El Mundo

El Frente Amplio se arriesga a perder ante una sociedad dividida en Uruguay

En la elección de mañana se impondrá por un margen de hasta 10 puntos, según los sondeos de opinión, pero el 42 por ciento de apoyo que le adjudican no podrá evitar una segunda vuelta.

Sábado 25 de Octubre de 2014

La coalición Frente Amplio (FA) de Uruguay, integrada por comunistas, socialistas, socialdemócratas, democristianos y ciudadanos independientes, se enfrenta al riesgo de perder el gobierno de Uruguay después de dos períodos consecutivos. En la elección de mañana se impondrá por un margen de hasta 10 puntos, según los sondeos de opinión, pero el 42 por ciento de apoyo que le adjudican no le alcanzará para evitar una segunda vuelta. Fijada para el 30 de noviembre, enfrentará entonces una dura batalla, muy probablemente con el Partido Nacional (PN), que está segundo en las encuestas con un 32 por ciento.

   Los partidos Nacional (blanco) y Colorado, ambos de tendencia conservadora, superan sumados al Frente Amplio, aunque no será automático el apoyo de un partido a otro en noviembre, ya que son adversarios históricos desde el nacimiento de la república en 1830.

   El FA es protagonista de la vida política uruguaya desde 1990, cuando accedió al gobierno de Montevideo, que mantiene aún. Es el distrito más importante del país, donde vive la mitad de la población uruguaya de 3,2 millones de personas. Desde 2005 gobierna también el país, primero con el médico Tabaré Vázquez y luego con el ex guerrillero José Mujica, el actual presidente.

Contradicciones. El ejercicio del poder hizo aflorar con fuerza todas las contradicciones dentro de la agrupación, aunque entre Tabaré Vázquez (2005-2010) y José Mujica (2010-1º de marzo de 2015), el Frente Amplio consiguió estabilizar el país, hubo un crecimiento económico sostenido y se consolidó el respeto internacional por la pequeña nación sudamericana. Uruguay se puso a la vanguardia en temas como la regulación del mercado de la marihuana, el matrimonio igualitario, la despenalización del aborto y el reconocimiento de los derechos sociales de las amas de casa, de los trabajadores rurales y de los artistas, entre otros.

Los viejos principios. Pero durante estos años, ese conglomerado de partidos y movimientos políticos se fue distanciando de sus principios “antiimperialistas y antioligárquicos”, que fueron bases programáticas desde su fundación en febrero de 1971. El FA mantuvo una política económica más bien de tono liberal o “neoliberal”, con apertura de mercados, promoción de las inversiones extranjeras, extranjerización de la tierra, habilitación de gigantescas y polémicas plantas de celulosa, y está dispuesto a autorizar la explotación minera a cielo abierto, proyecto congelado actualmente por la resistencia de “organizaciones populares”. Estas posiciones, alejadas de la izquierda tradicional uruguaya, unidas a oscilantes actitudes respecto de las violaciones a los derechos humanos durante la última dictadura (1973-1985), fallos en la educación y dificultades para enfrentar los índices de inseguridad condujeron a este presente incierto.

Nueva izquierda. En el mapa político emerge la autodenominada “nueva izquierda” con grupos y movimientos escindidos del FA, como la Unidad Popular (IP) y el Partido Ecológico, Radical e Intransigente (PERI), que crecen y podrían conquistar mañana al menos una banca en la Cámara de Diputados. Otros votos perdidos por el FA irán a la cuenta de los anulados o en blanco. Corresponden a militantes y simpatizantes que se sienten defraudados y ponen un signo de interrogación al resultado de la segunda vuelta, el 30 de noviembre.
 

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