El Mundo

El Mundial de fútbol tapó las protestas en Brasil

Una semana antes del inicio de Brasil 2014, el presidente de la Fifa se mostró convencido de que las protestas populares contra el certamen cesarían cuando empezara a rodar el balón.

Domingo 29 de Junio de 2014

Una semana antes del inicio de Brasil 2014, el presidente de la Fifa se mostró convencido de que las protestas populares contra el certamen cesarían cuando empezara a rodar el balón. “Tengo la certeza de que cuando sea dado el puntapié inicial, todo el país estará apoyando al fútbol”, dijo Joseph Blatter.

   El tiempo dio la razón al suizo. Según un balance basado en datos policiales y de los propios movimientos sociales, en los 12 primeros días del Mundial de Brasil hubo una reducción del 39 por ciento en el número de manifestaciones respecto a los 12 días anteriores a la apertura. Tanto es así, que el “tema protestas” pasó a ser una suerte de atracción turística, en la cual extranjeros, policías y activistas comparten espacios emblemáticos de San Pablo e intercambian informaciones, de la misma manera que un guía relata la historia de un lugar. Eso fue lo que ocurrió, precisamente, en el Museo de Arte de Sao Paulo (MASP), donde una guía tuvo que cambiar por un rato su habitual explicación sobre la arquitectura y el acervo del centro cultural para “tranquilizar” a un grupo de extranjeros preocupados por el fuerte cerco policial que acompañaba una protesta realizada allí por unas pocas decenas de personas.

   Los expertos barajan un gran abanico de hipótesis para explicar el retroceso en la efervescencia social que sacudió Brasil durante la Copa Confederaciones del año pasado y generó temores a un caos durante el Mundial. Para evitarlo, el gobierno de Dilma Rousseff invirtió 870 millones de dólares para armar el mayor esquema de seguridad de la historia de los mundiales de fútbol. El operativo moviliza a unos 170.000 agentes policiales, militares y privados, apoyados por equipos de tecnología de punta. Ante la realidad de las primeras dos semanas de partidos, la preocupación parecería haber sido excesiva, para decepción de los líderes de los grupos anti-Mundial. “El año pasado, teníamos una demanda muy objetiva, la de rechazar un aumento en las tarifas de los autobuses. Este año no había una demanda específica”, afirmó Lucas Oliveira, del Movimiento Pase Libre (MPL) de San Pablo que inició la ola de protestas en la Copa Confederaciones 2013.

Una tregua. El respetado analista político Clóvis Rossi opinó que la principal causa de la tregua en las protestas es “la inutilidad, ahora, de cualquier protesta contra la Copa: el lema «No va a haber Copa»’ quedó desactualizado, ahora que sí hay Copa, para bien o para mal”. Además, destacó que las fuerzas de seguridad ocuparon un perímetro de 3,5 kilómetros alrededor de los estadios, lo que quitó visibilidad a los actos anti-Mundial: “Eso impide que las protestas sean escuchadas y, si no son escuchadas, no tienen la más mínima importancia”, dijo el columnista del diario Folha de Sao Paulo. Pero Rossi admite que “la pasión por el fútbol” también tuvo su peso, algo que pudo confirmar DPA en el complejo de favelas de Maré, en Río de Janeiro, donde toda la comunidad sigue con entusiasmo los partidos de Brasil en “su” Copa del Mundo. “Nosotros estamos de acuerdo con las protestas, con todo lo que ellos cuestionan, los gastos excesivos, la corrupción. Lo que pasa es que amamos el fútbol, estamos locos por el fútbol”, explicó Rodolfo, habitante de la favela de 28 años. La frase deja en claro que para los brasileños el fútbol no es un deporte, sino una religión.

   Pero Sandra Quintela, de Articulación Nacional de Comités Populares de la Copa, la represión policial frenó la ola de manifestaciones: “Este es el gran legado de la Copa: la militarización”. Para el politólogo Leonardo Barreto la violencia, y no sólo de la policía sino también de los anarquistas, ahuyentó a gran parte de los que participaron en las protestas del año pasado: “La gente tiene miedo”. Pero eso no significa que la tensión social haya desaparecido. Tras ser abucheada en el partido de apertura entre Brasil y Croacia, Rousseff no volvió a aparecer en los estadios y optó por seguir los partidos por televisión y comentarlos en Twitter. Queda la incertidumbre sobre qué pasará si hay una exclusión prematura de la selección brasileña. El ex vicecanciller Marcos de Azambuja cree que el éxito o el fracaso de Brasil no afectará las elecciones de octubre, en las que Rousseff buscará la reelección. “El gobierno gastó mucha plata con la organización (del Mundial), en base a la creencia de que el fútbol era aún el centro de la vida nacional. No lo es. Es una cosa que genera un placer inmenso, pero Brasil tiene otra agenda. Hay una separación entre el estado de ánimo del país y los resultados del fútbol”.

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