El Mundo

El sueño dorado de un futuro mejor se trunca para los graduados chinos

A pesar de su formación universitaria no consiguen empleos bien remunerados. Muchos jóvenes se ven forzados a aceptar trabajos que no corresponden con su preparación.

Domingo 02 de Octubre de 2011

Pekín. - Yan Minglong, uno de los millones de egresados de universidades chinas, no está impresionado con las puertas que la educación superior le ha abierto. "¿Empleos? ¿Qué empleos?", dice el joven de 23 años, mientras pasa su tarde de sábado en un salón de billar en Shigezhuang, un barrio en las afueras de Pekín donde los alquileres baratos son el principal atractivo para algunos de los aspirantes chinos a trabajos administrativos. Este año, la mayor promoción universitaria de la historia del país, 6,6 millones de estudiantes, pasó de los libros a las calles en busca de trabajo.

Pero volcar esa cantidad de egresados en una economía conocida hace mucho como la fábrica del mundo ha avivado preocupaciones por la capacidad del mercado por absorberlos y el potencial conflicto político.

En un país donde el 80 por ciento de la población no terminó la secundaria, podría decirse que Yan se encuentra entre los más educados de China. Egresado del programa automotriz de tres años de la Escuela Técnica y Vocacional de Jiaotong, en la provincia de Hebei, Yan ha estado trabajando como mecánico. Vive en un dormitorio en el lado oeste de Pekín junto a seis personas y gana 2.500 yuanes (390 dólares) al mes. "¿Cómo podría afirmar que estoy satisfecho? Sé que mis ingresos, incluso después de cinco años, serán básicamente iguales a los de mis amigos que no siguieron estudiando después de la secundaria", indicó.

Gracias al potente despegue económico, cada vez más jóvenes chinos han conseguido en los últimos años acceder a la universidad -todo un lujo en épocas pasadas- y, en diez años, la cifra de universitarios se ha elevado desde una selecta minoría hasta el 21 por ciento, alentando el sueño dorado de millones de familias de un futuro mejor para sus hijos.

Desajustes. Sin embargo, el proceso ha traído consigo nuevos desajustes en una sociedad cada día más rica, pero también más desigual. Hoy, la premisa según la cual el acceso a la universidad garantiza un mejor trabajo y posición social, tal como ocurre en muchos países occidentales, no se cumple en China. Su economía aún se basa en la producción de bajo costo y no precisa, por lo tanto, de grandes cantidades de mano de obra calificada. La realidad, por el contrario, es que estos jóvenes se ven obligados a aceptar a menudo trabajos mal remunerados, con jornadas larguísimas. Son empleos inestables, que no se corresponden con su preparación.

Un estudio de la Academia de Ciencias Sociales china describe un cuadro favorable sobre la tasa empleo de los egresados, y afirma que sólo el 6,7 por ciento de los graduados en 2010 de programas de educación superior aún buscaban trabajo seis meses después de terminar su carrera. La gran mayoría había encontrado empleo o estaba haciendo postgrados. El desempleo ha bajado casi un 3 por ciento desde 2009.

Wang Meiyan, profesora adjunta del Instituto de Población y Económica Laboral de CASS, señaló que, en general, el mercado laboral chino para los recién egresados era saludable. "Sus desafíos en materia de empleo no son tan serios como piensa la sociedad. Cualquier dificultad a la que se enfrenten los egresados en el mercado laboral no significa que el problema sea exclusivo de China", indicó Meiyan. En comparación, un estudio del Instituto de Política Económica, con sede en Washington, estimó que el índice de desempleo entre recién egresados en EEUU entre abril de 2010 y marzo de 2011 era del 9,7 por ciento. Pero Ren Xinghui, investigador del Transition Institute, un grupo independiente de Pekín, se mostró escéptico respecto de las estadísticas oficiales de empleo entre graduados. "Las tasas de empleo son medidas por los departamentos administrativos de las escuelas y son un importante índice del desempeño universitario que determinará su tratamiento, lo que les da un incentivo para divulgar excesivos índices de empleo de sus graduados", dijo.

"Si sólo significa tener empleo, eso sin duda está disponible. Pero si hablamos de la oportunidad en el sentido de equiparar la formación con las posibilidades para el desarrollo profesional, entonces hay un problema", agregó Ren.

Insatisfechos. Incluso si los índices de empleo entre egresados son tan altos como dice el gobierno, los puestos de trabajo en oferta a menudo distan mucho de lo que quieren los ambiciosos jóvenes de 25 de años. Esa es una disyuntiva universal. Pero en China, donde un crecimiento embriagador ha nutrido esperanzas igualmente embriagadoras, tanto más duele la brecha entre las aspiraciones y la dura realidad. "Encontrar empleo no es un problema, al menos no en una ciudad como Pekín. El problema para la mayoría es encontrar un trabajo que se adecue a lo que quieren, que en realidad te guste", dijo el estudiante de cine Feng Biao, en su departamento. Había apilado manzanas y bananas sobre una mesa bajo un pequeño espejo. Más allá de eso, las paredes están vacías. Realiza un trayecto en subte de una hora y media hasta su oficina en el centro de Pekín, donde gana 3.000 yuanes (470 dólares) al mes diseñando publicidad pop-up para Internet.

Otrora accesible para la elite, el sistema de educación superior de China ha absorbido a millones de estudiantes desde 1977, cuando estas instituciones inscribieron a sólo 220.000 alumnos tras la Revolución Cultural. Muchos de los padres de los graduados de hoy alcanzaron la mayoría de edad durante la Revolución Cultural, cuando Mao Zedong lanzó una campaña contra los bastiones de privilegio -incluyendo la educación- y redujo drásticamente el número de estudiantes con permiso para entrar a la universidad. Durante toda esa era, el Estado asignó empleos a los trabajadores de las ciudades.

La expansión educativa de hoy ha generado una nueva crisis de confianza en el valor de la educación superior, en la que los salarios iniciales de los graduados a menudo no son mucho más altos que los de los trabajadores migratorios en las fábricas. Incluso aunque estén en la posición para recibir un salario de tiempo completo, a menudo no tienen seguro de salud u otros beneficios sociales. Para el gobierno, la perspectiva del desempleo generalizado es una preocupación política, como también económica.

La historia moderna de China está marcada por protestas estudiantiles y el gobierno está alerta ante la posibilidad de conflictos desde las manifestaciones de la Plaza Tiananmen en Pekín en 1989, que fueron violentamente reprimidas. "El mercado laboral chino no es en absoluto saludable. Hay una demanda limitada de trabajadores de «cuello blanco», lo que les dificulta a los egresados encontrar empleo. Una razón de esto es la expansión a gran escala de las universidades", afirmó Ren.

 

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