El Mundo

Evo asumió hasta 2020, pero la caída de los commodities cambiará su escenario

“Re-re” a la boliviana. El presidente de Bolivia  juró su tercer mandato consecutivo y prometió continuar sus programas sociales pese a unos ingresos más acotados.

Viernes 23 de Enero de 2015

El presidente de Bolivia, Evo Morales, asumió un tercer mandato hasta 2020 con un importante apoyo popular y el compromiso de reducir la pobreza, impulsar reformas a la justicia e intensificar la industrialización del país. Morales goza de una Constitución que él hizo reformar y permite la reelección por tiempo indefinido. Está en el poder desde enero de 2006 y allí permanecerá hasta 2020, algo que resulta muy cuestionable para los defensores de la alternancia como principio de equilibrio de la democracia.
  En un mensaje inequívoco de su ideología, el gobernante boliviano juró con el puño izquierdo en alto “por el pueblo boliviano y por la igualdad de todos los seres humanos” desempeñar el cargo para el cual fue reelecto en octubre con un 61% de los sufragios. A la ceremonia de investidura asistieron los presidentes Dilma Rousseff (Brasil), Nicolás Maduro (Venezuela), Rafael Correa (Ecuador), Horacio Cartes (Paraguay), Luis Guillermo Solís (Costa Rica) y Anthony Carmona (Trinidad y Tobago). También estaba el vicepresidente argentino, Amado Boudou, así como delegaciones de 40 naciones.
  En su discurso de evaluación y apertura ante la Asamblea Legislativa, Morales resumió en una frase sus dos anteriores períodos: “en corto tiempo abandonamos el Estado colonial, mendigo, limosnero y ahora tenemos un Estado digno, que sólo se puede conseguir con la unidad”. Bolivia, una de las naciones más pobres de Latinoamérica, posee uno de los mayores índices de crecimiento de la región, con 30.000 millones en 2014, y una proyección de desarrollo del 5,9% para este año, además de unas reservas netas de 15.000 millones de dólares, según datos oficiales. Los críticos señalan que esos índices se logran casi exclusivamente sobre la base del boom de los hidrocarburos y los minerales, que duró hasta hace pocos meses, y en menor medida, de la soja.
   Morales recibió de manos del presidente de la Asamblea, Alvaro García, a su vez vicepresidente de Bolivia, las insignias patrias: un medallón y la banda presidencial, que lleva desde 2010 junto al escudo nacional una bandera “whipala”, símbolo de la fuerte presencia de los indígenas en el poder. Morales volvió a acentuar su antiimperialismo de manual: “Aquí, ahora, no mandan los gringos, mandan los indios”, en alusión a la dependencia de su país de EEUU, en especial en lalucha antidroga. Morales se regodeó porque “por primera vez, las mujeres tienen en la Asamblea el 50,09% de representación y la mayoría son «bartolinas» (campesinas sindicalizadas)”. En esa perspectiva de dominio de los movimientos populares, prometió que “hasta el 2020 nos comprometemos y estamos convencidos que vamos a reducir la extrema pobreza a un sólo dígito, al 8 o 9% de extrema pobreza”, la que roza el 20% en la actualidad.
   Morales se vio favorecido en sus primeros nueve años por los altos precios de las materias primas. Favorecido por el precio del gas —que exporta a Brasil y Argentina a un precio varias veces superior al de hace pocos años—, el Estado boliviano percibe cuantiosos recursos. Esto permitió a Morales y su partido MAS expandir el gasto público a niveles que ahora difícilmente se podrán sostener, ante la caída gernealizada del precio de los commodities. En época de vacas flacas, “tendrá que gobernar en el marco de la caída del petróleo y por tanto de baja de precios del gas, es decir, que tendrá que hacerlo ya no en condiciones del boom económico de los nueve años anteriores”, remarca el analista independiente Carlos Toranzo.
  En medio de la ceremonia de posesión, un coro entonó el Himno al Mar, luego de que Morales afirmara que “nuestra demanda está bien encaminada”, en referencia al litigio contra Chile en la Corte Internacional de Justicia (CIJ) para obligar a negociar una salida soberana al Pacífico. Ambas naciones son las únicas en América Latina que carecen de relaciones diplomáticas.

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