El Mundo

El Parlamento griego enfrenta dividido la votación del ajuste propuesto por Bruselas

El primer ministro Alexis Tsipras describe la propuesta de los acreedores como dura, pero admite que el ajuste es la única manera de permanecer en el eurozona. 

Miércoles 15 de Julio de 2015

En medio de un clima de tensión política que hace tambalear la coalición de gobierno del primer ministro Alexis Tsipras, el Parlamento griego votará hoy el masivo ajuste exigido por los socios y acreedores de la eurozona a cambio de un tercer programa de ayuda financiera de 82.000 millones de euros hasta 2018. Luego de que Tsipras llegara al poder en enero con la promesa de poner fin a cinco años de ajuste en Grecia, el acuerdo preliminar que selló en Bruselas no cayó nada bien entre sus compañeros de la coalición de izquierda Syriza, algunos de los cuales ya adelantaron que no votarán a favor de las medidas de “austeridad”.

   Como se espera que toda la oposición de centroderecha y derecha respaldará el acuerdo con la eurozona, Tsipras apenas necesitará 45 de los 149 de los diputados de Syriza para convertir en ley el nuevo ajuste. Sin embargo, si una eventual oposición masiva en la votación de hoy se convierte en un quiebre definitivo dentro de su bancada, esto significará que el premier perdió su mayoría parlamentaria y, en consecuencia, su capacidad de seguir al frente del gobierno de Grecia. Por eso, Tsipras utilizó la víspera de la votación en el Parlamento para convencer a su socios en Syriza y a la sociedad griega en general de que, pese a que se trata de “un mal acuerdo”, permitirá recibir dinero para “superar la crisis en 2020” y “volver a crecer” en 2022, una visión demasiado optimista según el último análisis publicado ayer por el FMI. “Asumo la responsabilidad de firmar un acuerdo en el que no creo (...) Hicimos lo que pudimos, examinamos las alternativas”, explicó, casi excusándose, en una entrevista con la televisión pública ERT, en la que sostuvo que “era aceptar el acuerdo o salir del euro según un plan preconcebido” por Alemania. “Cualquiera habría tomado las decisiones que tomé yo, pensando en los más pobres. Adoptar el dracma no era opción. No tenemos fondos para volver a la moneda nacional. La devaluación que sufriríamos sería fatal (...) Si Grecia saliera del euro, sería un desastre para las clases media y baja. No sería un ideal de izquierda”, sentenció el premier.

      El gobierno alemán de Angela Merkel endureció su posición como nunca antes y el fin de semana pasado forzó a Tsipras a aceptar un programa de ayuda europeo aún más neoliberal que el rechazado por el 61% de sus compatriotas en un referéndum hace sólo una semana. A cambio de una nueva inyección de miles de millones de euros que permita recapitalizar los bancos griegos, poner fin al corralito y pagar los cercanos vencimientos de deuda con los acreedores europeos y cumplir con la cuota atrasada del FMI, Tsipras aceptó un fuerte aumento del IVA, un recorte de las jubilaciones, una reforma del mercado laboral y del Código Civil y un descarnado e inédito proceso de privatizaciones.

    Este acuerdo preliminar es el que debe ser aprobado hoy a más tardar por los diputados griegos para que los ministros de Finanzas de la unión monetaria, o Eurogrupo, empiecen a negociar los detalles del texto final del tercer programa de ayuda financiera de la Unión Europea (UE) a Grecia en cinco años.

   El viernes, cuando el Parlamento griego tuvo que aprobar la última propuesta del gobierno de Tsipras a los acreedores, el premier perdió el apoyo de 17 diputados de la bancada de Syriza que rechazaron el texto por considerar que era muy similar al ajuste rechazado en el referéndum.

   Versiones periodísticas indicaban ayer que Tsipras podría perder el voto de hasta 30 de sus diputados, los mismos que el viernes votaron con el premier pero firmaron una carta solidarizándose con sus 17 compañeros que se negaron a seguir el liderazgo del primer ministro. De confirmarse hoy esta hemorragia, el premier perdería su mayoría parlamentaria propia, por fuera del apoyo coyuntural de la oposición centrista y conservadora. El ministro de Energía y líder de la denominada Plataforma de Izquierda de Syriza, Panagiotis Lafazanis, adelantó el lunes que no votará a favor del acuerdo y ayer emplazó a Tsipras a retractarse y retirar su apoyo al acuerdo. Además, el vicecanciller, Nikos Juntis, fue el primer miembro de Syriza que cumplió con su amenaza y renunció a su escaño para evitar tener que votar hoy el tercer programa de ayuda europea. Otro voto amigo con el que Tsipras probablemente no contará hoy es el de su ex ministro de Finanzas, Yanis Varufakis, quien, en un nuevo artículo publicado en su blog, calificó al acuerdo como un “tratado de capitulación” que busca convertir a Grecia en un “vasallo” de un Eurogrupo dominado por Berlín. “Voy a intentar que el partido de Syriza siga unido. Pero cada cual debe asumir su responsabilidad y saber a quién sirve (...) No existe la seguridad de la pureza ideológica en tiempos de crisis”, advirtió Tsipras, aunque prometió “respetar la postura de cada diputado”.

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