El Mundo

Evo se eterniza al costo de perder legitimidad y abrir un período de incertidumbre

La oscura maniobra con el escrutinio realizada la noche de los comicios justifica las peores sospechas sobre la tercera reelección del mandatario.

Martes 05 de Noviembre de 2019

La región registra un brote de rebeliones, desde el "neoliberal" Chile a la socialista Bolivia y poco antes, Ecuador. Pero el caso boliviano es totalmente diferente: no se discute —por ahora, al menos— el modelo económico, sino que se repudia el resultado electoral de las elecciones presidenciales del 20 de octubre. Hay elementos más que suficientes para creer que Evo manipuló alevosamente los resultados electorales de ese domingo. Es esta certeza más o menos extendida de que se robó la elección es la que incendió las calles del país.

La sospechosa suspensión de la entrega de datos por Tribunal Supremo Electoral (TSE) poco después de la medianoche electoral, cuando los datos daban una tendencia clara al ballottage entre Morales y el opositor Carlos Mesa, para retomar el flujo de datos 20 horas después pero con la tendencia invertida en favor del presidente, creó una sospecha ilevantable.

Más allá de cómo salga parado de esta jugada, Evo perdió el aura de caudillo diferente de los otros bolivarianos

La declaración de la misión de observadores de la OEA ese mismo lunes postelectoral, pidiendo que se convoque a la segunda vuelta porque no se podía garantizar la validez de la primera ronda, es lapidaria, pese al lenguaje cuidadoso que utilizó el equipo de veedores internacionales.

Poco después, Marcel Guzmán de Rojas, gerente de la empresa Neotec, que proveyó el software electoral, declaró a la CNN que recibió instrucciones de una funcionaria del TSE para interrumpir los resultados preliminares tras un cambio de tendencia que indicaba que iba ganando Mesa.

El jueves 24 de octubre, el cómputo online del TSE dio por ganador a Morales en primera vuelta. Con 99,99 por ciento de los votos escrutados, Morales ganó con 47,07 por ciento, seguido por Mesa con 36,51 por ciento. La diferencia es así levemente superior a los 10 puntos de ventaja exigidos para vencer en primera vuelta.

Por todo esto en Bolivia ardió Troya, pese a la convocatoria de Morales para que la OEA envíe un grupo de auditores electorales, que ya están en el país estudiando las votaciones del 20 de octubre. También este procedimiento extraordinario tuvo su peripecia: el coordinador del equipo de la OEA, Arturo Espinosa Silis, renunció porque había hecho críticas públicas al desprolijo escrutinio boliviano. En todo caso, la oposición exige una nueva elección y no aceptará el veredicto de la auditoría de la OEA. Acá la rebelión ciudadana no es por un súbito cuestionamiento al modelo económico, como pasa en Chile. El modelo instaurado por Morales no es discutido por Mesa, que lo revalida, al menos globalmente. Lo que se rechaza y repudia es el descarado plan de Evo para perpetuarse como sea en el poder. Acá conviene señalar que el movimiento "cívico" de Santa Cruz, que planteó un ultimátum a Morales para que renuncie, también es parte del problema. Su abierto golpismo es inadmisible, y el centrista Mesa lo sabe.

Evo asumió por primera vez en enero de 2006, renovó mandato en 2009, ya con otra Constitución (que hizo votar en condiciones aberrantes y violentas en Sucre), otra vez en 2014, y ahora, fruto de estas elecciones bajo sospecha, el que será su cuarto mandato. La Constitución que hizo aprobar en 2009 solo concede dos períodos: a él no le importa y se tomará cuatro. Detalles. El referendo que convocó en febrero de 2016 para modificar la Constitución y permitirle postularse de nuevo lo perdió (eso sí, por poco: el "No" ganó por el 51,3 por ciento). El caudillo no acató el voto popular que él mismo invocó y recurrió a un Tribunal Constitucional que le responde dócilmente, como todos los tribunales bolivianos. Argumentó que se violaba su "derecho humano" a la reelección indefinida. El surrealista reclamo fue acogido favorablemente por los jueces en noviembre de 2017.

Esta larga sumatoria de irregularidades inconstitucionales se corona ahora con un más que presumible fraude electoral. Pésimo récord para el caudillo que surgió de los cocaleros del Chapare. Ha perdido en estas pocas jornadas turbias el aura de "bueno" y "diferente" que tenía entre los simpatizantes del circuito bolivariano. Ese aura que Maduro jamás tuvo, pero tampoco Hugo Chávez y ni mucho menos el ecuatoriano Rafael Correa. Como suele decirse, una victoria pírrica, esta cuarta consecutiva de Evo. Además, el modelo económico muestra síntomas de agotamiento por el exceso de gasto público y la baja mundial del precio de los productos primarios, entre otros factores, y esto también explica que Evo haya quedado ahora en un 47 por ciento (según estos datos bajo sospecha) contra el 63 por ciento que cosechó en 2014.

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