El Mundo

Francia: volvieron los "chalecos amarillos" y se unieron a la CGT

Ambos sectores protestaron contra la reforma previsional del presidente Macron. Hubo violencia y actos de vandalismo en París.

Domingo 29 de Diciembre de 2019

Miles de personas marcharon en París, convocados por los sindicatos y los “chalecos amarillos”, para volver a exigir la retirada de la reforma previsional impulsada por el gobierno del presidente Emmanuel Macron, en el marco de una huelga indefinida del transporte que ya cumplió 24 días. Los “chalecos” volvieron a exhibir una conducta violenta y provocaron daños al mobiliario público y frentes de comercios en el centro de la capital francesa.

    Los manifestantes ignoraron el pedido de tregua navideña del Ejecutivo y recorrieron las calles parisinas entre consignas y pancartas contra la reforma que busca reemplazar los 42 regímenes jubilatorios de privilegio por un sistema único y universal. La reforma, señalan los economistas, es inevitable: la población francesa ha envejecido notoriamente y los parámetros de hace medio siglo, cuando se diseñó el sistema previsional, no sirven más. De ahí el déficit estructural que tiene el sistema previsional galo, por lo demás muy pródigo en excepciones y adelantos de jubilaciones en los citados regímenes de privilegio.

   La convocatoria del sábado contó con la particularidad de reunir dos grupos que no siempre están en sintonía, los sindicatos más radicales encabezados por la Central General de los Trabajadores (CGT) y el movimiento ciudadano de los “chalecos amarillos”, que se originó hace poco más de un año en rechazo a la suba del combustible y al sistema burocrático y sindical. La convivencia en el movimiento de personajes vinculados a la extrema derecha y la extrema izquierda, y las simpatías públicas que recibió durante sus meses de auge de parte de esos dos extremos ideológicos, despiertan sospechas y prevenciones en la mayoría de los ciudadanos. El movimiento pasó por un breve período de auge, pero la violencia de sus convocatorias sabatinas alejaron a la mayoría. De hecho, ayer apenas 300 “chalecos amarillos” se concentraron en la plaza de la Bolsa de París, con la participación de uno de los fundadores del movimiento, Jérome Rodrigues. Hace un año movilizaban a decenas de miles de personas cada sábado. Desde allí, desfilaron por París hasta donde comenzó la marcha convocada por los sindicatos. Según la Policía de París, unas 4.500 personas participaron de la convocatoria.

   Hubo varios choques entre encapuchados y miembros de las fuerzas de seguridad. Los más radicales quemaron barricadas y mobiliario público. El paro de transportes ya superó las 22 jornadas seguidas de huelga que en 1995 forzaron la retirada de la reforma previsional del entonces primer ministro Alain Juppé. Solo seis de cada diez líneas de alta velocidad circulaban este fin de semana. Pero esta práctica de dejar a pie a los franceses no es popular, como no lo son los “chalecos” ni la desgastada CGT. El gobierno intenta profundizar la división entre las centrales reformistas, más dispuestas a un acuerdo, y las que maximalistas. “La CGT practica una forma de sindicalismo que rechaza cualquier reforma. Pero hay otras formas de sindicalismo, con la CFDT o la UNSA, más constructivo que el de la oposición sistemática”, dijo el secretario de Estado de Transporte, Jean Baptiste Djebbari.

   El Gobierno espera que la larga duración del paro, la impopularidad de la falta de transporte y el desacuerdo sindical erosionen el movimiento antes de afrontar una nueva ronda de negociaciones. El 31 de diciembre Macron dará su tradicional discurso de fin de año, en el que se espera que aborde el proyecto de reforma jubilatoria, tan impopular como ineludible. Macron apuesta a que los franceses tengan conciencia de lo insostenible que es el sistema previsional al como está. Desde el lejano 1995 han pasado 24 años y el deterioro del sistema previsional es evidente.

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