El Mundo

Evo: logros y puntos oscuros

Sus éxitos en economía no pueden ocultar su manipulación de la Justicia y su afán de perpetuarse como sea.

Domingo 21 de Julio de 2019

Evo Morales finalmente no vino a Rosario esta semana, pero fue declarado visitante ilustre por el Concejo y la UNR. Los valores y figuras referentes de Evo son conocidos, porque él se encarga de propalarlos continuamente, con ese tono ingenuo y directo que le es tan conocido y propio. Vale la pena examinar más de cerca los méritos y deméritos del homenajeado por las instituciones de Rosario.

Por un lado, Evo es un admirador declarado de Fidel y Chávez...pero no es ni castrista ni chavista en los hechos. No lo es donde cuenta: en su obra de gobierno. En el poder desde enero de 2006, nunca implementó medidas económicas radicales como las de Fidel a partir de 1959, de un comunismo ortodoxo y tajante, ni las más moderadas pero igualmente desastrosas de Chávez. Ni de cerca. La "nacionalización de los hidrocarburos" proclamada en mayo de 2006 no fue tal, sino una renegociación forzada de contratos, que eran realmente abusivos. Evo puso condiciones más razonables a las multinacionales, pero no nacionalizó la industria. Así continuó en el plano económico todos esos largos años. Intervencionismo económico, sin dudas, pero nada que se parezca al comunismo de Fidel ni al estatismo expropiador serial y demencial de Chávez. Al contrario, tomó medidas muy "ortodoxas", como aumentar sustancialmente las reservas para crear un colchón anticíclico.

Desde hace años la economía boliviana crece a un ritmo alto y sostenido, y este es el mejor recetario para combatir la pobreza, la mejor batería de políticas sociales. Así bajó sustancialmente la pobreza en Bolivia, que era el país más pobre de Sudamérica, con un PBI per capita que más que se duplicó, de 4000 dólares a más de 8000 durante los años de Evo (2006 a hoy). Pero el crecimiento alto y sostenido durante muchos años en base a exportar commodities es el mismo prospecto que aplican Chile y Perú, pese a que a los seguidores de Evo deben creer que son modelos diametralmente opuestos. Evo, como todos sus vecinos, hace "extractivismo" de hidrocarburos y minerales. Ese que condena la izquierda universitaria. Para profundizar ese modelo necesita de capitales extranjeros, dado que su país no los tiene. De ahí la prudencia en el trato al capital. Suma a esa economía de base algo de servicios, como todos, y algo de industria local, como todos. Sí, su gasto público es más alto que el de sus vecinos, pero ha bajado en estos últimos años. Y ese exceso se expresa en varios indicadores negativos: Bolivia tiene hoy déficits fiscal y externo muy altos.

Pero en general, en el plano económico, Evo ha sido exitoso y por eso aún puede proponerse ganar una elección presidencial. Otra más. Y acá comienzan las cuestionamientos graves. Su problema no es de política económica, sino de valores democráticos. Acá Evo hace agua, y en forma. Desde declarar repetidamente que hay "exceso" de libertad de expresión y que "la independencia de poderes es una doctrina norteamericana, capitalista", a eliminar un centenar de jueces de un plumazo, a reportes gravísimos de organismos prestigiosos como Human Rights Watch y Amnistía sobre la asfixia a la prensa, el cerco a la oposición y a las ONG. Su manera de desconocer la Constitución dictada por su propio sector en 2009 y postularse cuantas veces se le ocurra, incluso burlando el dictamen de las urnas en un referendo que él mismo convocó (2016), indican que se está ante alguien con vocación autoritaria (la Constitución permitía renovar una vez el mandato presidencial, lo que otorga un máximo de dos períodos de 5 años. En 2013 el Tribunal Constitucional permitió a Evo un tercer mandato. En 2016, hizo el referéndum para habilitar un cambio constitucional para presentarse de nuevo. El pueblo votó por el No, pero en 2017 el Constitucional eliminó los límites a la reelección, lo que le dio a Morales la posibilidad postularse este año a un cuarto mandato. No existe nada ni remotamente similar a este proceso en ninguna democracia digna de este nombre.

De esta forma, y después de 14 años de poder de Evo y el MAS, Bolivia está alcanzando el status de régimen autoritario avalado por votaciones. Se alinea cada vez más en el grupo de pseudodemocracias que forman Rusia, Turquía, Venezuela, Nicaragua, Irán. Todos aliados de Bolivia, nada casualmente. Seguramente no ha llegado a los extremos brutales de la Venezuela chavista de Maduro, a la que Evo defiende como ningún otro presidente sudamericano, pero es evidente que ha hegemonizado el poder y que la Justicia es un mero instrumento en su tablero de mando. Para Carlos Mesa, único que podría derrotarlo en las urnas pese a esta cancha tan inclinada, ganar no es imposible, por el desgaste del "jefazo" y el temor a que haga lo de Maduro, o sea, terminar de cerrar la puerta a la democracia. Pero ganar una elección es anormalmente difícil en Bolivia, ya no por la valía de Evo, hoy alicaída, sino por el sistema que montó. Otra señal clara de que no se está ante una democracia cabal, donde la alternancia es regla.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario