El Mundo

El rápido regreso del temido populismo en las elecciones presidenciales de Brasil

El gigante sudamericano se dirime entre dos opciones extremas, el ultraderechista Jair Bolsonaro y el izquierdista Fernando Haddad.

Domingo 23 de Septiembre de 2018

Hay un país del mundo donde se realizarán elecciones presidenciales el próximo 7 de octubre. El líder más popular de ese país no puede presentarse porque está detenido por corrupción, acusado de recibir como sobornos un departamento. El segundo líder más popular no puede hacer campaña porque fue acuchillado en el abdomen y aún permanece hospitalizado tras varias intervenciones. Este último además es lo más parecido a un fascista que alguna vez tuvo posibilidades de ser presidente electo en todo el continente americano. En los últimos tres años, el PBI de ese país cayó un 10 por ciento. La anterior presidenta fue derrocada por una conspiración en la que participó activamente su vicepresidente. Los principales empresarios están presos por hechos de corrupción. La tasa de asesinatos por habitante es de las más altas del mundo. Amplias áreas del territorio están controladas por narcos o por milicias parapoliciales. Estos datos —según el diario El País— sugieren que se trata de una nación con serios riesgos de desintegrarse. Sin embargo, hace muy poco tiempo, la imagen de ese país era exactamente la contraria. Tanto fue así que la influyente revista inglesa The Economist publicó en su tapa una imagen de uno de los símbolos de ese país —el Cristo Redentor— transformado en un cohete a punto de despegar. La nación se llama Brasil. Es el gigante de latinoamérica y una de las 10 economías más grandes del mundo. En el momento de aquella portada, Brasil formaba parte de un grupo de países llamados BRICS, que empezaban a desafiar la hegemonía de las potencias tradicionales. BRIC, justamente, es la unión, en ese orden, de las iniciales de Brasil, Rusia, India y China. Otros tiempos.

La parábola que une a aquellos momentos de euforia con esta tragedia social quizá sirva para entender lo que ocurrió en América latina en los últimos 20 años. Los principales países del continente sufrieron una traumática crisis sobre el final del milenio pasado. Renacieron de sus cenizas en la década siguiente gracias a un boom en los precios de las materias primas que le vendían al mundo. Y se hundieron nuevamente en el desconcierto cuando estos últimos valores cayeron. El proceso fue tan dramático como una montaña rusa. Cada período tuvo una expresión política muy identificable. En los años noventa, gobernaban la mayoría de los países presidentes de centroderecha que gozaban del aplauso de los mercados, se alineaban con los Estados Unidos y propiciaban política de apertura comercial. En los 2000, paulatinamente, fueron asumiendo en cada país líderes con retórica de izquierda y latinoamericanista: el sindicalista Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil, el militar antiestadounidense Hugo Chávez en Venezuela, el peronista de izquierda Néstor Kirchner en Argentina, el líder indigenista Evo Morales en Bolivia, fueron algunos de estos fenómenos.

Tiempos de bonanza

Durante los años de vacas gordas, esos líderes gozaron de altísimo consenso popular porque el nivel de vida de sus sociedades mejoró mucho. Cuando el milagro se agotó, comenzaron las crisis: el régimen venezolano se transformó en una dictadura militar tradicional que llevó al país a una crisis social, el Partido de los Trabajadores brasileño implosionó por la recesión económica y los escándalos de corrupción, el kirchnerismo argentino fue reemplazado por el derechista Mauricio Macri, quizá el líder que mejor expresó que los tiempos cambiaban de nuevo. Por unos años, pareció que América latina volvía a aplicar políticas parecidas a las de los noventa. La culpa de todo, decía el sentido común, la tuvo el "populismo". Las cosas no eran tan sencillas. Las políticas implementadas en los países más poderosos de la región —Argentina, Brasil, Venezuela— han vuelto a fracasar, cada una por sus razones. Así las cosas, en la Argentina, Cristina Kirchner es una opción competitiva para las presidenciales del año próximo. En Venezuela, la dictadura sobrevive. Y Brasil, el país guía en el continente, se dirime entre dos opciones dramáticas, que podrían ser calificadas como populistas de izquierda o de ultraderecha. Una es Jair Bolsonaro, un ex militar misógino, racista y homofóbico. La otra es Fernando Haddad, el intelectual que fue designado candidato desde prisión por Lula da Silva, el verdadero líder del país. De acuerdo con la más reciente encuesta sobre las elecciones presidenciales brasileñas difundida por el Instituto Ibope, Jair Bolsonaro mantiene su liderazgo con un 28 por ciento según la intención de voto. El candidato de la ultraderecha se recupera tras ser apuñalado el 6 de septiembre cuando era llevado en hombros durante un acto de campaña en el municipio de Juiz de Fora, en el Estado sureño de Minas Gerais.

Fernando Haddad, sucesor en el PT del encarcelado ex presidente Lula da Silva, gana apoyos y se posiciona como el segundo favorito, según el mismo sondeo de Ibope. El ex ministro y ex alcalde de San Pablo obtendría un 19 por ciento de las simpatías con un expresivo crecimiento experimentando desde que el 11 de septiembre fuera oficializado como candidato presidencial del partido de Lula, que desistió de concurrir en los comicios tras ser inhabilitado por la Justicia por una condena en segunda instancia. Gane quien gane, los desafíos de Latinoamérica serán muy complejos en los años que vienen. Es lo que ocurre cuando las vacas se vuelven flacas. En los tiempos de bonanza, nadie imaginó que la caída sería tan rápida y dolorosa.

Primero. El ex militar Jair Bolsonaro, actualmente hospitalizado, lidera los sondeos con 28 por ciento de apoyo popular.

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