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Familias coreanas separadas por la guerra se reencuentran tras 60 años

Es la primera reunión entre los ciudadanos del norte y del sur desde 2013. Quedaron dividas tras el conflicto bélico que asoló la península (1950-53). Muchos de los 400 participantes son nonagenarios.  

Miércoles 21 de Octubre de 2015

Lágrimas, abrazos y el intercambio de antiguas fotos familiares y regalos fueron el telón de fondo del reencuentro entre parientes del que participaron ayer alrededor de 400 coreanos del sur y del norte, cita altamente emotiva que puso fin a más de seis décadas de separación forzada, tras el conflicto que asoló la península durante la Guerra Fría. En el primer evento de estas características en casi dos años, 389 surcoreanos y 141 norcoreanos, miembros de 96 familias, se volvieron a ver en el salón de actos de un complejo turístico en la ciudad de Kumgang, en el sureste de Corea del Norte. El episodio se produjo como derivación del reciente acuerdo entre los gobiernos de Seúl (sur) y Pyongyang (norte), un primer paso efectivo para poner fin a la tensión entre ambos países y mejorar las relaciones bilaterales.

Poco a poco, a medida que los ancianos entraron al salón y comenzaron a reconocer a sus familiares, a quienes no habían vuelto a ver desde la Guerra de Corea (1950-53), el llanto afloró, incontrolable. Tras los primeros minutos de largos abrazos y emociones no contenidas los familiares comenzaron a hablar, a tropezones y sin detenerse, intercambiando recuerdos, fotografías y regalos. Lee Heung-jong, norcoreano de 88 años, recibió en silla de ruedas a su hermana Lee Heung-ok, de 80, que le llamó "oppa" (hermano mayor en coreano) y esto le conmovió hasta el punto de comenzar a temblar sus labios. Pero el momento más estremecedor se vivió cuando el anciano finalmente estalló en lágrimas en el momento en que la surcoreana Lee Jung-sok, de 68 años, se presentó como su hija, a la que perdió en plena confusión durante el conflicto armado y de la que no supo nada desde entonces.

La Guerra de Corea, que provocó 3 millones de muertos, dejó a cientos de miles de coreanos separados de sus familias por el Paralelo 38, inexpugnable mojón que cortó toda comunicación posible entre ciudadanos que quedaron a cada lado de la frontera. El que fue el primer gran conflicto bélico de la Guerra Fría no solo dividió a hermanos, padres e hijos sino también a recién casados que, por diversas circunstancias, se vieron obligados a despedirse con la idea, que en muchos casos resultó ingenua, de volverse a ver tan pronto como cesaran las hostilidades.

Es el caso del norcoreano Chae Hoon-sik y la surcoreana Lee Ok-yeon, ambos de 88 años, que en esta cita se volvieron a encontrar por primera vez desde que en agosto de 1950, él recibiera la orden de abandonar su hogar y prepararse para el combate. Tras la guerra, Lee nunca abandonó la casa familiar que Chae había construido en la localidad de Moongyeong, en el sureste de Corea del Sur, y vivió allí hasta ahora con el hijo de ambos, aferrada a la esperanza de que su marido regresaría algún día. Ayer los tres se mostraron visiblemente emocionados en su reencuentro, pero cuando Chae tomó de la mano a su esposa, ella rehusó. "¿De qué sirve ahora?, ya somos muy viejos", le dijo con tristeza.

El programa de reencuentros familiares comenzó tras una cumbre bilateral histórica en 2000. La idea original era organizar un encuentro por año, pero con las tensiones regulares entre ambos Estados, muchas se anularon, y en ocasiones las autoridades norcoreanas no dudaron en anularlas en el último minuto.

Después de décadas de espera y como una faceta más de esta tragedia humana, las reuniones serán de una brevedad desgarradora. Durante tres días, los surcoreanos verán a sus parientes del norte en seis ocasiones, en privado y en público. Cada encuentro durará sólo dos horas, lo que significa que dispondrán en total de 12 horas después de más de 60 años de separación. Y para muchos de los participantes, octogenarios o incluso nonagenarios, la separación de mañana tendrá el gusto amargo de un adiós definitivo. Los encuentros continuarán el sábado con una segunda ronda en la que otras 90 familias divididas se reagruparán durante tres días hasta el lunes. Casi 19.000 coreanos de ambos lados participaron desde 1985 en estas reuniones pero la mayoría de aspirantes no pudo ver aún cumplido su sueño.

Ilustrando el abismo económico existente entre las dos Coreas, todas las familias del sur llevaban regalos, ropa, relojes, medicamentos, comida y en muchos casos dólares. En la última cita, en febrero de 2012, algunos surcoreanos se quejaron de que sus parientes del norte debieron pronunciar largos discursos políticos en los que repetían la propaganda oficial del régimen comunista de los Kim. Los dos Estados prohíben a los ciudadanos visitar a sus parientes al otro lado de la frontera e incluso intercambiar cartas, llamadas y correos electrónicos sin autorización.

 

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