El Mundo

Europa del este y una xenofobia que entorpece la gestión de la ola migratoria

Crisis humanitaria. Hungría y otras naciones de la antigua órbita comunista tienen una tradición de aislamiento que las hace hostiles al flujo de extranjeros.

Lunes 07 de Septiembre de 2015

“Merkel, ayúdeme por favor”, se lee en un cartel escrito a mano. Su portador, un refugiado sentado en una silla de ruedas, muestra en Budapest el escrito a la cámara como si de su ansia dependiera el llegar hasta la “tierra de la esperanza”, como la misma Merkel definió a Alemania hace una semana.
  Desde entonces, miles de personas abandonaron sus países huyendo de la guerra y de la miseria en sus hogares con un solo objetivo: llegar hasta Alemania. Hasta el país del que escucharon que no devolvería a los refugiados sirios a los países de la Unión Europea (UE) por los que hubiesen entrado. Ahora Europa está dividida.
  ¿La culpable? La falta de compresión de algunos que, junto con una frustración generalizada, dificulta encontrar un buen compromiso. Mientras tanto, la UE sigue dando pasos en falso en pro de alcanzar una solución sobre la distribución equitativa de los refugiados entre los países miembros.
  La reunión de los ministros de Exteriores de la UE el sábado en Luxemburgo dejó claro que alcanzar un acuerdo llevará semanas o incluso meses. Mientras, como telón de fondo, se continúan proyectando los rostros de miles de personas que huyendo de la muerte y el terror, ven a Europa como la única tabla de salvación.
  En el centro de las discusiones entre los países miembros de la UE están los países del Este, que rechazan las reglas y cuotas para la distribución de los refugiados y se quejan de problemas prácticos, más cuando ya es evidente que la mayoría de los refugiados quieren concluir su viaje en países como Alemania o Suecia.

Herencia soviética. La situación está provocando que una y otra vez se aluda a la actitud discriminatoria de la población local. Una herencia que sienta sus raíces en la época soviética cuando los países del este europeo fueron aislados del resto del mundo y, por tanto, no se vieron obligados a integrar a muchos extranjeros. Una circunstancia que continúa en el sentir colectivo. “La mayoría de los ciudadanos está en contra de la admisión de refugiados”, asegura un diplomático de un país de Europa del este. Los gobernantes que lo ignoran podrían perder rápidamente el apoyo de los votantes, y más en un momento en el que Polonia y Eslovaquia irán pronto a las urnas.
  Por otro lado, y por aquello de recibir una contraprestación, diplomáticos occidentales se afanan en recordar los miles de millones de euros que los países del Este recibieron de la UE en los últimos años, de las arcas de contribuyentes netos a la Unión como Suecia o Alemania.
  Sin embargo, el apoyo tampoco está garantizado del todo entre los votantes de Alemania y Austria, que ahora han abierto sus puertas. De modo que también para la “gran coalición” de la canciller Angela Merkel todo dependerá de cómo maneje los problemas de alimentación y alojamiento de cientos de miles de refugiados. Si algunos pueblos o distritos urbanos se ven rebasados, el estado de ánimo entre la población, que ahora se muestra tan dispuesta a ayudar, podría cambiar rápidamente.
  La coalición de gobierno formada entre la Unión Cristianodemócrata (CDU), de Angela Merkel, y los socialdemócratas del SPD mantuvo anoche una reunión en la Cancillería para debatir, entre otros temas, las partidas que se destinarán a los Estados federados para la asistencia a refugiados. Las cifras se aprobarán el próximo 24 de septiembre, aunque sobre la mesa habrá otros temas como las deportaciones para todos aquellos que no tengan derecho de asilo, la concesión de ayuda en especie en vez de dinero, la tarjeta sanitaria para los refugiados o una ley de inmigración.

Un aliado difícil. Aunque el gobierno alemán confía en conseguir un acuerdo, la reunión llega precedida de ciertas críticas, principalmente desde la Unión Cristianosocial (CSU), el partido hermanado con el de Merkel, que definió como “equivocada” la decisión de permitir la entrada de miles de refugiados procedentes de Hungría. Críticas que chocan con las alabanzas que, desde el extranjero, llaman a Alemania “brillante”. El Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR) definió como “liderazgo político basado en valores humanitarios” la gestión de Alemania y Austria ante la llegada de los refugiados.
  Por su parte, la organización germana de refugiados Pro Asyl definió como “gran acto de humanidad” las labores del gobierno federal y habló de una “prueba de fuego” para Europa.
  Con todo, Merkel tendrá dificultades en Bruselas para cumplir su objetivo de lograr una reforma radical de la política de la UE hacia los refugiados. Gobiernos como el del primer ministro húngaro, Viktor Orban, no dan señales de buscar entre sus electores una mayor comprensión por los refugiados. “Viktor Orban a veces da vergüenza”, comentó el ministro de Relaciones Exteriores de Luxemburgo, Jean Asselborn.
  Georg Streiter, viceportavoz de la canciller Angela Merkel, aseguró el fin de semana que la decisión de permitir entrar a miles de refugiados desde Hungría a Austria y Alemania no significa estar sentando ningún precedente. “Hemos subsanado solo una grave situación de emergencia”, dijo.
  “Es el momento de tomar decisiones y ponerlas en práctica, juntos como europeos”, advirtió por su parte la responsable de la política exterior común de la UE, Federica Mogherini. “Nos enfrentamos todos a una situación dramática, que nos ocupará durante mucho tiempo. Cuanto antes lo aceptemos, tanto política como psicológicamente, más pronto seremos capaces de encontrar las soluciones adecuadas”, añadió Mogherini.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario

LAS MAS LEÍDAS