En 1961 casi estalló una bomba nuclear en Estados Unidos
Era 261 veces más poderosa que el aparato que devastó Hiroshima 16 años antes. El incidente ocurrió sobre Carolina del Norte.

Domingo 22 de Septiembre de 2013

Un documento secreto estadounidense al que tuvo acceso el diario británico The Guardian reveló cómo Estados Unidos estuvo a punto detonar por error una bomba atómica sobre Carolina del Norte en 1961. El artefacto era 261 veces más potente que el que estalló sobre Hiroshima en 1945 forzando la rendición japonesa en la Segunda Guerra Mundial. El desastre estuvo cerca de producirse cuando dos bombas atómicas de hidrógeno modelo Mark 39 cayeron accidentalmente en la localidad de Goldsboro, en el Estado de Carolina del Norte, el 23 de enero de 1961, después de que el bombardero B-52 que las transportaba experimentara problemas. Según el informe secreto, el avión siniestrado, que despegó de la base aérea Seymour Johnson de Goldsboro, realizaba un vuelo rutinario por la costa este estadounidense. El informe indicó que el B-52 se partió en dos en pleno vuelo.

Al caer las bombas se activaron como estaba previsto para un caso de guerra. Los paracaídas se abrieron y los artefactos quedaron "armados", es decir, listos para detonar. A pesar de ello, las bombas llevaban cuatro interruptores de seguridad cada una encargados de impedir el comienzo de la reacción nuclear. En una de las bombas tres de estos interruptores fallaron.

Cada bomba portaba una carga de cuatro megatones, el equivalente a cuatro millones de toneladas de TNT. Si hubieran explotado es posible que material radiactivo hubiera alcanzado en Washington, Filadelfia, Baltimore e incluso Nueva York, poniendo en riesgo las vidas de millones de personas. El documento llega a la conclusión de que "un simple interruptor de bajo voltaje se interpuso entre EEUU y una catástrofe gigante".

El paracaídas de una de las bombas H se enganchó en las ramas de un árbol cerca del municipio de Faro, mientras que la segunda cayó en un área campestre próxima a una autopista de la zona. Cuando una de las Mark 39 golpeó el suelo emitió una señal de disparo al núcleo del artefacto para ser activado pero fue finalmente el interruptor, altamente vulnerable, el que evitó la tragedia, aseguró The Guardian. Las bombas cayeron apenas tres días después de que el presidente John F. Kennedy pronunciara su discurso inaugural como inquilino de la Casa Blanca.

El episodio quedó recogido ocho años después del accidente en un informe secreto escrito por, Parker F. Jones, ingeniero encargado de la seguridad en artefactos nucleares de los laboratorios gubernamentales de Sandia. Jones admitió en el documento que las bombas "no poseían los mecanismos de seguridad adecuados para un uso aerotransportado a bordo de un bombardero B-52". Aseguró que una pequeña descarga eléctrica podría haber activado el único interruptor que prevenía el desastre. "Habría sido una mala noticia... con creces", señaló. Jones tituló el documento "Goldsboro revisado o cómo aprendí a desconfiar de la bomba H", parafraseando "Dr. Strangelove or How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb" el título en inglés de la película de Stanley Kubrick en 1964 que en español pasó a ser "¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú".

Han existido persistentes especulaciones sobre la gravedad del incidente y el gobierno de EEUU ha negado reiteradamente que su arsenal nuclear pusiera en riesgo las vidas de los estadounidenses debido a fallas de seguridad.

Fue el periodista Eric Schlosser quien, enfrascado en la investigación para su libro sobre la carrera nuclear y apelando a la Ley de Libertad de Información, descubrió al menos 700 accidentes "importantes" en el que se vieron envueltas 1.250 armas nucleares entre 1950 y 1968. "El gobierno de Estados Unidos ha tratado de retener de forma consistente información a la población estadounidense a fin de evitar preguntas sobre nuestra política de armas nucleares", afirmó Schlosser. "Nos dijeron que no había posibilidad de que estas bombas fueran detonadas de forma accidental, pero he aquí una que casi lo hizo", dijo.

Una soleada mañana de enero de 1966 dos aviones de la fuerza aérea de EEUU chocaron y dejaron caer cuatro bombas nucleares cerca del pueblo de Palomares, en el sur de España. No hubo explosión atómica, pero el plutonio que llevaban quedó dispersado en una amplia área. Desde entonces España le pide a EEUU que termine de limpiar la zona contaminada.