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El rey Juan Carlos tenía "simpatía" hacia los golpistas del 23-F de 1981

El rey Juan Carlos I de España mostró "comprensión, cuando no simpatía" hacia los militares que fueron protagonistas del intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, quienes sólo "querían lo mejor", y "el restablecimiento del orden", según el monarca.

Lunes 06 de Febrero de 2012

El rey Juan Carlos I de España mostró "comprensión, cuando no simpatía" hacia los militares que fueron protagonistas del intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, quienes sólo "querían lo mejor", y "el restablecimiento del orden", según el monarca. Es la conclusión a la que llegó, tras una larga reunión con el rey, el entonces embajador alemán en España, Lothar Lahn, de la que se hace eco ahora el semanario Der Spiegel. Si bien se trata de una impresión personal de una conversación privada, la revelación pone en duda un emblema de la transición española: el compromiso e identificación totales del del rey con la democracia y sus valores.

Lahn, titular de la embajada alemana en Madrid entre 1977 y 1982, envió un despacho al ministerio de Exteriores en el que volcó sus impresiones sobre un encuentro de carácter privado que sostuvo con el rey el 26 de marzo de 1981, pocas semanas después del conato de golpe, en el palacio real La Zarzuela. En el despacho ahora desclasificado por las autoridades alemanas, Lahn sostuvo que el monarca "no expresó ni desprecio ni indignación contra los actores, es más, mostró comprensión, cuando no simpatía". Según Lahn, Juan Carlos explicó "casi justificando" que "los cabecillas solo habían querido lo que todos queremos: el restablecimiento de la disciplina, el orden, la seguridad y la tranquilidad".

De acuerdo con el relato del diplomático alemán, el rey de España estimó que la responsabilidad última de la intentona correspondía a Adolfo Suárez, el jefe de gobierno elegido en comicios democráticos, de quien dijo que "despreciaba a los militares". Según el despacho de Lahn, el monarca le dijo que había intentado de forma infructuosa aconsejar a Suárez que "atendiese los planteamientos de los militares (sin éxito), hasta que éstos obraron por su cuenta".

El entonces joven monarca reveló al diplomático que intentaría influir en el gobierno y los tribunales militares para que los golpistas no fuesen castigados con severidad, alegando que los alzados "querían lo mejor". El rey expresó también la esperanza de que el 23-F fuera "olvidado lo más pronto posible", y se mostró convencido de que no se volvería a repetir.

El semanario germano agrega que la Casa del Rey no quiso comentar la información. Cita a un portavoz según el cual no existe protocolo en los archivos oficiales sobre esta "conversación privada".

Según publicaron medios españoles, fuentes de la casa real consideran que el papel y la actuación del monarca ante el intento de golpe de Estado están consolidados por la historia. Califican además de "decidido y determinante" el modo en que Juan Carlos I actuó para defender la democracia. El rey, aquel 23 de febrero, se vistió con su traje de general y comandante en jefe de las FFAA y dio un mensaje a la nación por TV que no dejó dudas de su compromiso con la transición democrática y quebró definitivamente a los golpistas. Aunque este dato histórico objetivo no puede discutirse, lo que ahora sale a la luz siembra dudas sobre los valores democráticos del rey, más allá de su correcta actuación en aquellos hechos. Y es muy posible que a partir de esos indicios los golpistas hayan apostado a una anuencia del rey en su favor, factor que los habría impulsado a actuar.

"Tejerazo". El 23-F, como pasó a la historia, fue un hecho conmocionante para la joven democracia española. Los rebeldes, en el episodio más sonado, ocuparon el Congreso en el momento en que los legisladores se aprestaban a investir al nuevo jefe de gobierno, Leopoldo Calvo Sotelo. Adolfo Suárez había renunciado poco antes, el 29 de enero. El hecho hizo famoso al teniente coronel Antonio Tejero Molina, al punto que algunos llamaron a la intentona el "Tejerazo". Tejero ya había lanzado un complot golpista en 1978, por el que había recibido una pena leve de prisión. Pero la principal figura militar del 23-F fue el capitán general Jaime Milans del Bosch, quien como jefe militar de la región de Valencia sacó los tanques a las calles y copó esa ciudad. Era uno de los candidatos de los golpistas a jefe de un "gobierno de salvación nacional". En 1982 Milans fue condenado a 30 años de cárcel, aunque salió libre en 1990. Murió en 1997. En cuanto a Tejero, también recibió una condena a 30 años. Salió de prisión en diciembre de 1996 y aún vive. Jamás ha hecho declaraciones públicas sobre los hechos de 1981.

El embajador Lahn, autor del despacho, quien falleció en 1994, era considerado entre sus pares como un diplomático fiable y profesional. El despacho se encuentra en el archivo del Ministerio de Exteriores alemán. Quedó olvidado en los cajones de la burocracia gubernamental alemana y al parecer no llegó a ojos del entonces canciller Helmut Schmidt. Cuando Lahn se reunió con en el monarca, tenía 59 años y venía de una prolongada experiencia con golpistas: había representado a su país en Chile en 1973, cuando Augusto Pinochet dio el golpe de Estado que lo llevó al poder.

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