El Mundo

El fantasma del fraude electoral está siempre presente en México

En el imaginario de la gente y entre los políticos reina la sospecha y la desconfianza. Para el órgano de control hacer "trampa" es imposible

Sábado 30 de Junio de 2018

Andrea Rodríguez / AP- Cada campaña electoral el fantasma del fraude regresa a México tanto en el imaginario popular como entre las élites partidarias. Y esta no fue la excepción. "Que no se atrevan a querer hacer un fraude, porque sí se van a encontrar con el diablo", dijo esta semana Yeidckol Polevnsky, presidenta de Morena, una de las organizaciones que componen la alianza de izquierda "Juntos Haremos Historia" del candidato Andrés Manuel López Obrador y quien encabeza las preferencias rumbo a los comicios de mañana. "No lo vamos a aceptar". El propio López Obrador se presenta por tercera vez como candidato presidencial luego de haber alegado en dos ocasiones (2006 y 2012) que hubo fraude.

La campaña electoral estuvo marcada por temas de debate nacional como la corrupción y la violencia, aunque las sospechas sobre posibles irregularidades se mantienen en la mente de la gente. En las calles, hay incluso personas que afirman con pavorosa certeza que habrá fraude, casi sin atender razones técnicas de autoridades y expertos que aseguran que las posibilidades de que ocurra ahora son remotas, si no imposibles. "Las posibilidades de no ganar existen por el sistema que se ha manejado desde hace años", dijo Antonio López, un comerciante de la Ciudad de México que dice que siempre votó por López Obrador. El hombre está convencido de que en 2006, cuando Felipe Calderón ganó por 0,56 por ciento de los votos, sí hubo fraude.

Tradición

El fantasma se basa en una larga tradición de décadas de manipulación de las elecciones que incluye muertos que votan, compra de sufragios, robo o quema de boletas, amenazas con armas en comunidades enteras y recuentos amañados sobre todo en las zonas más alejadas. Fue una época en la que prácticamente cualquier rincón del país era dominado por el Partido Revolucionario Institucional (PRI), que mantuvo la presidencia de manera ininterrumpida por siete décadas hasta el 2000 y luego la recuperó en 2012.

Uno de los momentos cumbres en torno a los fraudes electorales ocurrió en 1988, cuando el sistema de conteo se "cayó" justo en el momento que el candidato opositor Cuauhtémoc Cárdenas llevaba una pequeña ventaja. Las autoridades del partido de gobierno alegaron una saturación de las líneas telefónicas —la forma en que se enviaban los cómputos preliminares entonces— y al final el aspirante del PRI Carlos Salinas de Gortari se proclamó ganador. Para mucha gente, sin embargo, es el ejemplo perfecto de cómo el entonces partido en el gobierno podía alterar los resultados a su favor. Desde entonces, la tecnología avanzó, se creó un organismo electoral autónomo del Ejecutivo y ya no se dictan resultados por teléfono. En las últimas semanas, sin embargo, funcionarios comiciales confirmaron asaltos de grupos armados que secuestraron papeletas en los Estados de Tabasco, Oaxaca y Veracruz al tiempo que consultoras estimaron que hubo intentos masivos de compra de votos desde varios de los espectros políticos. "En la historia política de México el fraude fue siempre una constante", explicó Eduardo Bueno, un politólogo e investigador de la Universidad Iberoamericana. El experto consideró que era un mecanismo para evitar que ganara alguien que no fuera parte del grupo político en el poder. "El fraude moderno en el país es una creación del PRI", dijo.

Entre la gente se generó la idea por años de que de una u otra manera, en las elecciones alguien hacía o al menos intentaría hacer trampa. Los expertos conocen el fenómeno. "En psicología se llama desesperanza aprendida, es un poco decir «haga lo que haga no van a cambiar las cosas» y eso es terrible", señaló German Alvarez, director de Atención Educativa de la Universidad Nacional Autónoma de México. "El país avanzó, pero somos una democracia muy incipiente y tenemos muchas desconfianzas. Hay demasiadas historias de manipulación", señaló Alvarez, para quien la idea de un fraude atraviesa "todos los sectores sociales". Un dato mencionado por varios expertos es que un porcentaje de casillas electorales, sobre todo en las zonas alejadas, no cuenta con representantes de todos los partidos que supervisen la operación de votación y los recuentos, abriendo una brecha de vulnerabilidad. A diferencia de años anteriores, ahora hay sofisticados métodos de conteo y las autoridades electorales son independientes del Poder Ejecutivo, pero expertos admiten que los sistemas informáticos podrían fallar y el fantasma vestirse con sábanas de alta tecnología. "Todo se puede hackear", dijo Brian Weihs, director de Kroll, una empresa multinacional especializada en seguridad informática.

Pero para el Instituto Nacional Electoral (INE) la posibilidad de que se vicien las elecciones es imposible, incluso si se produce un ataque. "El fraude electoral es imposible. No solo porque no queramos hacer fraude, sino porque todas las etapas, actividades y operaciones están sujetas a la ley y a la vigilancia de los partidos y los ciudadanos", aseguró el consejero del INE, Jaime Rivera. Explicó que incluso ante el escenario de un hackeo al Programa de Resultados Electorales Preliminares, éste no afectaría la transparencia de los resultados pues se trata de un instrumento meramente informativo.

Sospecha. "Muertos" que votan, compra o quema de sufragios, amenazas, asesinatos y recuentos amañados han sido una constante en México.

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