El Mundo

El dilema de siempre: democracias de mercado o populismos

El mal arranque del derechista Bolsonaro en Brasil causó preocupación en los mercados y entusiasmo entre las izquierdas de América latina.

Lunes 20 de Mayo de 2019

En Brasil, el mal arranque del derechista Bolsonaro ha causado inquietud en los agentes económicos y entusiasmado a las izquierdas regionales. En Argentina, el mal desempeño económico de Macri ha resucitado a Cristina. Aunque en versión pasteurizada, con Alberto Fernández como garante de moderación. Mientras, la debacle del chavismo venezolano, en una orgía de represión y falta de alimentos, actúa de eficaz contrapreso a los que profesan el "antiimperialismo".

La cuestión de fondo que se plantea, como siempre pero más marcadamente que nunca, es la pugna entre dos modelos. El de las democracias de mercado (esta es la expresión correcta, en lugar de "capitalismo liberal" o similares) vs. los autoritarismos plebiscitarios o populismos. No hay, como dicen no pocos académicos, tal cosa como una democracia populista. Este segundo rasgo implica siempre la distorsión y anulación de la democracia. No importa si el líder populista "tiene votos" o los ha perdido, la competencia electoral es inválida por las condiciones inequitativas, distorsionadas y eventualmente fraudulentas que impone siempre el régimen populista. Chávez, Maduro y Evo Morales son la prueba más clara en la región. Erdogan, Putin y los ayatolás iraníes, fuera de ella. En estos regímenes, las figuras que destacan en la oposición y son potencialmente competitivas en las urnas resultan perseguidas y ven anulados sus derechos políticos, y si esto no alcanza son encarceladas, forzadas al exilio o simplemente asesinadas (este procedimiento es común en la Rusia de Putin, aliado y tutor de los populismos sudamericanos junto a China).

Ahora bien, la inferioridad del populismo respecto de las democracias de mercado no "sólo" se refiere al régimen de libertades y derechos que provee, también se da en la economía. Turquía, Irán y Rusia son buenos ejemplos. Con Putin Rusia optó por el capitalismo de amigos, la carrera armamentista contra Occidente en lugar de incorporarse a Europa. Los resultados contrastan con los países ex satélites soviéticos que se integraron a la UE (naciones bálticas, Hungría, Polonia, R.Checa, Eslovaquia, etc). Rusia es mucho más pobre que ellas, pero mucho más armada. Y las libertades faltan.

En la región, ante el fracaso extremo de Venezuela suele retrucarse con Bolivia y Ecuador. Dos economías chicas y simples, que pueden ofrecer buenos resultados sólo en base a commodities y una administración prolija. En economías más complejas y con poblaciones más exigentes, se requiere de mucho más.

En suma: el modelo de democracia de mercado ofrece más libertades y bienestar que el populista. El fracaso económico de Macri no anula este fuerte argumento. Porque su fracaso surge de no atacar los males macroeconómicos heredados de la era K, reflejados en dos números: 2015 terminó con 47 por ciento del PBI de gasto público, con 7-8 por ciento de déficit fiscal. Los países emergentes exitosos gastan la mitad y cuidan que el déficit sea excepcional y nunca pase del 2 por ciento.

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