El Salvador exporta el "modelo Bukele": Costa Rica estrena una megacárcel

La presidenta Laura Fernández inauguró una cárcel para presos de alta peligrosidad. Busca convertir al país en un "referente mundial en seguridad penitenciaria"

Miércoles 14 de Octubre de 2026

La presidenta de Costa Rica, Laura Fernández, inauguró este miércoles una megacárcel destinada a los presos de mayor peligrosidad e inspirada en el modelo penitenciario impulsado por el mandatario de El Salvador, Nayib Bukele, con la que busca convertir al país en un "referente mundial en seguridad penitenciaria".

El Centro de Alta Contención de Crimen Organizado (Cacco), con una inversión de 35 millones de dólares y capacidad total para 5.100 reclusos, está ubicado junto a la prisión de máxima seguridad La Reforma, a unos 25 kilómetros de San José, y busca reforzar la respuesta del gobierno frente a la alta violencia, cuando Costa Rica registra cifras históricas de homicidios.

"Estoy segura de que hoy estamos marcando un antes y un después en la seguridad penitenciaria y nacional como un todo. A partir de este día nuestro país será referente mundial en seguridad penitenciaria. Hoy más que nunca vamos a defender nuestra patria con todas nuestras fuerzas, hoy esto es una realidad para el pueblo de Costa Rica", destacó la presidenta costarricense.

La obra está inspirada en el Centro de Confinamiento del Terrorismo (Cecot), la cárcel salvadoreña para pandilleros y símbolo de la guerra contra estas bandas implementada por el gobierno de Bukele.

Según datos oficiales, en la última década la cantidad de homicidios en Costa Rica se incrementó paulatinamente hasta alcanzar cifras récord. En 2025 el país reportó 873 homicidios, la tercera cifra más alta de su historia, y una tasa de 16,7 por cada 100.000 habitantes. Las autoridades atribuyen los crímenes en un 70 por ciento al narcotráfico y el crimen organizado, y lograron desarticular a numerosas organizaciones criminales que tienen nexos con carteles mexicanos y colombianos.

El gobierno de Fernández también implementó programas para que los presos realicen trabajos como desmalezamiento en las rutas, redujo las visitas conyugales, restringió la cantidad de recipientes de comida y ropa que los familiares pueden llevarle a los reclusos, retiró enchufes y cables eléctricos en las celdas y cerró comercios dentro de los centros penales donde los presos podían comprar artículos.