El Mundo

El día que Chile dijo "basta"

Domingo 10 de Noviembre de 2019

Y un día, Chile despertó. Y rompió en grito por 30 años de ser ignorados. “No son 30 pesos -dicen los carteles- son 30 años”. Caminar por las calles de Santiago es caminar por una zona de guerra. Arden los ojos, se cierra la garganta, pica la piel. Zumban las bombas lacrimógenas, se enciende el cuerpo con luces verdes de las miras de las armas de los carabineros. No me lo contaron, lo viví. No me tienen que decir cómo huele, como se estruja el cuerpo de miedo. Lo viví, lo viví caminando las calles días atrás de la mano de Rigoberta Menchú, premio Nobel de la Paz 1992, con quien encabezamos una misión de solidaridad y denuncia que arribó a Santiago el 2 de noviembre.

   El equipo de Fundación para la Democracia ya venía trabajando desde el inicio de las protestas con más de 20 organizaciones sociales de Chile, recabando testimonios, datos, historias. Historias que dan cuenta de que esto no es de ahora. No estamos hablando de brutalidad policíaca en la contención de una protesta. Estamos hablando de violaciones sistemáticas a los Derechos Humanos en los últimos 30 años, mientras en el mundo se hablaba del “milagro chileno”. Mientras esta mentira tomaba cuerpo y nos la creíamos todos, el pueblo chileno seguía sufriendo torturas, secuestros, vejaciones, violaciones sexuales, tocamientos, desnudamientos, a manos de las mal llamadas fuerzas del orden. Quienes deberían velar por la seguridad y los derechos de las personas han tomado el horror y lo han hecho herramienta. Y lo despliegan contra la gente, esa gente que ahora dijo “basta”.

   Fundación para la Democracia armó una comisión de relevamiento de represión para trabajar junto a las organizaciones sociales chilenas, pero al llegar a Chile, lo que encontramos fue un panorama en extremo peor del que esperábamos. El sistema represivo se ha mantenido vigente y fuerte durante todos los gobiernos post dictatoriales en Chile. Y yo lo vi. Lo vi en la represión desmedida de manifestantes que, empuñando una banderita, fueron atacados con balines y lacrimógenas. Lo viví cuando me apuntaron a mi con sus lucecitas, tenía las manos en los bolsillos y caminaba por la calle. Me dispararon lacrimógenas a los pies. Chile despertó. Y nosotros debemos despertar también. El Chile que nos vendieron no existe.

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