El Mundo

El sandinismo resiste en el poder gracias a los temidos grupos parapoliciales

Balas Sin control. Fuerzas pro-oficialistas llegan amenazantes a la ciudad rebelde de Masaya.

Miércoles 18 de Julio de 2018

Al cumplirse tres meses desde que estallaron las protestas en Nicaragua, el presidente Daniel Ortega se afianzó en el poder gracias a la acción armada de policías y paramilitares, mientras cierra puertas al reclamo de la comunidad internacional para buscar una solución pacífica a la crisis. Tras acceder en mayo a dialogar con la opositora Alianza Cívica, nacida al calor de las protestas estudiantiles de abril, el ex guerrillero de 72 años echó pie atrás y presuntamente rechazó incluso una oferta de EEUU para negociar su salida del poder y adelantar a marzo de 2019 las elecciones de 2021.
   Posiblemente oxigenado por un diálogo nacional que la Iglesia Católica, como instancia mediadora, aún intenta preservar, Ortega halló su fuerza en los grupos parapoliciales, que hicieron su debut aterrorizando las principales ciudades del país donde ya nadie se atreve a salir de su casa después de las seis de la tarde. Redadas, capturas selectivas y asaltos a viviendas sin orden judicial son el modus operandi de estos nuevos cuerpos armados, tolerados por el ejército pese a la crítica ciudadana. Los temidos encapuchados atacaron a balazos tres grandes marchas pacíficas desde fines de mayo y el fin de semana pasado arrasaron con los tranques (retenes de protesta) en la región sur-central donde dejaron más de 25 muertos. El 7 de julio, al sentenciar que haría desaparecer los tranques, Ortega se refirió por primera vez a los opositores como "asesinos y terroristas". Endureció así su discurso descartando toda posibilidad de adelantar los comicios y criticó por primera vez en público a los obispos de la Conferencia Episcopal. A partir de ese día hubo nuevos ataques de paramilitares a estudiantes, mientras en Diriamba (sur) rabiosos activistas del gobierno agredieron a golpes a un grupo de obispos, sacerdotes y al nuncio apostólico en el país, el polaco Waldemar Sommertag.
   Días después, una iglesia de Managua fue baleada por paramilitares que la sitiaron durante 16 horas. En su interior, más de 150 estudiantes previamente desalojados de la universidad vivieron momentos de terror junto un grupo de religiosos y periodistas. Junto a obispos y sacerdotes, conocidas figuras de la sociedad civil, empresarios, periodistas y dirigentes políticos ligados al sandinismo disidente comenzaron a ser señaladas esta semana como "golpistas" y sus rostros circulan en videos anónimos amenazantes. ¿Por qué gobernar bajo extrema tensión, con cientos de muertos en sus espaldas y una economía que en 90 días pasó de la fragilidad a la ruina?, se preguntan políticos, diplomáticos y ciudadanos comunes que jamás imaginaron revivir días tan dramáticos como los que en 1979 precedieron a la caída del dictador Anastasio Somoza, a quien Ortega ayudó a derrocar.


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