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El histórico juicio a Fujimori arrancó en medio de un clima de agitación

Lima.— El histórico juicio contra el ex presidente peruano Alberto Fujimori — por 25 asesinatos y dos secuestros, entre otros cargos— empezó ayer en medio de una gran tensión, y terminó con el acusado enfermo tras declarar su inocencia en forma vehemente. Entretanto, afuera del cuartel policial donde se lo procesa...

Martes 11 de Diciembre de 2007

Lima.— El histórico juicio contra el ex presidente peruano Alberto Fujimori — por 25 asesinatos y dos secuestros, entre otros cargos— empezó ayer en medio de una gran tensión, y terminó con el acusado enfermo tras declarar su inocencia en forma vehemente. Entretanto, afuera del cuartel policial donde se lo procesa, sus simpatizantes clamaban su inocencia y sus críticos pedían una pena drástica.
  Fujimori presentó ayer un cuadro de hipertensión, que incluyó dolor en el corazón, lo que obligó a los médicos del Instituto Nacional Penitenciario a ordenarle un reposo de 24 horas. La segunda parte de la sesión, prevista para la tarde de ayer, quedó para mañana.
  El ex presidente presentó el malestar después de que tomara la palabra durante el juicio: “Rechazo los cargos totalmente. Soy inocente”, dijo a los gritos. “A raíz de mi gobierno se respetan los derechos humanos de 25 millones de peruanos, sin excepción alguna. Si se cometieron algunos hechos execrables los condeno, pero no fueron orden de quien habla”, agregó.
Nerviosismo. Fujimori, de 69 años, hizo el alegato con tal énfasis que provocó alarma. Su nerviosismo contrastaba con la frialdad que se le conoce, y por momentos parecía perder el aire. Después, en el receso del mediodía, se confirmó su malestar. Hoy será sometido a una nueva evaluación.
  Antes de Fujimori tuvo la palabra el fiscal del caso, José Peláez Bardales, quien lo acusó de ser el “jefe virtual” del grupo militar Colina, autor material de las matanzas de Barrios Altos (en 1991) y La Cantuta (en 1992), en las que 25 personas, entre ellos un niño, fueron asesinadas. Las víctimas fueron ejecutadas extrajudicialmente, bajo sospechas de pertenecer a la guerrilla Sendero Luminoso.
  Según Peláez Bardales, que pidió 30 años de cárcel y 100 millones de soles (33,3 millones de dólares) de reparación civil, las acciones del grupo Colina “no pudieron ser un hecho aislado y dirigido por un simple mayor del ejército”. Por lo tanto, acusó al ex jefe de Estado de “intervención vertical en una suerte de reparto de funciones”. La defensa, por su parte, alega que los crímenes se cometieron a espaldas del entonces mandatario.
Grupos enfrentados. El histórico proceso comenzó en medio de rígidas medidas de seguridad en el cuartel de la Dirección de Operaciones de la Policía, donde además está recluido el procesado. Unos 200 fujimoristas, que alquilaron dos casas estratégicamente ubicadas, tuvieron activo protagonismo con gritos de apoyo a su líder. Los seguidores del reo vestían prendas naranja y entonaban cánticos con megáfonos.
  Al lugar llegó también una marcha sindical en demanda de castigo para el acusado. Los dos grupos estuvieron a unos 100 metros de distancia uno del otro, pero un cordón policial les impidió chocar.
“Aquí mando yo”. El juicio, presidido por el magistrado César San Martín, comenzó con la presentación de algunos de los testigos, entre ellos el ex vicepresidente Máximo San Román y varios miembros del Colina.
  En la sala estaban —aunque separados por vidrios blindados de Fujimori y los principales protagonistas del juicio— tres de los hijos del acusado y varios de sus principales allegados políticos, familiares de los asesinados, observadores especiales y un grupo de periodistas elegidos mediante sorteo.
  La sesión transcurría normalmente y Fujimori se limitaba a tomar apuntes en un cuaderno. Sin embargo, sus nervios estallaron imprevistamente cuando se le dio el uso de la palabra.
  A pesar de que San Martín sólo le pidió al acusado declararse culpable o inocente, éste intentó hilar un discurso político en su defensa a los gritos. Entonces el juez tuvo que reconvenirlo y recordarle: “Aquí mando yo”.

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