masas. Ya lo dijo su principal dirigente, Walter Ulbricht: “Ha de parecer democrático, pero tenemos que tener todo en nuestras manos”.

El SED, que gobernó la extinta RDA en sus 40 años de existencia, allanó en seguida el camino que conduciría al “Realsozialismus” tomando medidas como la colectivización del suelo y la nacionalización de empresas, con el fin de imponer una economía completamente estatal.

Sin embargo, fueron otras decisiones más impopulares, como la subida de precios o el aumento del horario laboral sin que eso conllevara un incremento de las retribuciones, lo que provocó el primer levantamiento contra el gobierno de la RDA.

El 17 de junio de 1953 casi un millón de personas salieron a la calle a pedir elecciones libres. La RDA, sobrepasada, pidió ayuda a Moscú, que en pocas horas sofocó sangrientamente la insurrección sacando los tanques a la calle.

Como consecuencia de la grave escasez de bienestar, la falta de libertades y el control al que la Stasi, -la policía secreta germano-oriental- sometía a la mayor parte de los ciudadanos, desde 1949 hasta el verano de 1961 tres millones de personas escaparon de la RDA rumbo a la Alemania enemiga.

Por ello, en la noche del 13 de agosto de 1961, el gobierno, en un intento desesperado por retener a su población, decidió autoaislarse aún más y construir el famoso muro, símbolo de la Guerra Fría por antonomasia, que dividiría ideologías y destinos durante 28 años.

Esa imponente masa de hormigón, que a lo largo de 45 kilómetros dividía Berlín y de 115, las dos Alemanias, fue continuamente reforzada por los gerifaltes del régimen.

Pero ni el alambrado de púas, ni los dispositivos de disparo automático, ni los denominados “pasillos de la muerte” lograron evitar que desde 1962 hasta la caída del Muro en 1989, cerca de 600.000 personas huyeran recurriendo para ello a las más desesperadas estratagemas: desde a nado, en globo, escondidos en coches o excavando túneles.


 

En enero de 1989, la ciudad de Leipzig se convertía en pionera con las primeras manifestaciones organizadas contra la dirección de la RDA. Ese mismo otoño eran cientos de miles los que bajo el lema “Nosotros somos el pueblo” salían a la calle pidiendo democracia y libertad y contagiaban con su espíritu reformista a buena parte de la Alemania oriental.

La erosión del bloque comunista era ya un hecho. La presión interna estaba acabando con la monolítica RDA. El 4 de noviembre, dos semanas después de que Erich Honecker fuera sustituido por Egon Krenz en el cargo de secretario general y presidente del Consejo de Estado de la RDA, medio millón de personas desafíaba a las fuerzas de seguridad con una manifestación en la emblemática plaza Alexanderplatz, en el corazón del Berlín oriental.

Sólo cinco días más tarde, el 9 de noviembre, gracias también a la ayuda de países como Polonia, Checoslovaquia y Hungría, caía pacíficamente el Muro de Berlín y poco después, como un dominó, lo hacían el resto de los regímenes comunistas de Europa oriental.

El 3 de octubre de 1990 la RDA se adhirió a la República Federal recomponiendo así la unidad del país, con un único idioma, bandera y moneda. Sin embargo, a pesar de que hoy es la primera potencia europea, aún no ha logrado cerrar todas las heridas ni superar la profunda brecha económica y social que sigue existiendo entre las dos regiones. (DPA)

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